El cambio educativo no existe

Ya hace tiempo que algunos tenemos bastante claro que, por suerte o desgracia, es imposible cambiar las ideas de la gente. Ya no es sólo a nivel de percepción educativa. Es a todos los niveles. Uno no va a cambiar ni tan sólo cuando le demuestren sin lugar a dudas que algo no funciona. Quizás, ni tan sólo sea capaz de ver que eso no funciona porque atenta contra sus principios básicos que se han convertido en una tabla de la verdad inmutable. No, las personas -y los docentes- no cambian/cambiamos en lo básico. Bueno, quizás algunos vean o veamos la luz pero, como he dicho antes, esta luz seguirá siendo la que nos interesa ver.

Fuente: Fotolia CC
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Si uno cree en las bondades del libro de texto va a ser imposible hacer que piense otra cosa. Si uno cree en que el método o modelo X va a solucionar todos los problemas educativos, tampoco se puede hacer nada para obligarle a que abra las miras. No, al final, como se ha dicho desde siempre, cada maestrillo tiene su librillo. Algunos más modernos o tecnológicos pero, al igual que antaño, percibidos como realidades absolutas por mucho que alguien se le ocurra cuestionarlo.

Llega un momento en que, quizás, uno se plantea dejar de evangelizar (sí, hablar de modelos educativos, cuestionarlos o, incluso, hablar de cuestiones políticas con mucha afección en nuestras aulas) porque es mucho más sano. Quizás, en el fondo, todos los docentes, por el hecho de ser personas, seamos tan tóxicos como cualquiera al intentar defender nuestros puntos de vista. Que la mayoría van a seguir votando a un determinado partido con independencia de lo que hayan chorizado o, van a seguir viendo un partido de fútbol desde la óptica de su equipo por mucho que las imágenes le digan otra cosa. Eso no va a cambiar. No, no se cambia por mucho que la realidad se empecine en demostrarte que todo no es tal y como lo percibes.

Afirmo que el cambio educativo no existe porque las personas, al llegar a una cierta edad, no cambian en lo básico. Sí, uno puede usar unas gafas de realidad aumentada o trabajar por proyectos en su aula pero lo hace porque está programado para hacerlo. Porque su manera de entender la Educación se lo pide. Porque, más allá de las bondades de lo anterior, tiene claro que su visión -que no siempre realidad- es la que hará que las cosas mejores. Y no, no es malo tener una visión educativa propia pero, por favor, no lo llamemos cambio educativo. Llamémoslo por su nombre… decisión personal, muy marcada por una concepción educativa determinada.

No creo que a estas alturas de la película las cosas cambien de un día para otro. Los que ya estamos en el aula podemos pensar de formas muy heterogéneas; los que están fuera, seguro que también tienen su propia opinión y, cómo no, los alumnos la suya. En caso de los dos primeros poco podemos hacer para reconducir la manera de entender la vida. Nos hemos convertido en los más puristas dentro de nuestra impureza profesional. Y sí, si los que estamos en el aula tenemos marcado a fuego una manera de hacer las cosas, ya poco puede hacerse para cambiarla. Y cuando hablo de cambio no hablo nunca de herramientas ni de modelos educativos. El cambio es algo mucho más parecido a un tsunami global que a las ideas preconcebidas de personas o grupúsculos. El cambio educativo, en definitiva, no existe. Eso sí, lo anterior no excluye buscar lo que algunos tanto deseamos.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

6 Comments
  1. Mi querido Jordi:
    Hace un tiempo que te noto agobiado con esto de debatir el cambio y lo entiendo. Sobre todo cuando se está al cierre de un año y con agotamiento pleno, la donde as cosas se ven sin dudas un poco amplificadas.
    Me quedo pensando en tus palabras y en que más allá de que no acordemos sobre qué es el cambio o cómo se hace con muchas personas con las cuales debatimos, me parece que el sólo hecho de generar estos espacios de reflexión sobre lo que hacemos como prácticas ya es un cambio. Tal vez nos quede un «sabor a poco», pero no es menor.
    Es una utopía creer que estaremos todos de acuerdo en el sentido y forma del cambio, pero no lo es en los hechos el encontrarnos pensándolo. Claro que para esto al menos debemos tener un consenso sobre el valor que tiene debatir y respetar diferencias, cosa que a veces cuesta bastante.
    Siempre les digo a mis estudiantes del profesorado, futuros maestros, que a mí no me importa ver un maestro/a tradicional si tiene fundamentos de lo que hace y se anima a discutirlos. Pero aquí en esta entrada has señalado algo clave: aquellos que no son capaces de cuestionarse nada, los que repiten mecánicamente sus prácticas. Esos son los que me preocupan. Y no lo veo focalizado en los docentes con más años, allí sí que es una cuestión de actitud o decisión personal independientemente de la edad. Contra todos los prejuicios, llevo en mis casi 30 años de docente viendo más innovaciones de la mano de aquellos que suman años y experiencia de trabajo que de los más jóvenes. Tengo algunas hipótesis al respecto, pero sería objeto de otra entrada.
    Así que amigo, pues… aunque parezca que no, el cambio está de algún modo presente. Tal vez no con la intensidad o rapidez que quisiéramos, pero «mover el avispero» como decimos por aquí ya estamos dando algún paso. Y en eso aunque no lo parezca, tu blog hace una gran tarea.
    Un abrazo!
    Débora

    1. No Débora, no estoy agobiado con el cambio. Bueno, a estas alturas estoy agobiado y necesitado de poder poner mis posaderas en una silla de playa mientras dejo que las olas me acaricien suavemente los pies 🙂 El tema de los espacios de reflexión son importantes pero, conviene tener muy claro qué intereses subyacen tras la mayoría de esos espacios. No es oro todo lo que reluce y, por desgracia, al final te quedas con un chapado de muy mala calidad.

      El cambio está presente cada día pero se da en las aulas y no en la mediatización de las mismas. Como bien he dicho en alguna ocasión, a pesar de tener claro que el cambio es muy lento… eppur si muove.

      Uno muy fuerte de vuelta.

  2. Una acepción conceptual que se enfrenta a los nuevos retos paradigmáticos en educación, que está orientando en no pocos casos sentar las bases de una permanente innovación y sostenible además. Una ruptura paradigmática no es posible en educación pues esta responde a una cadena procesual volitiva de compromiso colectivo. Nadie cambia de un día para otro y en educación cualquiera sea su nivel, ahonda más su argumento, pero sí se puede mantener un ritmo paralelo, posición optimista; al desarrollo de la tecnología. No hacerlo así es aceptar tristemente el handycap que lamentablemente tiene y todavía la educación. Cómo superar esto es la cuestión actual y en eso estamos los comprometidos con esta bonita ocupación profesional.

  3. Hola Jordi, hace tiempo que no te comento ni interactuo en Twitter… algunas reflexiones sobre lo que comentas. El mal llamado «cambio educativo» es análogo a los mal llamados «nativos digitales». El cambio siempre implica riesgos. Pensemos en los cambios históricos de la humanidad: la imprenta, la escritura, el fuego, la luz eléctrica, la bomba atómica, los coches, el avión… hoy en día, y quizá basándonos en el optimismo que el avance y el progreso nos augura hemos creído que todo se puede cambiar y todo se puede mejorar. En último, término es el mismo debate entre progreso y conservación, en cualquier ámbito que se te pueda ocurrir. No voy, ni mucho menos, a solucionar el debate, pero haríamos muy bien en volver al origen. El ser humano es y ha sido siempre el ser más abierto y flexible. Sin embargo, ya Aristóteles se planteó este mismo dilema: el asunto del cambio. En educación corremos el riesgo, simple, de perpetuar los errores de nuestros padres y así en adelante. Lo que impide que así sea es la razón y la voluntad. Al final, es un poco lo que añadí en uno de mis tumblr…
    http://pensandoenaltavoz.tumblr.com/post/142562204422/los-tres-anhelos-de-la-humanidad

    1. En primer lugar muchas gracias por volverte a pasar por aquí (espero la interacción en Twitter). No todo se puede cambiar, ni el cambio va a ser tan rápido como queremos que sea. Lo que sucede es que hablamos mucho de cambio educativo visualizado y viralizado desde determinados púlpitos y nos olvidamos que, donde deben cambiar las cosas es en el aula. Persistir es importante pero sabiendo muy claro qué es lo que queremos conseguir y para qué.

      Un saludo.

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