El club de los perdonavidas en el país de la piruleta

Algunos estamos un poco hartos de seguir pagando con dinero público a personajes que, dedicados a la política desde su tierna infancia, tienen ese deje de perdonavidas chulesco ante todos sus «enemigos». Enemigos que, incluyen siempre a aquellos que cuestionan su habilidad profesional o, simplemente, su no manera de hacer las cosas. Eso de predicar usando la prepotencia en cada tuit (léase Rufián), cada discurso incendiario digno del matón de la clase (léase Albiol) o, el deje de niña buena que sólo busca la mejor manera de salir en la foto (léase Colau) son modelos que se trasladan, si uno tiene un poco de capacidad de extrapolación, al mundillo educativo. Un mundillo en el que últimamente la cantidad de jetas por metro cuadrado -al menos en las redes sociales y el resto de medios- no deja de crecer. Jetas que, tal y como hizo ayer M.R. afirman abiertamente que la mayoría de docentes de aula son unos inútiles. Curiosamente estos jetas tienen problemas a diario con sus alumnos porque no les entienden o, simplemente, les da asco volver al aula después de alejarse de ella para labores de asesoramiento de pingüinos. Qué jodido está lo de tener que volver a trabajar ante chavales a los que les importa una mierda la cantidad de seguidores que tienes en Twitter, el número de charlas que das o, simplemente, pasan de tus maravillosos medios tecnológicos y de tu necesidad de autopromoción. Eso sólo funciona en el país de la piruleta. Un país que, por lo visto, algunos se piensan que es en el que viven. Bueno, o quizás, simplemente, pretenden que sea así para poder actuar de simples chupópteros.

Fuente: ShutterStock

Resulta además paradigmático que sean tipos como C.B. o tipas como M.A. quienes pretendan, desde su maravillosa tarima labrada a fuego, religión creada a su imagen y semejanza y, por qué no decirlo, libros escritos por el negro que pasaba por ahí (bueno, no pasaba por ahí porque estaba contratado directamente por una de esas organizaciones que, en la sombra, intentan hacerse con el control de la educación a nivel global), dar consejos a los que seguimos en el aula. Ya, sus ponencias de rotura de sandías, afectaciones exaltadas de la vocación y, el simple hecho de contar la misma historia edulcorada gusta. Y si no gusta se adapta al consumidor acrítico. Que aún hay quién se piensa en este país que los tertulianos de Telecinco son ingenieros astrofísicos con tres másters en derecho constitucional. Bueno, también hay quien cree que las televisiones públicas son objetivas e independientes del poder político. Así que, todo muy normal.

No me molesta que haya salvapatrias educativos ni personajes que, dentro de sus habilidades dialécticas o apoyos, puedan decir chuminadas campestres en los medios. Me preocupa su actitud beligerante cuando alguien osa cuestionarles algo y siempre sacan el típico toniquete demagógico de perdonavidas diciendo que lo que sientes es una soberana envidia. Hay qué joderse. No, no tengo envidia de la vida que tienen. De la pasta que se sacan vendiendo humo, quizás. Supongo que también se debe a llevar algunos meses sin cobrar porque, a diferencia de ellos, algunos sí que tenemos la necesidad de defender nuestras causas. Causas que van mucho más allá de lo mediático que, quizás no salen en los medios pero que, por suerte, son las que diferencian la mejora educativa cocinada a fuego lento.

Estoy, tal y como dije ayer, en un Departamento con seis profesionales magníficos. No hay día en el que no aprenda algo. No hay día en el que no nos enviemos whatsapps acerca de cuestiones que pueden mejorar nuestra praxis docente. Los talleres abiertos. Los proyectos trabajados colaborativamente. No hay idea loca pero sí ganas de hacer cosas. Quizás sea suerte pero, resulta curioso que esa suerte, se repita en los últimos centros en los que he estado. Claro que hay vividores, al igual que en todas las profesiones pero, curiosamente, siendo una minoría siempre son maximizados por los medios y por esos perdonavidas que, al igual que los mencionados anteriormente, viven en su país de la piruleta. No olvidemos que, para ellos, siempre es un trauma dar clase y, por ello, lo único que les motiva es vender su producto ante auditorios previamente convencidos. Que un segundo de ESO o un PMAR acabaría con su alegría. Sí, en el aula hay grupos más o menos complicados y no siempre salen las cosas bien.

Hoy hablaban de crear un club de «afectados por la pseudoinnovación educativa». Creo más bien que lo que deberíamos hacer es establecer un listado de edufantoches para que, al igual que sucede con los médicos e investigadores que se están poniendo las pilas para luchar contra la homeopatía, desterramos a esos personajes de la vida pública aunque, lamentablemente, si uno analiza a quiénes llaman para la redacción del nuevo pacto educativo se encuentran con M.P., J.A.M., C.P. y una ristra de perdonavidas educativos o, simplemente vividores de la piruleta, que empieza a dar mucho miedo.

Como decía ayer Francesc Llorens (@FrancescLlorens) en Twitter…

Estoy de los ‘docentes de prestigio’ y del aparataje mercantil, mediático y administrativo que los sustentan hasta los coj***s.

Un abrazo a los que os leéis siempre los despropósitos que escribo pero, sabéis qué… a veces el blog va muy bien para dar rienda suelta a ciertas cosas 🙂

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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