El cuñadismo educativo

La verdad es que da la sensación que todo el mundo en este país sabe más de educación que los docentes. Entre aquellos que consideran al docente como el gran enemigo del aprendizaje de sus hijos, hasta aquellos que, por haber dado clases particulares en su época de estudiantes cobrando en negro o hacer los trabajos de sus hijos, creen que están capacitados para lidiar con cualquier tipo de aula. Sí, lo del cuñado docente es digno de estudio. Bueno, algunos sí que tenemos cuñados que, aparte son docentes en un centro educativo pero, esos casos ya son otra historia.

Fuente: http://www.elespanol.com

No es cuestión de otorgarnos, como docentes, el valor absoluto de la praxis educativa. Ni tan sólo considerar que, en nuestras manos, tenemos toda las soluciones posibles de esos niños y adolescentes que tenemos delante pero, sinceramente, de ahí a ser considerados como residuales por parte de algunos que, simplemente, consideran que los docentes deberíamos ser gaseados o puestos ante un pelotón de fusilamiento, hay un largo margen. Sinceramente a uno le da la sensación que, en ocasiones, hay tipos y tipas que sacan su peor faceta de cuñadismo. Un cuñadismo que, ya no sólo se extiende a los remedios caseros que curaban el cáncer o a ser capaz de jugar mejor que Messi o Ronaldo si les pusieran en el campo (no, no importa la tripa poseedora por alguno de los susodichos que les impide andar más de un par de metros sin ahogarse). Un cuñadismo que está apareciendo cada vez con más fuerza en la profesión docente.

Yo siempre lo he dicho. Cambiemos las profesiones de los cuñados por aquellas que dicen conocer a la perfección. Estoy convencido de que, ni ellos sobrevivirían un par de horas en un aula ni nosotros, como docentes, lo haríamos en su contexto laboral. Cada uno es profesional de lo suyo y cuñado del resto de profesiones. Que no hay nada más bonito que hablar mal de otros, pontificar lo buenos que somos y, cómo no, fabular acerca de historias maravillosas que podríamos hacer si estuviéramos trabajando de, pongamos por ejemplo, docentes. Bueno, y ya si lo que se fabula es acerca de formar parte de los cuerpos de seguridad, ser capaces de saltar entre edificios mientras vas disparando a los malos malotes, ya no digamos.

La maldad no está en opinar acerca de la manera en que uno haría las cosas en diferentes campos. Lo realmente perverso es pensarse que, por tener boca o un simple teléfono móvil con la aplicación de mensajería de turno instalada, uno es capaz de disertar sobre campos magnéticos, distensiones espacio temporales o, simplemente, centrándome en mi ámbito laboral, en tener la solución a todos los problemas educativos. Qué malos son los docentes y qué buenos somos los que sabemos pero no nos dejan trabajar en los centros educativos porque, o no hemos estudiado nunca o, si lo hemos hecho en alguna ocasión, nos ha dado pereza sacarnos unas oposiciones o movernos entre Comunidades para integrarnos en unas listas baremadas como interinos e ir rotando entre centro y centro o, lo más habitual, entre localidad y localidad. Nadie impide sacarse, por ejemplo, Magisterio y trabajar en una profesión en la que seguro que sabemos mucho más que los docentes. Lo estamos demostrando en cada una de nuestras disertaciones o con los enlaces, sacados a golpe de clic del buscador, para difundir cosas que ni tan sólo nos hemos leído.

No, no me vale la opinión del cuñado, la suegra o el amigo que, por tener hijos, habla alegremente de lo que debieran o no hacer los docentes de sus hijos. No, no me vale más allá de considerarlo un chascarrillo puntual dentro del todologismo social. Sí, todo el mundo opinamos de todo pero, al final, dichas opiniones deberían quedarse al margen de la labor profesional. Algo que sucede prácticamente en todos los campos menos en el de la docencia. Un albañil no cambia la manera de poner ladrillos por mucho que el jubilado se lo diga. En cambio, en docencia, hay muchos que se cuestionan sus prácticas de aula por lo que les dicen personas que no son profesionales de ella. Curioso y digno de estudio.

Sinceramente, si no fuera por el cansancio que me dan, en ocasiones, los cuñados educativos, me reiría más a menudo sobre el tema pero, es que encontrártelos en estas fechas, que uno ya anda justo de fuerzas, es algo que no se soporta. Y sí, lo lógico sería enviarlos a la mierda -más aún a aquellos que simplemente se dedican a la ofensa y tienen establecida su cruzada contra los profesionales- pero, sabéis qué, para algo tenemos un poco más de educación que ellos. Qué demonios, ¡a la mierda!

Ahora que llegan fiestas reconozco la suerte que tengo de ser casi toda mi familia del ramo. Me imagino aquellas comidas de Navidad de mis compañeros entre cuñados expertos en Educación y, sinceramente, desde aquí les doy todo mi apoyo.
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Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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