El desembarco de los liberados sindicales

En los centros educativos resulta curioso, cada vez que se acercan elecciones sindicales, encontrarte con determinadas personas, algunas que llevan demasiado tiempo sin pisar las aulas, que vienen a presentarse como «el liberado sindical de zona del sindicato X». Se acercan para reclamar tu voto en unas elecciones en las que cada vez creen menos docentes. Elecciones de unos sindicatos más preocupados de mantener sus prebendas (qué bonito lo de no tener que volver al aula) que proteger las condiciones laborales de sus representados. Qué curioso que en cuatro años no hayas visto aparecer a ese personaje que, ahora resulta que va a ser el salvador de todos los males que nos aquejan. Qué bonito ir a pedir el voto una vez cada cuatro años. Un déjà vu demasiado habitual en el contexto de podredumbre política que nos rodea.

Fuente: Robert F.Sargent
Fuente: Robert F.Sargent

Es llegar a tu centro educativo y encontrarte panfletos del sindicato X, calendarios del sindicato Y u hojas informativas del sindicato Z ocupando todos los tablones disponibles y gran parte de la mesa de la sala de profesores. Lástima que ahora, supongo que por cuestiones presupuestarias, ya no desembarquen con esos bolígrafos que te sacaban de algún apuro. La crisis ha llegado para todos.

La pregunta que a uno le viene inmediatamente a la cabeza y que, si algún día tiene posibilidad de hacerla por ser un poco impresentable (como es mi caso), es la siguiente… ¿y dónde has estado estos cuatro años? Porque, realmente, no te he visto el pelo en mi centro educativo antes de que vengas a pedir el voto para dentro de unas semanas. ¿Dónde estabas cuando no se están concediendo los recursos necesarios para la correcta atención del alumnado? ¿Dónde estabas cuando se estaban adjudicando materias que no tocaban a determinados profesores? ¿Dónde estabas cuando a la de religión se le asignó dar materias propias de otros docentes? ¿Dónde estabas, en definitiva, cuando ha tocado lidiar con la administración? Es que… supongo que ahora dirás que con los recortes os habéis quedado con menos liberados. Bueno, pero es que antes tampoco se os veía.

Me acuerdo de un liberado sindical de CCOO (pongo Comisiones pero podría ser de cualquier otro sindicato) que atendía los martes de seis a siete de la tarde. No se le veía por los centros. No se le veía en la sede de Comisiones ni en sus horas de liberación. Eso sí, estuvo un par de años viviendo de no hacer nada. Curiosamente, después de dejar el sindicato con una Comisión de Servicios a cinco minutos de su casa. Supongo que ser exliberado da sus frutos. Es que, como dicen algunas malas lenguas… primero los que tienen amigos, después los que dicen los sindicatos y, finalmente, si sobran plazas, los pobres docentes que piden acercarse a casa por motivos totalmente justificados.

Conozco también liberados sindicales, en este caso de USTEC y de STEPV (versión catalana y valenciana del mismo sindicato), que llevan décadas alejados del aula ocupando esas plazas de liberado sindical. También conozco alguno de UGT, CSIF y de ANPE. Que no se libra ninguno de vividores. Que hay mucho desertor de la tiza suelto y estar de liberado por un sindicato, más allá que te obligue a salir un poco más a la calle en las manifestaciones, te aleja del aula. Que algunos tienen fobia a su trabajo. Si no, no se entendería que estuvieran más de veinte años «trabajando» para su sindicato sin pisar el aula.

Algunos estamos hartos del timo sindical. Unos sindicatos que mucho tienen que ver con las malas praxis políticas que estamos viviendo un día sí y otro también. Praxis que poco favorecen a la función sindical. Una función que muchos de esos liberados se han dedicado a desprestigiar.

Creo en la función de los sindicatos. En lo imprescindible de su existencia. Confío en que, en algún momento, se extirpe a esos liberados de los sindicatos. Confío en que, más pronto que tarde, haya alguien que expulse a esos parásitos de algo tan noble como es la defensa de los derechos de los trabajadores (en este caso dedicados a la docencia). Ser optimista no es malo. Y los docentes nos merecemos otro tipo de sindicatos. Más que otro tipo de sindicatos, otro tipo de dirigentes de los mismos y liberados sindicales que se han dedicado a pervertirlos.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

7 Comments
  1. Totalmente de acuerdo contigo.El problema es que recibiendo dinero publico, osea estando subvencionados por el papá Estado tampoco les interesa mucho morder la mano de quien les da de comer, no sea que pierdan privilegios.. Otro gallo cantaría si solo se tuviesen que mantener con las cuptas de sus afiliados.

    1. El tema de las subvenciones públicas para el funcionamiento de los sindicatos también debería ser algo a cuestionar. Es un poco contraproducente que, como bien comentas, los mismos que subvencionan sus gastos de funcionamiento y el salario de esos «liberados» sean los mismos que deben ser controlados por los anteriores. Un tema muy complejo. Un nuevo sindicalismo necesario.

  2. Estoy de acuerdo contigo en la lectura, tal vez no en la interpretación del asunto; es una opinión que todos – antes o después – hemos tenido en algún momento sobre los sindicatos y los liberados sindicales.
    – ¿Qué es lo que hacen los sindicatos?
    – ¿Qué hacen los liberados sindicales?
    – ¿Qué ha hecho la administración con los sindicatos?
    – ¿Qué modelo de sindicato queremos?

    Los liberados, pues como de todo en todos sitios, algunos un poco perros, que dicen en La Mancha y otros igual de preocupados que los que no son liberados.
    Los sindicatos, ni conmigo ni sin ti, pero sin conmigo y sin ti.

    En ocasiones nos quejamos de la Administración, sin darnos cuenta que la administración está ahí por nosotros, otra cosa es que no administre bien lo que ha de administrar, o que lo que haga sea o no lo que ha dicho que iba a hacer; aquí entramos en modelos políticos educativos, y bastante tenemos con las diferentes leyes de educación que hemos tenido, así que una pena, un partido, el otro y el de más allá…

    Tengo un amigo que dice que cuanto más pelees contra algo, más en contra se te pondrá, y que a las cuestiones negativas es mejor no ponerles emoción, porque si no con el tiempo te dejan cierta sensación de vacío.

    Los sindicatos pueden decirle a la administración que no le gusta lo que hace, pero al final la administración puede hacer lo que quiera (Para ejemplos os regalo a Cospedal), otra cosa es cuando ni si quiera se sienta a negociar y vía judicial tiene que reingresar a los despedidos (os vuelvo a regalar a Cospedal)

    Los sindicatos no son más que la representación del trabajador con la empresa, y los revisores de que las condiciones de trabajo se ajusten a la legalidad, así como las entidades que negocian en representación de la totalidad de los trabajadores: da igual que estén afiliados o no, que voten en las elecciones o no, que sean de izquierdas, de medioizquierdas, de centro izquierda, de centro, de centro derecha, de medio derechas o de derechas totalmente. Cultural e históricamente han existido sindicatos que conveniados con un color político apoyan más o menos sus decisiones, de estos acuerdos vemos cómo CCOO/UGT/STE son considerados de izquierdas y CSIF y ANPE de derechas; sin que por eso signifique que realmente las personas que los integran lo sean ideológicamente.

    Qué le pido a un sindicato (muchas más de las que señalo aquí):
    – Que proteja los derechos de los trabajadores denunciando donde la empresa se extralimite.
    – Que sea capaz de transmitir información suficiente, veraz y de manera transparente.
    – Que proteja los derechos colectivos frente a los intereses privados.
    – Que tenga una asesoría jurídica eficaz.
    – Que sea transparente en sus cuentas y actividades.
    – Que las personas que tengan dedicación sindical tengan independencia en sus decisiones y no formen parte del sistema clientelar de costumbre.
    – Que sean claros en sus negociaciones, consultando con los trabajadores y exponiendo sus razones.

    En mi opinión debería haber un sistema que acotase los años de liberación sindical para una sola persona (4-8 como máximo).
    Los sindicatos no deberían encargarse de la formación de los trabajadores, para esto ya está la propia empresa u otro tipo de entidades que podrían hacerlo.
    Los sindicatos han de estar subvencionados hasta cierto punto, aunque sí han de clarificar de dónde obtienen sus ingresos y cómo los invierten; tampoco creo que sea oportuno subsistir únicamente de las cuotas, ya que el sistema se ha pervertido hasta tal punto de convertir en negocios internos lo que deberían ser servicios básicos a los trabajadores, no sólo a los afiliados.

    Lo que queda claro es que necesitamos otro modelo de sindicalismo, pero también otro modelo de participación y corresponsabilidad de los propios trabajadores con la administración, pero también con sus representantes ante esta. ¿Deberíamos preguntarnos qué hacemos nosotros por defender nuestros derechos o preguntarnos por nuestro nivel de participación en la sociedad en la que vivimos? Votar está bien, pero sólo cada cuatro años creo que no está tan bien.

    En mi opinión nuestra democracia es representativa, pero no participativa, lo que genera grandes desigualdades (pensar en cualquier gobierno con mayoría absoluta, lo que hacen y cómo están sus representados…)

    Un post de perfil «PODEMOS», “GANEMOS” 😉 y muy oportuno. Me consta que hay afiliados y delegados en sindicatos apellidados con ganas de ser ideológicamente “ganemos” en contra de los desmanes de sus dirigentes…o de la casta, como les gusta señalar.

    Jordi, Como tú, no digiero a los aprovechados del sistema…

    Ojalá tomemos conciencia de esto. De vez en cuando decirle lo que pensamos claramente a los liberados que se pasean por los centros educativos únicamente de cuatro en cuatro años podría hacerles interiorizar que este modelo sindical no funciona.

    1. No puedo discutir ni una coma de tu comentario. Eso sí, en mi caso soy algo más crítico frente a las actuaciones –o más bien a la falta de ellas- de esos liberados a perpetuidad que parece que pululen en los sindicatos educativos actuales. No es cuestión de taxonomizarlos entre izquierdas y derechas. Algo que en pleno siglo XXI ya ha dejado de tener validez (incluso a nivel político). El problema fundamental es, como bien dices, qué pedimos a un sindicato. ¿Qué valor debemos dar a esa organización tan necesaria para defender los derechos de los trabajadores? ¿Qué requisitos debemos exigir a los que, a lo largo de un período de tiempo, defienden a sus compañeras y compañeros?

      Un sindicato en lucha (no hace falta salir a la calle cada día ya que hay otros mecanismos más efectivos –entre ellos los judiciales-) es algo imprescindible y, más allá de pancartas y vocingleros varios, poca actuación real se observa. Falta actuaciones de fondo. Falta volver a creer en unas organizaciones que en su momento tuvieron su sentido y a las que ahora parece se les haya pervertido. Hay ganas de sindicatos educativos. Hay docentes que se lo merecen.

      ¿Qué pido a un sindicato? Pues simplemente que sea un SINDICATO. Más allá de lo anterior sólo hay palabras vacías, modelos que no funcionan y liberados que lo único que hacen es, más allá de honrosas excepciones, ejercer visitas previas a las elecciones que se realizan cada cuatro años. No lo digo yo. Lo dicen y ven los docentes que comparten –o han compartido- conmigo centro.

      Participar en las decisiones sindicales queda muy bien pero todos sabemos que la mayoría pasan y cuando lo intentas siempre hay un silencio como respuesta desde las organizaciones (¿será que tienen miedo a cambiar?). Mucho por hacer entre todos y SÍ, la responsabilidad puede ser compartida pero quien tiene ese tiempo para luchar y gestiona los mecanismos para hacerlo debe ser el sindicato. Esa es su función. Una función que no están haciendo, siendo eufemístico, demasiado bien.

      Hay aprovechados del sistema pero, lo realmente triste es que muchos se dejan llevar y consideran la defensa de sus derechos laborales como algo que no va con ellos. Porque, siendo realistas, los sindicatos son lo que son actualmente porque la mayoría de los trabajadores lo han permitido con sus silencios complices o con su excusa de que “ya lo harán otros” para disculpar su inanición.

      Los liberados son sólo la punta del iceberg de un movimiento sindical que tiene mucho de burgués y demasiado poco de sentido de lucha por los derechos laborales de sus afiliados (que, al estar subvencionados con dinero público, son todos los docentes). Hay excepciones personales dentro y fuera de los mismos que quieren el CAMBIO pero hasta ahora sólo son eso… excepciones a una regla mal escrita. Excepciones que dentro dle propio sindicato se les aisla y fuera son vistos como ilusos de falsas realidades.

      Muchas gracias por tu comentario. Un fuerte saludo.

  3. El antisindicalismo es tan antiguo como el propio sindicalismo. Frente a los casos aislados que usted presenta como fraudes y oportunismo que, por otra parte, que si son como lo describe yo lo suscribo, podría presentarle innumerables casos de sindicalistas coherentes y honrados. Por último, si no hubiera sindicalismo, con luces y sombras, los derechos que dignifican y protegen a los trabajadores serían inexistentes.

  4. Creo que en ningún momento en el artículo se está hablando de «antisindicalismo». Más bien al contrario. Se habla de la necesidad de reformular el sindicalismo y, especialmente, evitar los casos (que sí, en el ámbito educativo son más extendidos de la bondad o de las acepciones que se puedan dar -no estoy hablando sólo a nivel de acción sindical-) que hacen que la función sindical cada vez sea percibida como algo más alejado de los que han de defender. No es lógico, pero sí habitual (eso que los datos son difíciles de encontrar pero rebuscando un poco están), que gran parte de los liberados sindicales lleven más de diez años fuera del aula, que haya docentes liberados que por criticar el funcionamiento del sindicato y su falta de democracia interna abandonen el mismo, que se vean sólo antes de las elecciones sindicales en los centros educativos (por cierto, no conozco casi ninguno de los cientos que hay por Comunidad Autónoma que su máxima sea preguntar en los centros a sus «compañeros» qué es lo que necesitan). Mucho por cambiar.

    ¿Con lo anterior estoy defendiendo la desaparición de los sindicatos? No. Lo único que estoy diciendo es la necesidad de reformular la tipología de liberados y volver a recuperar su función porque, seamos objetivos y dejémonos de lastrar por nuestra ideología (a mí también me gustaría que fuera todo de color de rosa), ¿algún docente de aula se cree a estas alturas de la película que los sindicatos les representan más allá de aquellos cuya ideología se ve priorizada por delante de la observación directa?

    Conviene reinventar el sindicalismo. Y más aún en un sector como el educativo. Por cierto, hay una pequeña diferencia entre «liberado» y «sindicalista». El segundo concepto puede englobarnos a más de uno, el primero a unos pocos que lo están haciendo realmente mal y que se están perpetuando (salvo honrosas excepciones) en la inanición y en la supuesta comodidad que supone para ellos estar alejados del aula. ¿Cuántos hay que no soportarían volver al aula de Primaria o Secundaria? Al igual que los políticos, demasiados.

    Un saludo y gracias por comentar.

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