El dinero no lo es todo, ¿o sí?

Cuando el ruido mediático se hace ensordecedor, surge la posibilidad, siempre y cuando uno tenga una cierta notoriedad (que no tiene nada que ver, en muchos casos, con profesionalidad real), de poder ganar dinero mediante charlas, cursos, materiales, libros, premios, etc. No importa lo buen docente que seas. Lo importante, al menos para los que te ofrecen ciertas cosas, es que tengas una cierta presencia en las redes. Twitter, como ya dije hace tiempo, se ha convertido en una bonita agencia de colocación para más de uno.

Fuente: Desconocida

Hay ofertas fantásticas de multinacionales, editoriales e, incluso de la propia administración, para que ofrezcas tu presencia a cambio de unos bonitos euros. Incluso, rizando el rizo, hay quienes te pagan cantidades que, para un docente de aula y por el tiempo que va a dedicarse uno a la misma, llegan a ser proporcionalmente, respecto a tu sueldo, bastante desproporcionadas. Y la verdad es que a uno le cuesta resistirse…

No es mejor ni peor un docente (o personaje que se dedica a la educación sin pisar el aula) que acepta ciertos bolos. Tampoco lo es tener gustos caros o, preferir ese tiempo a otros tiempos que puedes dedicar a, por ejemplo, la familia. Además, todos hemos observado en los últimos tiempos, la gran cantidad de personajes que son capaces de defender una cosa (por ejemplo la escuela pública) e irse a alabar determinados centros concertados porque, por lo visto, les pagan para que vayan a darles una charla de, pongamos por ejemplo, ABP. Sí, he usado un modelo de charlas determinadas pero también podría mencionar otras cuestiones.

Cada uno decide hasta cuánto puede venderse. No podemos estar en la piel de todo el mundo. Quizás yo, como dije en una ocasión, también pueda haber hecho ciertas cosas contradictorias pero, por suerte, jamás mi situación económica ni mis gustos (bastante normalitos) me han obligado a ceder en mi ética o ideología. Por suerte puedo elegir en que ruedos me apetece estar. Y tengo la posibilidad de estar en muchos. Lástima que, por determinados motivos, mi respuesta sea muy similar en la mayoría de ocasiones, incluso que algunas propuestas me apetezcan bastante.

Debo reconocer que antes iría a defender unas determinadas ideas ante un partido político (sea de la ideología que sea) que ceder, por interés, ante determinados lobbies. Lobbies bajo los que también podría hacer cosas -y cobrar por ellas- pero, por desgracia para los que ponen la pasta, teniendo que opinar en voz alta acerca de qué pienso. Debo ser un tipo raro porque, al final, si uno se pone a analizar el espectáculo, son cada vez más los que se suman a alabar a terceros mientras les den para ciertas cosas. Eso sí, libertad absoluta de que cada uno haga lo que quiera. Allá cada cual con su ética.

Por cierto, no podría acabar este post, como ya podéis intuir, sin publicitaros de nuevo mi último libro (enlace). Ahora ya he cubierto los gastos y, cada nuevo libro que os pilléis ayudará a un buen fin: pagarme las sesiones de ingesta de horchata de verano 😉

No es malo sacar tajada de la educación. Eso sí, lo de hacerlo a cualquier precio y diciendo/haciendo ciertas cosas, ya es algo muy relacionado con cada uno. El dinero, para algunos, no lo es todo.
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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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