El diseño de un curso de formación

Más allá de la herramienta existen algunos pasos que es de recibo seguir a la hora de diseñar un curso de formación. Tenemos que empezar a desterrar el empezar por «lo que debe incluir el curso» y centrarnos fundamentalmente en «aquello que queremos que nuestros alumnos aprendan». Debe ser un aprendizaje continuo y dirigido, con la finalidad de que todo el mundo sepa seguir un buen camino. Todo lo que signifique diversificación previa en su diseño está abocado a un contundente fracaso. Establezcamos unos parámetros básicos para el alumno, unas guías fáciles de seguir y un camino lo más dirigido posible con diferentes sendas en función de las dificultades que presenten los formados en adquirir esos aprendizajes.

Empecemos por el principio. ¿Cuál será el primer paso para diseñar de forma coherente y correcta un curso de formación?

Pues el primer paso es saber a quién va dirigida esa formación. No es lo mismo planificar y diseñar un curso dirigido a alumnos de secundaria que a alumnos de postobligatorio. Y mucho menos si dicho curso está destinado a otros docentes. También es importante en este punto saber cuáles son las habilidades y niveles educativos de los receptores de dicha formación. ¿Conveniencia de establecer una evaluación inicial que nos clarifique lo anterior? Sí, siempre y cuando la misma sea lo suficientemente clara y nos de indicaciones fiables.

Una vez tenemos clarificados los actores receptores de dicha formación, tenemos que concretar la finalidad del curso. ¿Qué queremos que los alumnos dominen al acabar el curso? ¿Qué habilidades o conocimientos hemos de conseguir que tengan cuando hemos realizado todas las etapas de esa formación? Si los que diseñamos los cursos de formación no tenemos claro qué pretendemos conseguir con los mismos más allá de «dar el curso» estaremos cometiendo un error de considerables proporciones.

Cuando la finalidad está clara… ¿montamos unas sendas diversificadas para que consigan los objetivos que se pretenden en la formación? Se trata simplemente de decidir si se va a realizar un curso homogéneo, con actividades comunes y seguimiento al unísono o si se va a permitir que los alumnos puedan pautar sus tiempos de aprendizaje. En un curso presencial es mucho más complicado, pero usando diferentes plataformas virtuales (Moodle, Chamillo, etc.) podemos planificar de forma muy sencilla actividades de refuerzo, consolidación y ampliación. Con lo anterior conseguimos que sean los propios alumnos quienes gestionen sus propios tiempos. Tiempos que han de venir marcados y estructurados como un inicio y un final de curso, pero dotando de suficientes alternativas para que el alumno los pueda flexibilizar a lo largo de su desarrollo.

Hasta ahora no hemos buscado material para el curso. ¿Lo buscamos? La búsqueda de diferentes materiales para nuestro curso siempre se ha de realizar con posterioridad a las etapas que se han especificado anteriormente. Si nos dedicamos a montar un curso en base a material de que ya dispongamos…la garantía de fracaso a la hora de su ejecución será alta. No alta. Altísima.

Ahora que ya se ha clarificado a quién, qué finalidad tiene nuestro curso y la dirección formativa (con diversificaciones posibles), llega el momento de determinar cómo vamos a montar ese curso. Ahora sí que es el momento de decidir la herramienta. No puede ser una herramienta prefijada donde nosotros no tengamos potestad de modificación o adaptación. Se excluyen por defecto materiales ensamblados (libros de texto, cursos de otros compañeros que han distribuido bajo licencias libres, etc.). Se trata de montar o adaptar materiales propios en un entorno que sea cómodo para nosotros y nuestros alumnos.

Tenemos diseñado el curso pero aún nos falta algo. Algo que hemos de concretar. Algo imprescindible en cualquier curso de formación. El establecimiento de un calendario. De La planificación horaria del mismo. De una planificación que ha de ser suficientemente adaptable para absorber cambios que no se puedan prever. Un calendario que, en el momento de empezar la formación, se ha de tener claro por parte del formador y de fácil acceso para el formado.

Un esbozo sobre los pasos a seguir en el diseño de cualquier actividad formativa (reglada o no) que he ido siguiendo en los cursos de formación que he montado e impartido. Unas ideas que se han ido adaptando, hasta llegar a las actuales, después de algunos fracasos en varios diseños e implementaciones de esos cursos.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Muy buen post. Agregaría además la necesidad de establecer los criterios de evaluación. ¿Cuándo? justo después de seleccionar la herramienta y antes del calendario y aprovechar y dar a conocer todo junto. Siempre es bueno saber hacia dónde vamos, para qué y qué se espera de nosotros. En esta caso, los criterios de evaluación de la formación en sí misma y del proceso formativo de los alumnos dejan de ser secretos y se convierten en guías de la formación que potencian los procesos de autoaprendizaje.

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