El docente antidocente

Resulta curiosa la facilidad que tienen algunos de expresar máximas educativas de calado. Máximas que, supuestamente, también deberían aplicarse. Éste es el caso del docente antidocente. Sí, aquel docente que cree que todo el aprendizaje se da fuera del aula y que, la función del docente en pleno siglo XXI, queda reducida a poco menos que nada. Sí, apostar por la desaparición del docente cuando uno cobra por serlo es un poco difícil de tragar. Más aún si dichos postulados se dan desde la facilidad de no dar ejemplo. Porque, si uno no cree en el docente, lo mejor que podría hacer en caso de serlo es cambiar de trabajo. Ya está bien de criticar al colectivo y su función poniendo la mano cada mes para cobrar por hacer algo que consideran totalmente innecesario.

Fuente: https://es.fotolia.com/
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Yo sí que creo que el docente sirve y es necesario. Necesitamos docentes. Más allá de cuestiones vocaciones, necesitamos profesionales implicados en nuestras aulas. Implicados y que sepan adaptarse a las mismas. Sí, es un trabajo pero, si uno no cree en la necesidad del mismo poco podemos hacer. ¿Para qué sirve un docente? Puede servir para mucho o poco pero, lo que es indiscutible, es la necesidad de su existencia porque, la información (y la disponibilidad de la misma) no es lo principal. Lo esencial en el aprendizaje es saber gestionar la misma y, eso, por mucho que tengamos la mejor conexión a internet del mundo, necesita de alguien que ayude a gestionarla. Y ahí aparece la función del docente. Alguien capaz de analizar, interpretar y enseñar a dar validez a esos millones de datos.

Puedo llegar a entender que algunos consideren que las aulas no se adaptan a lo que deberían ser, que cuestionen cómo se gestionan los recursos por parte de la administración, que plantee, cada vez más a menudo, el rol del docente pero, de ahí a cuestionar su existencia. Bueno, a negarla… Eso es una gran diferencia. Negar la existencia de un colectivo debería impedir formar parte de ese colectivo. Sí, resulta un poco absurdo plantear un movimiento antidocente desde la propia docencia. Bueno, el problema no es plantearlo. El problema es la hipocresía que supone hacerlo y no tomar medidas para subsanarlo porque, si uno no cree en algo, ¿lo lógico no sería dejar su puesto para alguien que crea en esa función? Hipocresía justificable pero, al fin y al cabo, demasiado fácil de defender la postura desde un puesto que, según ellos, no debería existir.

Me sorprende el discurso del docente antidocente. Me suena demasiado al discurso crítico con un determinado partido político y acabar votando a los mismos. Un discurso que se basa en la facilidad, en la compra por parte de algunos (demasiados) del mismo y, como no, en la incapacidad de hacer frente a la coherencia que supondría lo anterior. Sinceramente, si alguien que es docente cree que los docentes no deberían existir, le recomiendo con muchísimo cariño que se extinga. Eso sí, sólo en sentido laboral 🙂

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

12 Comments
  1. Gracias Jordi por decir con claridad las cosas como siempre.
    Coincido con todo, pero algo me queda «haciendo ruido»: la posibilidad de que este discurso dé lugar a posiciones «corporativas» de la docencia en un mal sentido. Quiero decir: tenemos que valorar la docencia y no por ello dejar de ser críticos y autocríticos, no «justificar lo injustificable» en nombre de la docencia.
    Nada reemplaza a un buen docente que recupera los aprendizajes «informales» y en base a ellos enseña el conocimiento curricular, tarea que ningún otro profesional puede suplir. Los alumnos no aprenden todo solos y siempre y cuando los docentes ocupemos el lugar de enseñar de una forma relevante, superando la mera transmisión de información, creo que somos imprescindibles.
    Lo peor radica en asistir a un discurso antidocente y defensivo al mismo tiempo. Aunque parezca contradictorio, lo he escuchado muchas veces. Eso da lugar a consignas como: «investiguen en sus casas x tema» y después quejarse porque los alumnos «no se comprometen», «no traen nada» y finalmente «así no se puede enseñar». Es decir que no servimos para nada, pero los alumnos pareciera que tampoco. En Argentina le decimos a eso «gataflorismo» (por la Gata Flora, que nada le viene bien…).
    Te envío un gran abrazo!
    Débora

    1. Muchas gracias por la matización Débora. Comparto plenamente la misma pero, en ningún momento creo haber justificado posiciones corporativas (más bien, ya sabes, que siempre es al contrario).

      Creo en la imprescindibilidad del docente. Del docente que se adapta a los alumnos. Del docente que sigue aprendiendo una vez conseguido el puesto de trabajo. Del docente que, si no he entendido mal, se aleja del «gataforismo» argentino 🙂

      Un fuerte abrazo de vuelta.

  2. Hola Jordi,

    Yo creo que los docentes hacemos mucha falta y, aunque no siempre se nos trata como merecemos, sí hay mucha gente que nos valora. Ni todos los docentes somos iguales, ni todos los alumnos y sus familias lo son. Yo he trabajado ya unos 15 años en enseñanza pública y tengo más vocación ahora que cuando empecé, y eso que casi siempre he trabajado con alumnos dífíciles por su situación económica, familiar… La tecnología nos puede aportar mucho en las aulas, pero sabiendo gestionarla. La información, aunque accesible y masiva por los avances educativos y tecnológicos, necesita de nuevos perfiles docentes que sepan tratarla y ayuden a los alumnos a procesarla y comprenderla. Saludos.

    1. Yo también creo que los docentes hacemos mucha falta Laura. También comparto contigo la percepción externa de la profesión: sí, hay mucha gente que nos valora pero, lamentablemente, esa valoración oscila por cuestiones más mediáticas que reales.

      Debemos readaptarnos a los nuevos contextos y, quizás, a las nuevas funciones pero, pretender que sin docentes sería posible la educación de las nuevas generaciones, creo que es un error que algunos han creído y otros venden por motivos que, poco tienen que ver con las necesidades de nuestros alumnos.

      Un saludo de vuelta y gracias por pasarte por aquí.

  3. Los docentes, los maestros, los mentores, los facilitadores, … siempre harán falta. El mundo cambia y la enseñanza debe cambiar también. ¿Te unes al cambio?
    El 15, 16 y 17 de Mayo en Somiedo, Asturias, ponemos un ladrillo para empezar con el evento Startup Weekend Education Somiedo. Vosotros, las familias y los alumnos sois la comunidad con la que hay que trabajar.
    Gracias por enseñarnos.

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