El máster de formación del profesorado, o el timo del tocomocho

El año pasado se empezó a impartir en muchas universidades españolas, el considerado por la Administración Educativa, el máster que «por arte de magia» convertiría a los pobres licenciados, ingenieros o similares, en expertos docentes. A día de hoy se empieza a descubrir las motivaciones reales de este máster, las económicas.

En El País publican hoy el siguiente artículo, que transcribo a continuación (como hago habitualmente con las noticias que me causan sorpresa educativa):

«Los alumnos españoles pueden sacarse el máster de formación de profesorado de Secundaria cursando 192 horas presenciales en la Universidad de las Islas Baleares, o 900 en la de Valencia; pagando 875 euros de matrícula en esa última universidad o 2.000 en la Autónoma de Madrid y en la Pompeu Fabra de Barcelona. Y todos ellos -más allá de la calidad y profundidad del aprendizaje que cada uno adquiera- obtendrán el mismo título de máster que, desde el año pasado, es condición indispensable para convertirse en profesor de instituto.

Y al incluir la oferta de las universidades privadas, la horquilla se hace aún mayor: desde las 140 horas presenciales que prevé para este año la Universidad Católica San Antonio de Murcia, hasta las 800 de la Universidad de Mondragón del País Vasco; y desde los 1.080 euros de la de Vic a los 10.000 de la Europea de Madrid.

Los responsables del Observatorio social de la Educación de España de la Fundación 1º de Mayo, de CC OO, han recopilado toda esta información del máster de profesorado que se ofrecerá en su segundo año de vida, en el curso 2010-2011 (algunos de los detalles de algunas universidades aún están cambiando) y advierten sobre esas enormes diferencias que se dan de unas universidades a otras. Y no solo por posibles agravios comparativos (de quién no tenga cerca un máster más barato o más completo ni posibilidad de cambiar de comunidad en su busca), sino porque puede acabar devaluando en nuevo título.

Explican que cuando en 1970 nació en España el Curso de Adaptación Pedagógica (el CAP, sustituido por este máster), se estableció una formación de 150 horas de clase y otras 150 de prácticas en los centros educativos. Pero en sus casi 40 años de vida, el CAP fue degenerando hasta convertirse en un pequeño trámite totalmente desprestigiado que se resolvía, en el mejor de los casos, en tres meses.

Eso mismo es lo que temen en el observatorio que pase con el máster si se van relajando los criterios para ofertar el título o no se supervisa suficientemente su puesta en funcionamiento, advierten. Junto a los CAP menos exigentes han convivido honrosas variantes en algunas universidades, como en la Autónoma de Madrid, mucho más rigurosas, pero, ante la elección, siempre tuvieron más demanda las primeras.

El máster ha sido la respuesta a una reclamación de décadas, de mejora de la formación inicial del profesorado, una de las claves, según multitud de estudios internacionales, para avanzar en la calidad de la educación. Y uno de los puntos más importantes de este nuevo posgrado es la parte de prácticas en los centros escolares, que no solo se debe ver reforzada con horas, sino que ha de contar con el apoyo de profesores experimentados dentro del propio instituto que hacen de tutores de los novatos.

Pero aquí también hay grandes diferencias dependiendo de dónde se curse. No solo en cuanto al tiempo y los periodos (desde un mes a 10 semanas, y en un solo periodo o intercaladas entre las enseñanzas teóricas), sino en el tratamiento que reciben los tutores.

La regulación de las condiciones de las prácticas, dependiente de las consejerías de Educación de las comunidades autónomas, ha sido muy distinta: «Desde el caso de Castilla-La Mancha, que nombra como profesores asociados de la universidad a los tutores seleccionados, o quienes les pagan exiguas cantidades por tutelado o reconocen esta actividad como mérito o formación, por ejemplo, en la Comunidad Valenciana o Cataluña».

En el caso de la Comunidad de Madrid, donde el año pasado no obtuvieron ningún reconocimiento, recibirán a partir de ahora un curso de formación que le dará puntos a la hora de mejorar sus condiciones laborales«.

Vamos por partes. El máster se creó en un principio para sustituir al denostado CAP (curso de aptitud pedagógica), que se convertía en un coladero para todos los que lo cursaban y, simplemente se trataba de un puro trámite, en el cual, cuatro «personajes» (ni siquiera se merecen el calificativo honorable de docentes en muchos casos) repartían unas fotocopias y daban charlas infumables sobre pedagogía educativa. Eso sí, en otros casos, ni tan sólo se dedicaban a repartir esas fotocopias, ya que se pasaban las horas teóricas del curso, contando las batallitas educativas que habían tenido en sus clases. ¡Pobres de los alumnos, que tuvieran la mala suerte de haber recibido sus excelentes aportaciones formativas y educativas!

Como el cachondeo duraba bastante y, a fin de aumentar los ingresos en las universidades (en ese momento el número de alumnos estaba disminuyendo alarmantemente en algunas de ellas) se sacaron de la manga -en una reunión entre responsables educativos, rectores universitarios y algunos sindicatos educativos-, un máster que capacitaría a todos los titulados universitarios en enseñanzas superiores en pedagogía educativa, ergo en capacitación docente. Es decir, que todos los «zoquetes» que, llevamos años, y en muchos casos décadas, dando docencia en secundaria, el no tener ese máster es la causa de nuestra falta de capacidad docente. Curiosamente, ese máster no sirve para nada más que para poderte presentar a las oposiciones o, ingresar en las (en muchas CC.AA. y especialidades) abultadas bolsas de interinos de secundaria. En ningún momento permite, a pesar de en algunos casos cursar cientos o un millar de horas, la posibilidad de presentarte a las oposiciones de primaria, ya que la pedagogía necesaria para tratar con ese tipo de alumnos sólo se imparte en las carreras de magisterio, según el propio Ministerio.

Otro grave inconveniente es el nulo reconocimiento del máster a efectos de poder realizar un doctorado, ya que no se incluye en la lista de másters homologados por el MEC para la obtención de ECTS (los créditos europeos) que te permiten el acceso a él.

En definitiva, y sin entrar en otras incongruencias que presenta este máster, se trata tan sólo un impuesto revolucionario para los que, en un futuro, tendrán en sus manos la Educación de este país.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

8 Comments
  1. Que lástima, si es que el proceso de Bolonia no traía nada nuevo. Ya sabía que se iba a tener que pagar por un puesto de trabajo, es más yo mismo tengo la deuda del préstamo renta universidad que pedi para cursar el máster tic ( por lo menos el mio si me sirvió para el doctorado), pero que encima la capacitación docente no se realize o se haga en función de universidades privadas o públicas me parece un auténtico » cachondeo».Entonces ni CAP ni Máster de Secundaria, como dices bien , dejamos la educación no en manos de que por vocación quiera ser profesor sino aquel que el padre le pudo pagar el máster.
    Saludoss

  2. Ciertamente los másteres son los robos político-culturales institucionalizados y legalizados más increíbles del siglo; y parece mentira, con la cultura que se supone tienen nuestros jóvenes que los hacen, que les sigan la corriente y no se enfrenten a ellos y a los que permiten su promoción (por ejemplo, no matriculándose a ninguno y organizándose, aunque ya existen organizaciones de estudiantes en las facultades, para exigir que lo mismo que se estudia en los másteres, se estudie en la carrera, porque si no, no tiene sentido lo que están estudiando.)

  3. Y todavía mejor. No sólo es que tengas que estudiar un porrón de horas porque según ellos no eres apto para dar clases (curioso que un alumno sólo por hacer ese máster vaya a saber más que alguien que lleva un porrón de horas dando clases de verdad). Es que además, aunque sea para dar clases de castellano, te exigen tener un B1 de un idioma extranjero. ¿Alguien me lo explica? ¿En qué hay que dar las clases de lengua y literatura castellana ahora? ¿En chino? Eso sí, mientras te consigues el idioma, otro año que no puedes ejercer a no ser que lo hagas en una academia o con clases particulares y, a parte del precio del máster, te dejas otro tanto en aprender el idioma extranjero. Consecuencia: los únicos que van a ser profesores van a ser aquellos que tengan dinero, valgan para ser profesores o no. ¡¡¡¡Viva la calidad de la enseñanza!!!!

  4. ¿No supone la vulneración del principio de trato equitativo? Para la convalidación, por experiencia docente, de la formación pedagógica, a los que son profesores técnicos de FP con títitulo de FP, le reconocen la experiencia hasta sep-2014. Y a los profesores técnicos de FP con título universitario, sólo hasta sep-2009. ¿No es esto una ilegalidad?

    Gracias y un saludo

  5. Gracias por este artículo, se agradece muchísimo leer a profesionales que no recurren al corporativismo ni defienden lo indefendible. Gracias de verdad.

    Han pasado tres años desde el último comentario y en este período de tiempo el CAP ha subido 1000e en las universidades online.

    La situación de muchos es similar a la mía, supongo: 12 años de experiencia en academias impartiendo a personas desde E.S.O hasta Universidad; cuando el CAP aún no era Máster me ofrecieron de puro enchufe trabajar en un cole, cosa que no acepté porque pensaba que no tenía la suficiente experiencia para ello. Qué error.

    Sigo en una academia, por supuesto. Los profesores de academia no podemos acceder al CAP de la universidad pública porque al menos en Euskadi se imparte de tardes. Tenemos que ahorrar todo lo que podamos y pagar entre 4500 y 8000 que llega a costar el Master online. Y la peor parte: corregir ejercicios mal hechos por profesores «de verdad» que han accedido a la educación pública sin haber dado ni un segundo de clase y sin prepararse las clases de una asignatura que no dominan, bien por ser una de aquellas afines desafinadas, bien porque han pasado 10 años trabajando en algo que nada tiene que ver con la asignatura que imparte pero que «da igual porque esto es sacarse el CAP y ya está». Le sumamos a esto la poca credibilidad que tenemos los profesores de academia (hasta que nos conocen, claro) y la frustración resultante es inmensa.

    Este curso que viene pagaré el impuesto revolucionario (yo diría más bien mafioso), entrampándome como nadie. La chica de información me ha dicho «tranquila, sé que es dinero pero aquí aprueba casi todo el mundo» como si eso fuera algo bueno.

    Asusta muchísimo pensar que efectivamente cualquiera puede ser profesor por un nada módico precio, inconsciente de la responsabilidad que supone serlo en un colegio o instituto.

    Enfin… Como siempre les digo a mis conocidos que entran a un cole viniendo de la nada «tened por favor en cuenta que un futuro gran periodista puede acabar estudiando química sólo porque su profesor de lengua era un inútil»

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