El MEC y los libros de texto

Principio de curso. Colas en las librerías. Bonos y cheques-libro en diferentes Comunidades Autónomas. ISBNs equivocados. Devolución y cambio de libros. Docentes que se ven obligados a usar un libro que no han elegido. Discusiones sobre la calidad de los libros de texto. Programación inicial con el fin de acabar el temario marcado en los mismos. Hablemos de forros y forrado. Pongamos el nombre. Reciclemos libros del año anterior. Búsqueda desesperada por parte de demasiados docentes del solucionario…

En definitiva, lo mismo que sucede al inicio de cada curso escolar. Libros de texto dominando la metodología y, gran parte del colectivo docente necesitado de una Biblia que les guíe en sus homilias diarias con sus alumnos. Borregos institucionales (o institucionalizados por las multinacionales).

Anaya, Barcanova, McGraw-Hill, Santillana, Edebé, Teide, etc. frotándose las manos con el negocio de la venta de libros de texto (más del 60% de muchas de sus facturaciones finales) que, con la connivencia del Ministerio de Educación (o de la Consejería de turno) se encargan de financiarles su «negocio». Un negocio montado a costa de los alumnos… en definitiva, a costa de la sociedad.

Eso sí, gran cambio en pleno siglo XXI. Conversión de libros en papel a digitales… más baratos, pero con la misma calidad (más que cuestionable) y margen de ganancias superiores para esas grandes empresas del papel, reconvertidas en meretrices de la digitalización educativa. Infumables pdf aderezados con maravillosos vídeos (¿sacados de Youtube o Vimeo?) para demostrar lo puestos que están en nuevas tecnologías y el apoyo que hacen de, esa Escuela 2.0, tan negociada y vendida cual compra en Ebay.

¿Ganas de cambio? ¿Para qué cambiar cuando la mayoría de docentes están encantadísimos con sus maravillosos manuales autodirigidos y de nula necesidad de elegir rutas diferentes (o sistemas de enseñanza nuevos)? ¿Para qué preocuparse en pasar horas de trabajo montando material, cuando el mismo se suministra en maravillosas cápsulas? Nespresso no ha dado en el clavo por innovación de producto, ya que sólo han adaptado la facilidad de uso de esas maravillosas cápsulas mediante la copia del negocio de las multinacionales del libro de texto.

Hasta aquí nada que decir… facilidad versus adaptación. Adaptabilidad a los recursos en vez de buscar que los recursos se adapten a la necesidad de nuestros alumnos. El cliente, las familias. El negocio, privado.

Tan sólo me entran dudas sobre el papel del MEC (y hablo del MEC, porque multiplicar las mismas por diecisiete me parece sacarlo de objetivo razonable). ¿Cuál es el papel del Ministerio de Educación en relación a los libros de texto? ¿Tanto poder tienen las multinacionales del sector, para que el Ministerio se muestre inane ante la sangría a nivel económico que someten a las familias con hijos en edad escolar de nuestro país curso tras curso?

Solución…fácil. Que el Ministerio edite un libro de texto para aquellos docentes que elijan ese material como base de sus enseñanzas (eso sí, traducido y adaptado a las especificidades de las Comunidades Autónomas). Realizado de cada una de las materias, redactado por excelentes profesionales de cada una de ellas y, de distribución gratuita a las familias (en formato papel y/o digital). ¿Alguien se hace a la idea de qué ahorro supondría eso? Eso sí, incentivando la creación y el uso de recursos educativos propios por parte de los centros educativos (más adaptables a la realidad de su alumnado) y, favoreciendo la distribución bajo licencias libres y continua actualización de los mismos.

¿Tan difícil es llevarlo a cabo?

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

11 Comments
  1. El MEC podría tambíén tener su propia fábrica de pupitres, papel, libretas etc…
    El problema no es el MEC, el problema es, como comentas, los docentes que no escogen nuevos caminos. Si muchos lo hicieran la cosa cambiaría.

    1. En principio, a lo que comentas, no sería descabellado en cuanto al tema de los pupitres (ya que las empresas privadas externas suministradoras de los mismos, te obligan a comprar en el mismo pack la silla y la mesa, aunque sólo necesites uno de los dos elementos).

      Pero, hablando de lo fundamental, que es la cuestión de los libros de texto… habiendo como hay, y como muy bien dices, demasiados docentes que no escogen nuevos caminos, quizás convendría que fueran las propias Administraciones (MEC o Consejerías) quienes suministraran los materiales de consulta básicos que puedan necesitar (a ellos y a las familias). Ello, no obsta en ningún momento, la posibilidad de que editoriales puedan ofertar productos innovadores que puedan facilitar ese aprendizaje (eso sí, siempre teniendo en cuenta que el material básico habría de ser de confección y distribución pública).

    1. El artículo habla sólo de la necesidad de eliminar la sangría que, curso tras curso, sufren las familias con niños en edad escolar al enfrentarse a la compra de sus libros.

      En referencia al excesivo porcentaje de docentes que usan exclusivamente el libro de texto, sería otro tema a abordar pero que no es el objetivo (ni la reflexión que se pretende incorporar) de este artículo.

  2. Hace ya varios años que no uso (Bueno, usaba… el cambio de centro me lo ha impuesto) libro de texto y enfoco mis clases por tareas (al que esté puesto en enseñanza de idiomas, el task-based learning). ¿que trabajo mucho? pues sí ¿que los alumnos muestran una motivación increíble, se responsabilizan de su propio aprendizaje, te agradecen la labor que estás haciendo por ellos y obtienen resultados infinitamente mejores? pues también.

    A ver cuánto tardo en convencer a mi nuevo departamento de esto 😉

    1. Es una pena que este año «te obliguen» a usar un libro de texto que, por lo que comentas, ni has elegido ni te conviene. Lamentablemente esta es una casuística muy habitual en la que se encuentran muchos docentes que llegan nuevos a los centros que, con la existencia de un «material de apoyo» (ya no lo llamo libro de texto) universalizado y adaptable, quizás permitiría que ese hándicap desapareciera.

      Suerte con tu nuevo Departamento 😉

  3. Felicidades por el post. Es increíble como (1) los profesores nos conformamos con ser simples ejecutores de planes educativos cerrados y rígidos elaborados por terceros (empresas) sin respetar los diferentes niveles de concreción curricular diseñados para adaptarnos a las diferencias entre alumnos y aquellas asociadas a los territorios. También (2) es increíble como algunas administraciones públicas, conscientes de la aberración, subvencionan proyectos basados en el libro tradicional escaneado (la mayoría son así) y, por último, (3) es increíble (o no lo es) como las propias editoriales de libros de texto no evolucionan para adaptarse a la Sociedad de la Información, e intentan agonizantes hasta morir aprovechar la última peseta que puedan recabar (me viene a la mente la carta de Jordi Adell http://elbonia.cent.uji.es/jordi/2010/06/06/carta-a-los-editores-de-libros-de-texto/). Saludos!

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