El movimiento maker en nuestras aulas: la necesidad de volver a los orígenes

Recuerdo con añoranza los primeros años de mi asignatura. Una asignatura -Tecnología- incorporada como oferta obligatoria en la LOGSE para el alumnado de Secundaria y que, dentro de su filosofía, estaba la necesidad de «aprender haciendo». Sí, antes de que los libros de texto nos bombardearan con multitud de conceptos teóricos sobre lo que debería darse en el aula y, cuando aún no existía ni se vislumbraba ninguna limitación a nivel de espacios de trabajo o dotaciones disponibles, uno empezaba a soñar. Soñaba con hacer con sus alumnos lo mismo que había visto en las películas americanas. Esos grandes talleres y espacios plagados de maquinaria que aparecían en esos relatos juveniles del High School. ¿Qué docente de Tecnología no se ilusionó al ver la posibilidad de hacer con sus alumnos cosas simplemente por el hecho de hacerlas? ¿Quién no sentía ese cosquilleo al ver como sus alumnos cogían la caladora, cortaban la madera, claveteaban y daban forma a esos objetos que, una vez finalizados se llevaban con orgullo a casa? Yo lo sentía. Era una sensación muy agradable.

Fuente: http://www.elmundo.es
Fuente: http://www.elmundo.es

Hoy en día la situación ha cambiado completamente. Cada vez son más los docentes de Tecnología que optan por los simuladores y la parte más teórica que les marca el libro de texto. Ahora ya podemos dejar que sean otros los que nos marquen lo que debemos hacer y, por desgracia, a la comodidad es muy fácil rendirse. Y no voy a discutir acerca de la comodidad de explicar contenido, realizar exámenes teóricos y obligar a los alumnos a comprar kits prefabricados donde, lo máximo que tienen que hacer es colocar las maderas ya cortadas y los elementos eléctricos en la posición que les marca el plano. Nada, un aula como la de Tecnología que acabe limpia al acabar la jornada laboral es que no está siendo utilizada como toca porque «el hacer» ensucia por mucho que pongamos medios para evitarlo.

Ahora estamos inmersos en el movimiento maker (sí, los anglicismos, como siempre, a la orden del día). Un movimiento que reivindica el aprendizaje mediante la realización de diferentes objetos. Algunas experimentaciones con Arduino, Raspberry o robots de diferentes tamaños y formas. Todo ello acompañado por su dosis de simulación virtual y por la nula dotación económica en los centros por parte de la administración para lo anterior. Sí, se echa de menos este tipo de materiales pero, por desgracia creo que nos estamos pasando de frenada. Creo que convendría volver a los orígenes. A la experimentación que supuso la aparición de Tecnología. A desterrar libros de texto y kits prefabricados de montaje. A dejar volar la imaginación para que nuestros alumnos se ensucien y trabajen con herramientas de uso habitual. El movimiento maker no es sólo hacer robots o programar usando Scratch, el movimiento maker debería significar una vuelta a los orígenes. Unos orígenes en los cuales nuestros alumnos se ensucien porque, sinceramente, uno que haga cosas nunca puede acabar impoluto 🙂

Yo tengo necesidad de volver a los orígenes. Eso sí, volver a los orígenes, en este caso, nunca debería ir reñido con experimentar con las novedades que nos lleguen porque así tenemos un abanico más amplio con el que seguir haciendo cosas. Y ese debería ser el objetivo de la Tecnología en las etapas obligatorias.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

3 Comments
  1. Ola Jordi,

    Vengo pensando desde hace un tiempo que, como sigamos innovando, pronto vamos a descubrir la LOGSE 😉

    En el caso del movimiento «maker», coincido mucho con lo que comentas, los motivos para promover su implantación en la escuela y los beneficios que se le suponen son calcados a lo que se esperaba de la tecnología cuando se creó hace ya unos cuantos años. Para mi es muy bueno que, sea cual sea el nombre que le pongamos, volvamos, como dices, a esos orígenes.

    Si que querría subrayar un par de cosas:

    – Lo «maker» no es únicamente hacer cosas, también es muy importante el como se hacen. Si no hay espacio para la creatividad, para trabajar a disitintos ritmos, para la iniciativa personal, para colaborar y aprender entre iguales… nos estamos quedando en la superficie. Está claro que esto es muy difícil de conseguir en el sistema actual, pero por lo menos creo que nos lo tenemos que plantear como objetivo y filosofía de base.

    – «Maker» no es usar Arduinos ni imprimir en 3D. Aunque estas sean dos herramientas estupendas, no son indispensables para poder disfrutar y aprender haciendo cosas. Proyectos muy sencillos, completamente «low-tech», pueden aportar muchísimo al aprendizaje.

    – Si lo «maker» se queda encerrado en una asignatura, no habremos conseguido nada. Ya en la LOGSE la asignatura de tecnología se presentaba como una oportunidad para trabajar contenidos de manera interdisciplinar y aplicada, pero eso, creo yo, no se convirtió en norma. Es esencial que el trabajar con las manos se relacione con todas las áreas de conocimiento, o el potencial de «aprender haciendo» se perderá.

    Un saludo!

  2. Me has recordado mis años de la EGB cuando en las clases vespertinas cursábamos la materia «Pretecnología». Reconozco que sufría en las clases porque desde pequeño no he sido muy mañoso pero me ha venido a la memoria los numerosos trabajos que realizábamos: dibujos en los espejos, telares, peluches de tela, tiovivos de madera, costura, figuras de alambre, arcilla, maquetismo, uso de la segueta, figuras de escayola y muchas cosas más.

    Me he emocionado porque la mayoría de las veces, debido a mi falta de maña, el trabajo lo terminaba en casa con la ayuda de mis padres. Y compartir ese momento era genial pues te animaban a superarte.

    También he añorado a aquellos maestros que me dieron esa clase y que se esforzaban en ser creativos para transmitir la ilusión en aprender haciendo.

    Son muchas cosas buenas las que tenemos en nuestros orígenes. Y no estaría mal echar la vista atrás. Un saludo.

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