El mundo del anónimo, del troll y de los mentirosos compulsivos

Debo reconocer que las redes sociales se están convirtiendo, al menos a nivel de aprendizaje o debate educativo, en un lugar donde todo el mundo juega a ver quién la dice más grande. Entre cuentas de padres o madres que se escudan en el anonimato para generalizar percepciones subjetivas que afectan a sus retoños. hasta personajes que no tienen ningún tapujo en reconocer que debería «hacerse negocio desde las etapas infantiles» o instaurar unos métodos de subvención educativa que permitieran segregar a sus hijos a bajo coste. Sí, supongo que es porque no pueden gasear al personal que piensa diferente de ellos y que, por desgracia, se ven obligados a tolerar porque forman parte de una sociedad que, para ellos no es la óptima porque no respeta sus necesidades individuales. Bueno, más bien porque no las subvenciona con el dinero de todos porque, sinceramente, para ellos no hay derecho que los inmigrantes o personas con pocos recursos compartan las aulas con su descendencia no sea que les peguen alguna mala enfermedad de esas que todos saben que traen esa «gentuza». Y ya, cuando hay el típico que se esconde tras un nombre ficticio y una careta que te habla de porcentajes que nadie sabe de dónde salen para defender su postura, la situación se convierte en totalmente surrealista. No, las redes se están convirtiendo en un terreno óptimo para que se desarrolle la conversación típica de la barra del bar cuando alguno necesita soltar su ideología y pretender que todo deba acomodarse a la misma. Da igual en el sector político en el que se englobe, lo importante es sólo considerar aquellos datos que le beneficien, manipular los que no lo hacen e, incluso, llegar a afirmar falsedades y quedarse tan a gusto.

Fuente: https://thestack.com
Fuente: https://thestack.com

El anonimato de las redes es algo problemático. Algunos se envalentonan, escudándose en la imposibilidad de dar la cara por «miedo a represalias» o a «perder el trabajo». Coño, que luchadores por los derechos laborales y que valientes son tras un monigote o bajo nombres más falsos que una moneda de chocolate. Ojo, no se te ocurra decirles nada sobre ello ya que siempre tienen la excusa perfecta para justificar lo anterior… es que no vale lo que se dice bajo el anonimato o, sinceramente la típica y tópica: es que eres funcionario así que no entiendes nada de nada.

Nada, si uno quiere arreglar las cosas que las arregle donde toque hacerlo. Que se deje de papanatismos y debates estériles, en demasiados casos muy politizados (harto de aquellos cavernícolas cuyo único objetivo es defender las consignas de su partido), y se ponga a actuar. Si uno se queja del centro al que va su hijo o hija que se plante ahí, use los mecanismos que tiene (tiene más de los que parece) y que acuda a instancias superiores para dar la lata. Que lo de decir lo malos que son los profesores y extrapolar una situación personal a un colectivo formado por más de medio millón de personas se las trae. Eso sí, seguro que queda bien ese lloro gratuito por las redes y encuentra su club de colegas que le dan un abracete virtual cariñoso. Que un anónimo necesita su gente. Que no tiene sentido mantenerse como tal a menos que consiga auditorio. Y, lo más grave, es que hay personas que le ríen las gracias y se creen a pies juntillas lo que cuenta. Da igual que ni se identifique correctamente ni aporte dato alguno, lo importante es que dice lo que algunos quieren oír. Y así nos va.

Ayer acabé hasta los mismísimos de personajes anónimos, de trolls más o menos simpáticos y de tener que escuchar -más bien ver, por tratarse de tuits- la desfachatez que tienen algunos en decir barbaridades sin justificar o bajo premisas que, por desgracia para ellos, se desmontan a los pocos segundos. Eso sí, vamos a ver quién es el guapo que, cuando uno está convencido de algo, puede desmontar esa historieta que se ha montado en su cabeza. Que ya, cuando uno llega a unas edades, desprogramarlo no es que cueste… se hace imposible.

Me vais a disculpar queridos trolls y personajes anónimos de internet que, a partir de ahora os obvie en las conversaciones. Eso sí, os prometo que, cuando el tedio se apodere de mí jugaré con vosotros 🙂
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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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