El otro lado

Cuatro días. Estos son los días que llevo en el otro lado. Después de veinte años de aula, como muchos sabéis, por culpa de un maldito café (bueno, no del todo pero prefiero dotarlo de versión romántica y edulcorada) estoy trabajando fuera de ella. No lo considero una promoción profesional ni, tampoco, me considero mejor o peor que nadie por haber tomado la decisión. Otra cuestión es que, por suerte o por desgracia, voy a comprobar si muchas cosas de las que llevo diciendo estos últimos años son ciertas o, quizás se me escapaban muchos matices. Y creo, por lo que llevo viendo, que se me escapaban muchos matices. Pero no vayamos adelantando acontecimientos.

Fuente: Shutterstock

Este curso estoy en la parte que se encarga de la gestión educativa. Bueno, en una pequeña parcela en la que, por motivos que enseguida entenderéis, aún no estoy integrado. Los ritmos de integración son lentos. Muy lentos. Más aún cuando hablamos de un mastodonte como puede ser gestionar a cientos de personas, cada uno en diferentes servicios, con un elemento de burocracia y manera de hacer las cosas perpetuado por muchas décadas. No es que no se puedan agilizar las cosas. Es que es imposible, tanto por el volumen de las cosas que se hacen como por la necesidad de urgencias que suceden a diario. Tengo a mis compañeros que llevan años sacando adelante muchas más cosas de lo que se pueden llegar a intuir por parte de quienes hemos dado o están dando clase. No es fácil el aprendizaje. No hay tiempos muertos. Hay muchas cosas que tienen que hacerse sí o sí. Y, lo increíble del asunto, es que se hacen porque, una cosa de la que me he dado cuenta (al menos en la parte de gestión en la que estoy) es que hay grandísimos profesionales. Otra cosa de la que también me he dado cuenta es que muchos se van en tiempos muy cortos y vuelven al aula. Muchos más de los que me pensaba en un inicio. Además, ni todos somos docentes, ni tenemos el mismo tipo de relación con la administración. Eso sí, todos trabajamos conjuntamente. Bueno, por ahora trabajan los demás porque los «novatos» nos estamos aclimatando.

No sé si es habitual pero se respira buen ambiente. Mejor que el de algunos Claustros. Eso sí, creo que tiene mucho que ver con situaciones humanas más que otra cosa. Buena gente hay en todas partes. Incluso sorprende que, con el trabajo que tienen, algunos puedan dedicarnos unos minutos a enseñarnos ciertas cosas para poder arrancar. Algo realmente complicado porque, sinceramente, los que habéis leído las doce pruebas de Asterix y Obelix y recordéis cómo lidiaban con la burocracia, no podéis ni intuir la realidad. Y lo más grave del asunto es que no es culpa de los que están trabajando ahí. Todo es muy lento porque siempre ha sido lento. Al menos en los trámites de este tipo. También toca sufrir alguna situación surrealista que te obliga a pedir papeles que tienes dos escaleras a la izquierda a cien metros fuera de la Conselleria. Bueno, por suerte aprendes a trampearlo rápidamente 😉

Todo es mucho más complejo de lo que parece. Los protocolos son mucho más rígidos de lo que nos gustaría a algunos. Rigidez que viene muy marcada por la normativa vigente. En un aula o centro puedes vadear ciertas cosas pero en la pura administración es otra cosa. No digo que sea mejor una situación u otra, pero te obliga a plantearte que, quizás, hay cosas que no se hacen porque no se pueden y no por falta de ganas de hacerlas.

Raro. Todo es bastante raro. Eso sí, me llevo por ahora más sorpresas agradables que desagradables. Y una de ellas es la necesidad de trabajar de forma colaborativa entre todos para que las cosas salgan bien porque, al final, son muchos los que intervienen en hacer ciertas cosas. Algo a lo que tocará acostumbrarme porque, ya sabéis que, por desgracia, es mucho más complejo lo anterior cuando cada uno tiene su aula y sus grupos.

Ya os iré contando más cosillas… y aprendiendo de la experiencia.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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