El principio de precaución

Ya sé que algunos seguramente tildarán, por diferentes motivos, el siguiente texto como una crítica absurda y poco fundamentada a un supuesto modelo educativo «avanzado» que lo único que pretende es la mejora educativa de un determinado territorio. Seguro que, bajo diferentes premisas, será posible defender ad hominem sus postulados y, cuestionar al igual que lo haré yo en las siguientes líneas, esta crítica. Bueno, sinceramente, más que crítica es usar algo que, por desgracia hemos dejado abandonado en el rincón de pensar, como es el uso del principio de precaución ante cualquier situación que afecte a algo tan importante como es el futuro de millones de niños.

Voy a intentar analizar, después de visualizar la presentación del vídeo que os cuelgo a continuación, leerme el artículo donde el director del proyecto transcribe su presentación y, cómo no, después de haber hablado con algunos docentes que trabajan en esos centros que ya se han sumado a la iniciativa lo que supone según mi opinión. Sí, estas semanas he tenido tiempo de hablar con quienes, en su día a día, están trabajando en centros educativos -tanto públicos como concertados- que se han incorporado a la red. Por cierto, si aún no intuís de qué os hablo, os estoy hablando de Escola Nova 21.

Jornada Escola Nova 21: Aliança per un sistema educatiu avançat

En primer lugar me gustaría comentar que me parece muy interesante que se esté mediatizando la Educación. Sí, a pesar de que en ocasiones discrepe de las formas cómo se hace o los motivos que pueden haber tras dicha mediatización, siempre es positivo que se hable sobre Educación. Más aún cuando hay algunos que creemos que la Educación es la clave para una mejora social. Una mejora que, a su vez, permitiría mejorar los valores éticos de la misma. La ética es muy importante. Mucho más que la empleabilidad o la mejora de resultados económicos.

Fuente: Twitter
Fuente: Twitter

Pero no nos vayamos por las ramas y empecemos a analizar qué supone la aparición de esta iniciativa, avalada por La Caixa, la Fundación Jaume Bofill la UOC, la UNESCO y con la receptividad absoluta por parte de la Conselleria d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya. Una iniciativa que, curiosamente, y tal como comenta en su imprescindible artículo Xavier Díez, aparece justo en el momento en que la Escuela Pública da un pequeño sorpasso a la concertada en la ciudad de Barcelona.

Curiosidades al margen e intereses, más o menos visibles, dejados a la interpretación de quien tenga ganas de conocer un poco más los entresijos del experimento me gustaría proponer el principio de precaución para la iniciativa. Por mucho que la iniciativa pretenda vendernos la mejora educativa que supone adherirse a su modelo tengo un problema importante con su mecanismo de captación. No, no me parece lógico que la adhesión implique automáticamente seguir unas líneas homogéneas de trabajo. No, no me gusta la homogeneidad educativa y me da la sensación (confirmada por algunos docentes de esos centros pioneros) que hay un cierto regusto a imposición. No olvidemos que los centros públicos que se han adherido a esta iniciativa son los mismos que están aplicando en el proceso de selección de profesores los mismos criterios que usa la escuela concertada. Y eso, para alguien que defiende un sistema meritocrático y transparente, da mucho miedo. Más aún cuando son de los primeros en establecer criterios de selección en función de un proyecto educativo y no en función de la valía profesional de los docentes (y sí, podemos cuestionar el modelo meritocrático que sólo premia los años de servicio pero no reconvertirlo en una especie de proceso de selección donde cada centro hace lo que le da la gana siguiendo unos criterios pedagógicos homogeneizados). Sí, hay docentes que me han comentado que se han visto obligados a acatar ese proyecto que les causa recelos por miedo a quedarse sin la confirmación del director el próximo curso. Y eso es muy peligroso. El miedo no me gusta. Menos aún el fascismo que subyace tras la frase «o se hace lo que dice el equipo directivo y se siguen esas directrices o despídete de que te confirmemos para el próximo curso». No, no es ficción. Sucede.

Más allá del proceso privatizador de selección del personal conviene analizar en qué se sustenta el modelo que proponen. Un modelo, tal como sustenta su director, basado en las teorías de Dewey que fueron ampliamente aplicadas en algunos centros del Estado de Nueva York y que fueron un auténtico fracaso. Seguro que sería factible alegar que el fracaso se produjo debido a errores en su aplicación pero, cuando una pedagogía fracasa y se achaca dicho fracaso a que no se siguen sus instrucciones, da qué pensar. A propósito, ¿alguien se ha puesto a analizar el modelo que subyace tras la pedagogía de Dewey y su relación con el cristianismo? Lo digo porque, curiosamente, los centros educativos que siguen abrazando sus posturas son de ideología religiosa y, en su modelo, curiosamente, a diferencia otros, no hay ninguna crítica al liberalismo y se habla abiertamente de la necesidad de las creencias para la mejora educativa. Nada, simplemente una curiosidad.

Además, también, resulta curioso que se abogue por volver a reunir en un solo centro, denominados Instituto-Escuela (sí, ya hay algunos centros públicos de este tipo en Cataluña), toda la enseñanza hasta la Universidad. ¿Tendrá algo que ver que todos los centros concertados tienen este modelo educativo? ¿Es realmente necesario copiar un modelo de funcionamiento que fue abolido al poco de ponerse en marcha en los centros públicos por determinados motivos? ¿Qué intereses subyacen realmente tras la necesidad de convertir y hacer convivir a los alumnos de edades tan dispares en un mismo centro? ¿Tiene sentido lo anterior? ¿A quién beneficia ese modelo? Y no, no me vale decir que a los alumnos porque, hablando con maestros y profesores de Secundaria, son una minoría los que defienden lo anterior. Incluso desde los centros concertados -aunque no pueda hacerse en voz alta por lo barato que supone mantener ese modelo de escolarización completa y lo que supone para evitar el éxodo de alumnos- se están alzando algunas voces en privado que me cuestionan lo anterior. Se puede analizar dicho modelo pero, sinceramente, ofrecerlo como solución a priori de un nuevo modelo educativo me preocupa.

Una vez realizada, de forma incoherente, el cuestionamiento a algunas cosas queda hablar de lo importante. De la necesidad del cambio sistematizado que exige esa «nueva» escuela. Un cambio que, como dicen, va a ser exhaustivo y ampliamente documentado. Eso para algunos que tenemos una cierta alergia a la realización de burocracia supone un auténtico problema. Más documentación no implica automáticamente mejora educativa. Y, quizás, esa necesidad de documentación y evaluación que se propugna desde este grupo sea totalmente opuesto a las necesidades reales de un sistema educativo donde lo que importa más es el hacer y el adaptarse a lo que se tiene en el aula más que a la necesidad de tanta documentación.

Otra cuestión capital es cuál es la función de la educación. En este caso se desprende claramente que el objetivo de la Educación es «desarrollar competencias para la vida». Algo en lo que podríamos estar todos de acuerdo si no se añadiera la coletilla de la necesidad de evaluar dichas competencias mediante pruebas estandarizadas (léase PISA) tal y como se defiende desde este nuevo modelo. PISA nos la pueden vender como quieran pero, sinceramente, una prueba gestionada por una organización económica de intereses privados y que obliga a que los alumnos aprendan tal y como marca la misma, es algo que, como profesionales de la Educación, debemos rechazar de plano. Y en el modelo Escola Nova 21 hacen apología descarada de PISA y la OCDE. Así que, algunos ya empezamos a tener más cosas claras y a que se nos encienda esa lucecita de alerta ante otro modelo innovador.

Seguimos con la necesidad que propugnan de incidir en la autonomía de centro y en el empoderamiento de las escuelas. Modelo que, a fin de cuentas, como he dicho al principio de mi argumentario, empieza por la necesidad de seleccionar a los docentes y obligarles a trabajar de una determinada manera dejando, en la estacada, a todos aquellos que cuestionen ese modelo homogéneo. Sí, será un mal modelo para aquellos que, por desgracia, tengan la necesidad de hacer las cosas de otra manera. Y eso, para algunos que adoramos nuestra libertad educativa -que no libertinaje-, nuestro trabajo diario siempre cambiante por las necesidades de nuestros alumnos y, la posibilidad de hacer cosas nuevas o tradicionales en función de lo que veamos, nos veremos obligados a renunciar a ello o no poder acceder a trabajar en esos centros. Más aún cuando desde dicho modelo propugnan la necesidad de establecer más normativas y supervisión acerca de lo que se está haciendo en las aulas. Lo siento, el comisarismo político en el ámbito educativo es algo que no me gusta. Menos aún en un ámbito donde debería primar la libertad y la heterogeneidad.

Y ya cuando se habla de que el cambio a ese nuevo modelo que, por lo visto ya cuenta con el aval de la Consellera d’Ensenyament y la Diputación de Barcelona, va a durar sólo tres años es que a uno le da por preocuparse porque, por desgracia, a mí me preocupa qué va a pasar con mis alumnos.

No, no pido en este artículo que nadie se posicione a favor o en contra de la inciativa. Tan sólo pido que, al igual que he intentado hacer yo en estas líneas, se planteen qué supone lo anterior más allá de lo que se está vendiendo y que, al igual que deberíamos hacer siempre en temas educativos, apliquemos ese principio de precaución que, da la sensación que tenemos muy abandonado.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

11 Comments
  1. Lo que nos sorprende de su artículo es la afirmación de q Escola Nova acepta someterse a las pruebas PISA para su evaluación. Nos sorprende porque, igual estamos equivocados, creíamos que evitan todo lo que sea evaluación externa y que se acogen a la retórica de la distinta velocidad de aprendizajes.
    Nosotros abogamos por autonomía de centros y por su contrapartida necesaria de rendición de cuentas. Por eso, Escola Nova nos parece bien si 1) no se plantea como modelo a imponer en el futuro y 2) si se someten sus centros a evaluación externa que permita comparación con otros modelos, sea por medio de PISA o por otros modelos de medición

    1. Eso es lo que se comenta. Supongo que si acepta lo anterior para su grupúsculo, afín a organizaciones económicas y empecinados en cargarse la escuela pública por directrices superiores, ya lo darían por válido. Y sí, además pueden poner alguna cuña electoral de su partido aún mejor. Qué tristes sus argumentaciones y descalificaciones que, por desgracia, algunos llevamos soportando demasiado tiempo 🙁

  2. Ya volvemos a las mismas. Es que en este país siempre se ha de aplicar lo que ya ha fracasado en otros anteriormente? Ya pasó con la ESO después de fracasar en Francia, ahora un modelo también fracasado, pero en USA. Si lo que ha fracasado fuera aquí aún lo fracasa más y peor. Menudo país, estado o como le quieran llamar!

    Y encima lo de l’institut-escola, es que ya … Con las ganas que hay de canviar de cole cuando se va creciendo. Mejor como antes a los 14, pero hasta los 18! Está claro que la administración no se acuerda de cuando iba al colegio.

    No hay ningún modelo no fracasado en el qual inspirarse?

    1. OJO

      La educación en esos centro privados (negocios), no es oro lo que reluce. El profesorado deja mucho que desear al no habertenido que superar oposiciones. NADA QUE VER CON EL MODELO NORDIDO garantizado por el estado

  3. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero no puedo evitar comparar las «innovaciones» en educación con las pruebas farmacéuticas de nuevos medicamentos, en estos últimos, el control es muy estricto, y primero se realiza una prueba con un grupo de prueba y se compara con un grupo testigo, haciendo un seguimiento durante unos años, para evaluar efectos secundarios, antes de lanzarlo al mercado y evitar grandes males.
    Pues bien, nuestros alumnos deberían estar sometidos a los mismos requisitos, pensemos que un grupo, más o menos numeroso, o un centro entero, que se ha sometido a experimentación, y resulta que por una mala metodología se les hace perder los mejores años para su preparación para el futuro, es problemático, pero y si es una comunidad autónoma o un país el que se ve sometido a ello, ¿ a quien se pide responsabilidades?, en el caso de la farmacéutica esta claro, no es a los médicos que han realizado la prueba (los profesores en nuestro caso) sino a la empresa farmacéutica, pero por norma, los políticos que implantan todas estas «experiencias-experimentos» están exentos de responsabilidades en el ejercicio de sus funciones.
    Siento mucho parecer conservador en este asunto, pero somos responsables de la formación de los alumnos, y cada uno de ellos, a su ritmo, no al nuestro, y no al de la Administración, debe ser preparado para su integración futura en la sociedad, por lo que la evolución de las políticas educativas, debería ser muy comedida, y la diversidad de las metodologías muy amplia para que cada docente pueda elegir las que mejor se adapta en ese momento a su grupo de alumnos, y que no tiene por que ser siempre la misma.

    1. Toda la razón pero con un pequeño detalle… no es lo mismo una prueba médica (cuyos resultados pueden ser más controlables a corto o medio plazo) que una prueba educativa con resultados a más largo plazo. No es luchar a ser conservador o tradicional, es ver qué necesitamos para mejorar la educación y cuál es el sentido de lo que hacemos.

      Un saludo y gracias por pasarte por aquí.

  4. Buenas tardes, me interesa mucho lo que escribes porque soy una madre que está presenciando delante de sus ojos todo este espectáculo educativo, muy preocupada por la situación. Pero me gustaría hacerte una matización. No he leído a Dewey directamente pero sí he leído a Taylor Gatto en su «historia secreta del sistema educativo» y otros autores y más bien dicen lo contrario que tú, que estaba con el gran capital corporativo monopolístico de los Rockefeller y demás y que su filosofía era más bien atea.Saludos.

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