El problema son los discursos

Voy a aprovechar este post para romper una lanza a favor de TODOS los docentes que, usando determinadas herramientas y/o metodologías, quieren lo mejor para sus alumnos. Ya no hablo de cuantificar solo el grado de aprendizaje de sus alumnos y, sí también, de su implicación. Por cierto, me gustaría que se entendiera el concepto de implicación como el de profesionalidad porque, al igual que sucede con otro tipo de discursos, da la sensación que un docente implicado deba ser aquel que trabaja horas infinitas, innova por encima de sus posibilidades o, simplemente, vive para y por la docencia. Y eso jamás ha sido ser buen docente. Eso es otra cosa.

Fuente: YouTube

El gran problema no es que un docente (o varios) usen flipped, ABP o gamifiquen en ciertos momentos su aula. Tampoco lo es la robótica, usar kahoots, Scratch o, simplemente, hagan otro tipo de cosas que se alejan de los cánones más habituales. Por cierto, tampoco es un problema que se use puntualmente un libro de texto o que, a veces, se tire de un modelo de clase más unidireccional. Jamás ha sido lo anterior un problema.

Lo problemático es la articulación de ciertos discursos que están surgiendo hablando de milagros. O, simplemente, discursos que se basan en contraponer «lo bueno que es uno» con lo «malos que son los demás» por hacer o usar tal o cual herramienta y/o metodología. O, simplemente, reducir al máximo los errores para vender solo los resultados que han funcionado. En un aula, lamento deciros, que no todo funciona. Y voy a ir más lejos, jamás funciona lo mismo en otros grupos e, incluso, en el mismo grupo en diferentes momentos. Hay muchos condicionantes que hacen que, al final, lo que toque hacer sea adaptarse. Bueno, seamos sinceros, es una profesión en la que, o te adaptas a los alumnos en cuanto a cómo das la clase o, simplemente, estás abocado al fracaso más absoluto. Una de las razones para no imponer metodologías previas a conocer al grupo de alumnos.

A mí los discursos absolutos o absolutistas nunca me han gustado. No hay varita mágica ni soluciones extrapolables. Hay mucho trabajo para conseguir que nuestros alumnos aprendan y, al final, quedarnos con mantras como el de manipular el concepto de clase magistral, la instrucción directa o, creer que el alumno es un sujeto pasivo, es algo que no debería hacerse. Más que nada porque anula cualquier tipo de debate serio.

Nunca me había planteado cuestionar ciertas cosas porque yo también creo que hay estrategias para hacer las cosas mejor en el aula. El gran problema es que, al final, te obligan a cuestionar el discurso. Y, como seres humanos, acabamos cuestionando al discurso y añadiendo una crítica descarnada a lo que vende ese alegato. Algo muy poco productivo.

Es muy complejo el debate cuando tantos tienen la razón y, tan pocos se atreven a bajarse del burro. Supongo que es una cabezonería típica de nuestra profesión porque, al final, todos nos acabamos quedando en el discurso. Un discurso que debería ser lo menos importante pero que acaba convirtiéndose en el gran problema.

No sé si me explico, pero creo que se me entiende bastante bien qué quiero decir. O eso espero.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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