¡El señor Deberes a los tribunales!

En un lugar muy lejano o muy o cercano, según se mire, un evento provocó que miles de reporteros de todo el mundo, miles de tv, radios, periódicos estuvieran pendientes de lo que sucedía en aquella ciudad. No era un concierto de David Bisbal, no era un miting de Rivera, no era un anuncio publicitario de Ronaldo ni, mucho menos, un plató de Salvame Deluxe…

En los juzgados, tenía lugar uno de los casos más curiosos de los últimos años, se juzgaba al Señor Deberes y la necesidad o no de “castigar” “sancionar” los niños y niñas que no hacían los deberes y por tanto provocaban la  posible condena de este honorable e histórico miembro ancestral de la escuela de antes y de ahora.

Este caso, había despertado el interés de pedagogos, maestros, psicólogos, de asociaciones de padres y madres pero, también de canales sensacionalistas. ¿La conveniencia o no de los deberes en casa en la Primaria tenía razón de existir? ¿Servían para algo?

Los dos abogados tenían suficientes argumentos para estar convencidos de que el juez les daría la razón. Después de dos días escuchando los testigos de cada parte, había llegado el momento de las conclusiones finales, por la tarima habían pasado maestros totalmente a favor de poner, otros más contrarios, padres y madres desesperados, otros que ni se presentaron, otros que insistían en que aún había pocos …

Fuente: e-faro.info
Fuente: e-faro.info

La acusación comenzó a exponer sus conclusiones finales ante la mirada atenta de unos niños expectantes. Diferentes argumentos dados con un tono seguro y contundente. El primero fue que los niños y niñas ya están bastante tiempo durante el día a la escuela y que necesitan hacer otras actividades para las que no hayan de estar sentados. Deberían hacer actividades que requirieran más movimiento y trabajar otras capacidades que en la escuela no se llevan a cabo. Otro argumento que expuso el fiscal fue la ineficacia de los deberes en el aprendizaje. Explicaba que, muchas veces, los deberes son repeticiones absurdas de lo trabajado en clase y no favorecen en nada el aprendizaje. Finalmente, otro argumento de los que estaban en contra era que los deberes pueden provocar diferencias entre unos alumnos y otros, ya que hay muchos que, o bien no tienen a nadie que les ayude o les haga hacer, o bien no tienen espacio, o bien no tienen tiempo para hacerlos. Huelga decir que al terminar su exposición la cara del Señor Deberes era un poema y contrarrestaba con la cara de alegría de muchos muchachos.

A continuación tomó la palabra el abogado defensor ante la mirada suplicante de un señor Deberes que ya se veía en la cola de la INEM. El primer argumento de la defensa fue que los deberes eran básicos para reforzar lo que se trabajaba en clase y que, con estas repeticiones, se conseguía que el alumno/a consolidara lo que se había aprendido. El siguiente argumento era trabajar los hábitos: el esfuerzo, la responsabilidad eran valores suficientemente importantes y que con los deberes se trabajaban mucho. La implicación de las familias fue el argumento que provocó algunos aplausos en la sala ya que con los deberes se conseguía que las familias participaran en el aprendizaje. Finalmente, el abogado defensor explicó que los deberes pueden ser trabajos de investigación fuera del aula y que no deben implicar una repetición sistemática sino abrir las puertas de la creatividad y de la investigación.

El juez después de escuchar con atención a los dos abogados marchó a deliberar para tomar una decisión: Seguir como estaban o ¿enviar al señor Deberes a hacer otra tarea social? ¿Qué decisión tomar? …

Y aquí termina la historia. Desgraciadamente todavía está deliberando, y así van pasando los años. Hay algunos maestros que siguen enviando deberes y más deberes, otros que ya han desistido por desgana, otros que por convicción no pedimos, otros que de vez en cuando y sin mucho sentido, otros que buscan las maneras de fomentar el pensamiento crítico fomentando la investigación, etc.

Como siempre “cada maestrillo con su librillo”

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Joan Moya

Profesor de primaria de la concertada, en una escuela muy pequeña de Barcelona. Me defino intentando mantener un orden de prioridades: como persona o ser humano, padre, hijo, profesor, deportista jubilado y entrenador de fútbol sala. Uno no puede enseñar si no está día a día aprendiendo.

2 Comments
  1. Estoy totalmente de acuerdo. Soy madre y hay profesores que trabajan enormemente, se nota en clase y en casa. Dado que los niños llegan a cas motivados y con ganas de seguir. Lo he podido comprobar con mi hija mayor. Tiene una profesora que los motiva muchísimo y los engancha. Por el contrario, también he podido comprobar la otra cara de la moneda. Profesores que van a pasar el día. Que no preparan las clases. Que siguen un libro sin más, sin buscar otras alternativas y cuya única motivación es que acabe la semana. De ahí, niños agotados con deberes, que no entienden lo explicado en clase, dado que la explicación consiste en leer el libro. Y padres que tenemos que realizar la labor del profesor a la vez que padres(también hay padres que no se merecen serlo) Un saludo y gracias a esos maestr@s que lo sienten, lo viven y lo transmiten.

  2. Creo que es mejor dejarlo “a la carta”, consensuándose con los padres. Si la familia y el maestro consideran que no hay necesidad de deberes, no se mandan. Si se cree conveniente se pueden mandar tareas que sean de adaptación, mejora, refuerzo, investigación, dependiendo del nivel del alumno que sí precise deberes, según acuerdo entre familia y profesorado.

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