El sexo de los ángeles

No tengo muy claro si existen los ángeles ni tampoco me importa, realmente, el sexo que los mismos tengan. No me preocupa la filosofía barata que me diga si un ángel pertenece al sexo masculino o femenino. Bueno, sinceramente, me preocupan bien poco las investigaciones que se dedican a demostrar la existencia de esos seres fantásticos. Lo que sí que me preocupa es cuando el sexo determina determinadas afirmaciones o decisiones. Me preocupa que unos justifiquen la discriminación positiva frente a la necesaria igualdad. Me preocupa que cualquier decisión sea tomada en clave sexista cuando lo importante es la propia decisión. Sí, me preocupa que aún genere más importancia que la existencia de seres fantásticos, el fantasear con su sexo.

Fuente: Morguefile
Fuente: Morguefile

Estos días se ha conocido que un maestro ha sido elegido para participar en un determinado premio. Curiosamente, comenta alguien, se trata de un hombre en un colectivo donde hay una mayoría de mujeres. Tristemente, seguimos priorizando sexo por razón. Glándulas más o menos desarrolladas con competencia profesional. Seguimos cuestionando, a todos los niveles, la igualdad que muchos demandamos. Y, algunos creemos que la igualdad no se da discriminando. Ni, tan sólo mediante, una mal entendida en muchos casos, discriminación positiva.

Siempre he creído que en nuestras aulas deberíamos tener a los mejores docentes sin importar si los mismos son hombres o mujeres. Sin tener en cuenta factores fisiológicos que, en ningún momento, lastran su profesionalidad. Porque, seamos sinceros, ¿alguien se cree que por el hecho de ser hombre o mujer uno es mejor o peor docente? ¿Alguien se plantea realmente que, en un contexto laboral donde la mayoría de sus trabajadores son mujeres (me refiero a colegios e institutos), debemos realizar unas oposiciones adecuadas para que entren más hombres en las salas de profesores? ¿Debemos, al igual que sucede en otros campos, elegir en función del sexo o de la competencia profesional? Yo lo tengo claro. Quiero al mejor docente para mi hija. Sea el mismo hombre o mujer. Sea el mismo poseedor de cualquier orientación sexual. Porque, si vamos a discriminar, resulta que al final todo puede entrar en el bombo. Y lo único que hacen dichos bombos es segregar. Una segregación que no tiene ningún sentido. El mismo que hablar acerca del supuesto sexo de los ángeles (o unicornios por poner algo igual de real o ficticio).

Sí, tengo muy claro que debemos preguntarnos por qué habiendo más maestras que maestros, la proporción de directores sea mayor. Sí, tengo muy claro que deberíamos indagar por qué son más los cargos políticos relacionados con la educación ocupados por hombres que mujeres pero, ¿realmente uno cree que la competencia profesional de uno va a ser mayor o menor en caso de poseer miembro o no? ¿Realmente vale la pena perder el tiempo en cuestiones transversales para no atacar el problema serio de la igualdad? Porque la igualdad no es cosa de hombres o mujeres. Ni de usar las arrobas cuando nos referimos a los maestros (maestr@s) para, supuestamente, hacer más visible a la mujer. La igualdad real vendrá cuando nos dejemos de hablar del sexo de los ángeles y nos pongamos a arreglar el sistema educativo entre todos para que la igualdad, por fin, deje de ser algo de lo que deba hablarse (o defenderse) porque se habrá superado cualquier tipo de discurso.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

3 Comments
  1. Creo que he leído el comentario que ha provocado este nuevo post en tu blog. Estoy de acuerdo en tu planteamiento. El tema de que sea un hombre, el maestro que aspira al premio, debe ser meramente anecdótico. No tiene sentido hacer un debate sobre la igualdad de género, lo importante del tema es su forma de enseñar, su capacidad de sacar lo mejor de sus alumnos/as, la corriente positiva que inunda los medios de comunicación en relación a la educación en los últimos tiempos…. Hoy el nominado es hombre, quizás en la próxima edición, pueda ser mujer. Cuando dejemos de hablar de igualdad, probablemente estaremos en el camino de conseguirla, puesto que habremos superado todos los prejuicios existentes.

  2. Pareciera que me buscas con estos comentarios sobre la igualdad entre hombres y mujeres y el sexo de los ángeles (¿¿??). Pues me encuentras 🙂
    Entiendo que a los hombres, a los varones de nuestra especie (observa que no utilizo el vocablo peyorativo “macho” que lo reservo a los machistas) les cueste entender que es absolutamente prioritario legislar, educar y favorecer la participación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida académica y profesional en general. Con los debidos méritos, por supuesto, pero las estadísticas que tú mismo conoces nos dicen que hay un techo de cristal, yo lo llamaría un techo de varones, que nos impiden combinar las menstruaciones (en muchos casos ninguneadas por la comunidad científica), los embarazos (deseados o no), la crianza de los hijos durante el 1º año de vida (que sigue en las manos exclusivas de las mujeres desde tiempos inmemoriales) y muchos otros asuntos puramente hormonales, físicos o biológicos, con el desempeño de una ambiciosa carrera profesional.
    Todos estos factores biológicos nos diferencian de los hombres, no somos iguales obviamente pero sí deberíamos tener la posibilidad de que no jugaran en nuestra contra. Debería haber mecanismos en la administración y en las leyes que contemplaran como un hecho diferencial y no como una lacra, no en vano las mujeres hacemos un gran servicio público con la maternidad, nunca suficientemente valorado y sí niguneado o despreciado hasta por nuestras mismas congéneres.

    Basta con recordar el comentario de Mónica Oriol, me niego rotundamente a ponerle el Sra. delante, presidenta del Círculo de Empresarios que no hace mucho dijo en foro público y ante medios de comunicación «Yo prefiero una mujer de más de 45 años o de menos de 25, porque como se quede embarazada nos encontramos con el problema». La empresaria también afirmó que para las mujeres llegar a «un puesto directivo tiene un precio y es: o te casas con un funcionario o tienes un marido al que le encantan los niños». Resumen: por méritos propios imposible, sólo alcanzarán el éxito profesional aquellas mujeres que se hayan agenciado un varón todoterreno que las apoye y cuide de su prole. Esto como comprenderás es intolerable pero así están las cosas y las mentalidades en muchos ámbitos de la vida española.
    Obviamente, estoy muy de acuerdo en que el maestro mencionado es un profesional admirable y digno del premio. Probablemente habrá algunas maestras que estén desarrollando proyectos así de interesantes pero no se habrán presentado a la selección de candidatos o, a lo mejor, simplemente su trayectoria no era tan interesante o valiosa como la del compañero. Entrar en esa discusión sí me parece una pérdida de tiempo.

    Terminas tu post diciendo: «¿Realmente vale la pena perder el tiempo en cuestiones transversales para no atacar el problema serio de la igualdad? Porque la igualdad no es cosa de hombres o mujeres». (No entiendo de quién va a ser la cuestión pues somos los únicos seres en el planeta capaces de argumentar y discutir sobre ello) «Ni de usar las arrobas cuando nos referimos a los maestros (maestr@s) para, supuestamente, hacer más visible a la mujer». (Aquí te doy la razón como filóloga por economía del lenguaje y porque no debemos confundir género natural con género gramatical.
    Añades finalmente que «La igualdad real vendrá cuando nos dejemos de hablar del sexo de los ángeles y nos pongamos a arreglar el sistema educativo entre todos para que la igualdad, por fin, deje de ser algo de lo que deba hablarse (o defenderse) porque se habrá superado cualquier tipo de discurso».

    Lo que no explicas es cómo se llegará a este nuevo edén igualitario. ¿Por arte de magia? ¿Evitando la cuestión porque vamos a arreglar el sistema educativo???? Yo te diré cómo: favoreciendo e implementando el acceso por igual a los órganos de dirección y gestión de los asuntos importantes del Estado y eso, de momento, sólo es posible contemplando el hecho biológico, físico u hormonal diferencial, por no mencionar el religioso (que permite las aulas segregadas por sexos), el social que estigmatiza a las madres condenándoles a una carrera profesional mediocre o no a la altura de sus capacidades, en muchos casos muy superiores a las de sus colegas masculinos, también las de sus jefes y directores.

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