El shortdress learning, los innovadores desembarcan en las aulas

Mientras los que legislan sobre cuestiones educativas buscan el mando para encenderse el aire acondicionado, cientos de miles de docentes van a practicar estos días el shortdress learning. La innovación que no van a tener ni en Finlandia ni, en ninguno de esos países nórdicos que tanto destacan en PISA o son tomados como referencia por los medios. No, en Finlandia no tienen huevos de innovar a cuarenta grados a la sombra. Menos aún de irse a uno de sus putos fiordos y aguantar, estoicamente, las horas que podemos llegar a pasar en remojo en nuestro, por lo visto poco innovador, Mediterráneo.

Fuente: http://www.rtve.es

Ser un innovador no es dar clase en grupos filtrados ni, por desgracia para los que lo venden, dar clase mientras se ven unos vídeos en casa con el ventilador al lado. Ser innovador es conseguir resistir esos goterones de sudor que van resbalando, sin prisa pero sin pausa, por la frente mientras, de forma más o menos caótica, intentas montarte un abanico con alguno de esos libros de texto que, seguro, alguno usa. Ser innovador es intentar no ponerte bañador ni montar una piscina de goma en medio de la clase mientras ves como, delante tuyo, se están fundiendo los alumnos. No tiene cojones una vela de consumirse con la rapidez con la que pierden líquidos los chavales. Ni tampoco -y a las pruebas me remito- hay posibilidad que exista un desodorante capaz de evitar el típico manchurrón sobaqueril. Un olor que, lamentablemente, al mezclarse con el de todo el ganado que poblamos las aulas estos días, hace que echemos de menos el olor de la típica sepia que nos hemos olvidado, hace décadas, fuera de la nevera.

A ver quién es el guapo de decir que los docentes no innovamos. A ver quién se atreve a decir que, por cuestiones de decoro, más de uno no se atreve a ponerse pantalón corto para dar clase y acaba, entre frito y sofrito. A ver quién me explica cómo dar clase en esas aulas tan bien orientadas al caloret de buena mañana que, a lo largo de las horas, permiten en cualquiera de las mesas de la misma hacer uno de esos revueltos tan interesantes para esas fechas. Y ya veis que no hablo del típico escozor de las partes íntimas debido al calor. Es que, como bien sabéis, esto es horario protegido. Algo que también, al igual que sucede en la televisión, debe ser respetado a rajataba. Eso y lo de ser políticamente correcto.

Voy a por mis pantalones cortos, a la primera ducha del día y, quién sabe si es a dar la clase más innovadora del año porque… lo del shortdress learning mola. Bueno, más nos molaría a algunos aterrizar a estas alturas de la película con nuestro cuerpo -que no cuerpazo- en la playa. Es que, como he dicho en más de una ocasión, siempre buscamos cualquier excusa -y qué son unos tristes graditos celsius en el termómetro que, en muchos centros incumplen la legislación vigente para poder dar clase- para escaquearnos. Bueno, en este caso vamos a innovar para que no sea así… empezando por nuestra vestimenta. Mierda, mi mujer me ha tirado la camisa hawaiana. Tocará improvisar.

Muchas gracias Daniel por el shortdress learning. Esto de tener últimamente pocas ideas para escribir obliga a tirar, últimamente más de la cuenta, de los conocidos que uno tiene en las redes sociales :)
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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