El sistema educativo de los impunes

Imaginemos un sistema educativo donde todos los actos cometidos por las personas que lo integran quedan impunes. Imaginemos un sistema educativo donde las acciones correctoras (estupidez políticamente correcta para denominar a los castigos) siempre estuvieran desproporcionadas respecto a las acciones punibles cometidas Imaginemos que rigiera la impunidad más absoluta. No hace falta imaginar, ya que así es el nuestro.

 Un sistema educativo de fracaso tras fracaso (leyendo simplemente los datos de paro, fracaso escolar o informes educativos de cualquier organismo internacional que nos suministran día a día los diferentes medios de comunicación) donde, como en ninguna parte, siempre salen impunes los que mayores atrocidades cometen.

Alumnos sin ningún tipo de miedo a las sanciones, que se saben intocables y siempre tienen en la boca la palabra «te denunciaré y así ganaré dinero». Adictos a los programas de telebasura y con familias que se han sabido aprovechar del sistema y de todos sus recovecos. Sin esperanzas, sin futuro o con su futuro. Estabulados en nuestras aulas cuando y como les apetece. Distorsionando la clase, sin respeto a nadie (ni tan sólo a las fuerzas y cuerpos de seguridad). En definitiva, impunes adolescentes.

Por otra parte los docentes. Docentes que leen día tras día sus maravillosos libros de texto. Incapaces de prepararse una sola clase. Ausentes para ir a hacer la compra, llevar a sus hijos a la escuela (aunque lleguen siempre tarde) y, curiosamente con el mejor horario de todos los centros. ¿Cómo debe ser ello posible? Además llevándose el palmito de ascender o desplazarse horizontalmente en los diferentes escalones de la mísera promoción educativa. Y nadie hace nada. Como mucho les aperciben. De apercibimiento en apercibimiento… y tiro porque me toca. Nada que hacer. Inspección sin actuar y afección a todo el sistema.

Políticos que dirigen las políticas educativas de este país. Experimentan con hijos que no son los suyos. Hunden al país en la ruina educativa. Y no pasa nada. Vuelven algunos a la Universidad, otros en diferentes cargos (educativos o no). E, incluso alguno en el gobierno (en muy alto cargo). Se cargan el sistema por ser los inductores y responsables de las macrodecisiones educativas y no les pasa nada. Impunes en mayúsculas.

¿Dónde están los mecanismos para acabar con esta impunidad? En mi opinión, no existen. Y si existen, que le expliquen a un pobre docente que hace mucho tiempo que no entiende nada, cuáles son. Yo lo único que estoy viendo es que el único que nunca queda impune es el pobre desgraciado de siempre.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

7 Comments
  1. Siempre he creído que las generalizaciones son malas, en este caso, además muy muy injustas con la multitud de docentes que intentan educar cada día mejor, las alumnas y alumnos que se esfuerzan por aprender, por conseguir poco a poco un proyecto vital interesante y porqué no los políticos que intentan gestionar la educación de mejor manera.
    Vivimos una mala época en la que es probable que en ocasiones nos venza el desaliento, también es importante denunciar las situaciones que nos denigran a todo el conjunto, pero esto no nos puede llevar a usar la palabra TODOS O NO EXISTE…, somos por suerte MUCHAS personas las que pesamos que SI EXISTE otro modo de hacer, de ser, de vivir y no solo porque lo «soñamos» sino sobre todo porque tenemos mucha gente alrededor con quienes lo vivimos.

  2. Interesante cuestión la que abordas: la impunidad en el SE. Yo hablaría más de irresponsabilidad; como sabes, responsabilidad viene de dar respuesta, y realmente, el sistema educativo no suele responder mucho. Los docentes solemos sentirnos responsables de lo que hacemos; sin embargo, la omisión es también una conducta de la que deberíamos dar cuenta: ¿por qué no se ha hecho más con esos alumnos que, con más esfuerzo y dedicación docente, podrían haber mejorado y no habrían fracasado? ¿Por qué tantos maestros echan balones fuera o culpan de todo lo malo a la administración (así,en abstracto, como si nosotros fuéramos un grupo alternativo, no funcionarios) , sin llevar a cabo un ejercicio de introspección y de análisis de la práctica? Al final, ocurre lo que decía un profesor mío en la universidad: la educación de los hijos es cuestión de suerte, depende del maestro que les toque. Y añadía que es una triste realidad, fruto de la poca coordinación, del aislamiento docente, tan enraizado, y de un cierto componente insolidario que lleva a preocuparse sólo de la parcela de cada cual.
    La inspección, como bien dices, se ha vuelto invisible, y cuando aparece es para pedir documentos, que se entregan burocráticamente sin que nada cambie. Y los políticos han convertido la educación en el escenario perfecto para representar sus diferencias ideológicas; como en la economía apenas hay alternativas, se dedican a redefinir la educación cada cuatro u ocho años. Un asunto de los más serios, de Estado, deviene el lugar del enfrentamiento político. Aunque, en mi opinión, las reformas cambian poco el panorama en las aulas: quien se siente responsable se adapta y sigue peleando por los alumnos; y quien no, pues a repartir culpas en todas direcciones: niños, familias, compañeros, administración… Todo menos asumir su responsabilidad. Y sí, probablemente, también quedará impune.

  3. Hay que partir de la base de que el trabajo de un funcionario es voluntario. Es decir, un funcionario trabaja cuando y como quiere. Nadie le obliga, no tiene que rendir cuentas a nadie.
    Los responsables de la administración deben pensar: «Total para la mierda de sueldo que les pagamos y la escasa consideración social que tienen, vamos a permitérselo, pobrecitos!».
    Los políticos legislan lo que les sale de las pelotillas (para eso son ellos los elegidos), les importa un pito la educación pública (sus hijas van a la privada, y con nosotros experimentan y se hacen los modernos).
    Si la administración y los funcionarios hacen lo que les da la gana, entonces, ¿por qué no lo van a hacer las alumnas también?
    Y ASÍ SE CIERRA EL CÍRCULO DE LA IMPUNIDAD, LA RUINA Y LA MEDIOCRIDAD TIRANDO A CALAMIDAD.

  4. Entiendo, y comparto, la metáfora que Jordi aplica al SE para referirse y ejemplificar el momento de caos actual.

    El verdadero reto sería como desde el SE, en el que existen y existirán muchas y muchos excelentes profesionales, somos capaces de contrarrestar el caos al que nos inducen desde el exterior.

  5. Hay que tener en cuenta que una escuela no es un juzgado.. Comparar esto con los tristemente célebres tribunales españoles es algo recurrente pero no debe de impedir un análisis más certero.
    La escuela históricamente nace en la Edad Media como Comunidad Escolar autónoma de los poderes fácticos. Crea el Derecho Moderno, y las instituciones judiciales son una consecuencia, pero su origen y los retazos más brillantes de su historia residen en la concreción de sinergias entre los miembros (siempre voluntarios) de la comunidad escolar innovadora. La Otra (la Formal) siempre ha ido e irá sumándose al carro en el mejor de los casos.
    Lo que ha faltado hasta ahora en este país es consolidación y promoción de la buena Comunidad Escolar Innovadora. La del Profesorado Innovador, de los Progenitores Comprometidos y del Alumnado Ilusionado aparte de Motivado por todo ese milieu que en España no se ha dado y que encontramos en otros países, por cierto, que están saliendo de la crisis mientras nosostros nos hundimos más en ella cada día…
    Esperemos ahora, con los medios y con los ejemplos de movilización que estamos viviendo, surjan y se consoliden ejemplos de esto que estoy definiendo aquí y que puede usar como referencia muchas cosas actuales e históricas de la escuela en España que nos deben de llenar de orgullo y motivación contra la mediocridad y el fracaso, ya no escolar, sinó social y nacional, por no hablar de civilización…

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