El tamaño de aula, ¿importa?

Una de las cuestiones que siempre se han planteado y, de las cuales hasta ahora no había tenido oportunidad de leer ningún estudio es la influencia del tamaño de aula (ratio de alumnos por clase) en los resultados académicos. Parece claro, y a la vista de las situaciones empíricas que la mayoría de docentes nos encontramos en las aulas heterogéneas (con alumnos de diferentes ambientes sociales y capacidades cognitivas) de nuestro país, que la influencia del número de alumnos que existen en las mismas condiciona la calidad de la enseñanza que nosotros podemos aportar o transmitir.

Pues bien, resulta ser que, a la vista de uno de los estudios realizados por dos investigadores educativos de la Universidad de Hardward, Will Dobbie, Roland G. Fryer, Jr  que realizaron un estudio bastante completo (y complejo) a escuelas charter de Nueva York, parece observarse que esa situación empírica que observamos en nuestro quehacer cuotidiano no tiene demasiada influencia en los resultados finales de los alumnos.

En primer lugar, y antes de exponer las conclusiones de esos dos investigadores, me gustaría aclarar el concepto de «escuelas charter» para poder entender un poco más el ámbito de estudio en el cual se basaron. Esa tipología de centros escolares son aquellos centros que reciben dinero público (como el resto de centros educativos públicos de EE.UU.) pero que no están sujetos a la totalidad de las reglas, regulaciones y connotaciones que se aplican en el resto de centros educativos públicos. Es decir, muy parecido a los centros concertados de nuestro país: centros subvencionados con dinero público, que permiten la aportación «voluntaria» de dinero privado (de los padres o de asociaciones) y, con orientaciones y estrategias educativas algo más flexibles que las marcadas por el propio gobierno. En definitiva, centros públicos gestionados de forma privada y donde llevan mayoritariamente a sus hijos aquellos que quieren optar por unas características determinadas para sus alumnos (cooperativas de padres, centros de diferentes congregaciones religiosas, etc.).

En ese tipo de centros, cuya segregación de alumnos es manifiesta y, consecuentemente ya ha habido un filtro en la elección del alumnado, nos encontramos, a la vista del estudio, que las medidas relacionadas con el tradicional modelo de recursos educativos (tamaño de la clase, gasto con alumno, capacitación de los docentes, etc.) no se relacionan positivamente con la eficacia escolar. En contraste a lo anterior, hay cinco medidas que parece que sí que implican una mejoría en los resultados de esos alumnos:

  • Comentarios frecuentes del docente sobre el trabajo realizado
  • Instrucción basada en datos y hechos tangibles (demostrables)
  • Tutorización efectiva y continua
  • Aumento del tiempo de instrucción (aumento del horario lectivo de los alumnos)
  • Enfoque constante de la enseñanza en el rendimiento académico

En definitiva, en centros «segregadores» que agrupan alumnos por cuestiones socioculturales, parece que la mejoría de resultados permitan un mayor número de alumnos en el aula con un menor coste para las arcas públicas y ello nos lleva a realizarnos una simple pregunta: ¿debemos usar métodos segregadores en el reparto de los alumnos por aula para conseguir la máxima homogeneización en las mismas y, por ende, un mayor resultado académico de los mismos? o ¿debemos mantener aulas heterogéneas, más caras, pero con mayores posibilidades de inclusión y menos de expulsión del sistema de aquellos que, por sus características socioculturales, estarían abocados a un abandono temprano del sistema?

Si se me permite mi humilde opinión, quizás sería bueno mezclar ambas opciones. Intentar homogeneizar los grupos pero dotar de la máxima flexibilidad a los mismos e, intentar ayudar a los alumnos divergentes en dicha homogeneización mediante atenciones individualizadas para que pudieran ponerse al nivel de sus compañeros (no como las actuales que, lo único que hacen es aumentar la distancia entre los que pueden seguir el sistema y los que no). Eso sí, a partir de un cierto momento, quizás sería necesario el establecer vías profesionalizadoras divergentes.

Podéis consultar el estudio desde el siguiente enlace.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

5 Comments
  1. Pues solamente comentar que en nuestro centro (que no es un sesgo estadístico) tenemos un 30 % de fracaso escolar (sin entrar en matizaciones). Pero en cambio, en los dos programas de diversificación curricular que tenemos desde hace 12 años, obtenemos un 85-90 % de éxito en 3º y titulaciones en 4º. Casi podemos decir que no existe fracaso en el alumnado que escogemos para cursar los PDCs. Variables imptes según nuestro punto de vista: ratio (máx. 10 alumnos/as por programa y materias agrupadas en ámbitos (menos cantidad y tocando contenidos básicos). Ahh! y que parece que seamos sus padres y madres :).
    Te seguimos con interés. Un saludo,

    noveleirez.

    1. Lo que comentas es lo que se promulga en el artículo. Grupos flexibles por nivel (en este caso comentas el caso de los PDC) y, al tratarse de alumnado con deficiencias específicas, atenciones y medidas concretas para conseguir ese gran éxito.

      Por tanto, no es tanto cuestión de números, como cuestión de agrupamientos de alumnos con el mismo interés y capacidades, junto con una gran adaptación del profesorado de los mismos 😉

  2. Con todo el respeto que se merece creo que el contenido del artículo no resuelve aún la interrogante planteada. Deberiamos ser más directo y establecer los patrones de enseñanza en función de la modalidad de aprendizaje y los niveles de educación. Quizas dar un aproximado o promedio de alumnos por aula (física o virtual) en sus distintas modalidades.

    1. Lo que planteas es totalmente imposible (aunque legalmente se impongan un número de alumnos por aula, determinados antes de ejecutar y permitir los desdobles). Los ratios (o promedio de alumnos por aula) es demasiado dependiente de los propios parámetros en que nos basemos en su distribución (conocimientos previos y habilidades individuales) que del establecimiento de estándares como número.

      Eso sí, tal como comento en el redactado, a mayor homogeneidad de los grupos, se permitiría elevar las ratios.

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