El traje nuevo del emperador (versión 2.0)

Fuente: https://sinalefa2.wordpress.com
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Hace algunos años ha aparecido un docente 2.0 tan aficionado a las herramientas TIC que gasta todas sus rentas (y las de los demás) en usar la última tecnología.

No se interesa por el aula ni por sus alumnos. No le gusta montar experiencias tangibles y, es por ello que prefiere usar una maravillosa app que irse a cavar un huerto con sus alumnos. Tiene una app para cada uso y, de la misma manera que se dice de un rey: «Está dirigiendo», de nuestro hombre se dice: «El docente 2.0 está ensayando con una herramienta TIC y preparando la presentación para su próxima jornada educativa»

El contexto en el que se movía el docente 2.0 era alegre y bullicioso. Todos los días llegaban a su centro educativo muchísimos extranjeros que, por cuestiones laborales de sus padres, se veían obligados a abandonar su país de origen. Un día llegaron esas multinacionales que aseguraban productos maravillosos para el aula. No sólo las luces que desprendían esos aparatos eran brillantes y hermosas, sinó que todos los componentes confeccionados poseían la maravillosa virtud de conseguir un aprendizaje invisible para todos aquellos que fueran irremediablemente estúpidos.

«¡Deben ser magníficos!» -pensó el docente 2.0-. Si tuviera dichas herramientas podría averiguar qué compañeros son ineptos para el trabajo que realizan. Podría distinguir entre innovadores y no innovadores. Podría saber quiénes de mis compañeros son competentes digitalmente y quiénes no. Nada, a comprar inmediatamente las herramientas. Y escribió un memorándum en su blog dirigido a la administración educativa para que, con el dinero de todos, suministraran ese tipo de maravillas en las aulas.

Las multinacionales montaron una fábrica en un país donde tocaba pagar poco al trabajador y que, además, la inexistencia de leyes laborales permitía jornadas de más de dieciocho horas. Ellas, simplemente, esperaban la producción para poder poner la insignia o el precio adecuado a cada uno de esos productos. Mientras, lo único que habían de hacer era ir sustituyendo a los trabajadores por menores (más baratos y que les podían durar un poco más).

«Me gustaría saber si avanzan con la herramienta» -pensó el docente 2.0-. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto no podría ver las maravillas que él iba a hacer en su aula. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los docentes estaban informados de la particular virtud de esas herramientas y, todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.

«Enviaré a mi compañero de departamento a que visite a las multinacionales. Es un hombre formado y el más adecuado para juzgar la herramienta, pues tiene talento, y no hay quien sepa tanto de Moodle, gamificación, MOOC y flipped classroom como él».

El compañero de departamento se presenta, pues, en una sala de reuniones donde las multinacionales le presentan el prototipo de la herramienta y sus potencialidades. El pobre docente, al ver que lo que le presentan, más allá de estar dotado de una pantalla con multitud de píxeles, abrió los ojos como naranjas y pensó… «¡pero si esto es un timo, caro y poco útil para la mayoría de nuestras aulas!. Un aparato tan caro no tiene sentido si no va acompañado de una formación previa en metodología para saber qué podemos hacer con la misma más allá de jugar a aquellos juegos molones que eran tan adictivos».

Pero, por no sentirse inútil frente a su compañero cuando éste le pregunta qué le parece el aparato dice que es lo mejor que se ha inventado para el aula. Que el brillo que desprende y el aprendizaje que puede sacarse de él es infinito. Que en las aulas ya tardan en tener algo tan bonito y maravilloso.

Las multinacionales pidieron entonces un contrato más draconiano a la administración. Querían también tener la posibilidad de colocar sus libros de texto digitalizados y la posibilidad de que el alumno pudiera realizar compras desde la propia plataforma de compras que llevaba preincorporada. La administración, oído el emperador y, con algún viaje a zonas cálidas en versión de todo incluido, no pudo menos que asentir. «Sí, os lo vamos a permitir todo».

Después de unos meses llegan las herramientas a los centros educativos. En el del docente 2.0 se sacan de sus cajas, se reparten a los alumnos y al resto de docentes. Los docentes mirando embelesados los aparatos. Viendo la gran cantidad de colores que presentan, la posibilidad de fundas intercambiables y, como no, la maravillosa insignia a fuego del tridente para identificar la marca en la parte posterior.

Se llevan las herramientas al aula, se felicita a las multinacionales mediante carta del gobierno y, finalmente, se deciden usar las mismas para dar clase. Cuál sería la sorpresa al ver que, no sólo no sirven, sino que además, te ves coartado en criticar la herramienta para no parecer un incompetente a nivel digital. Que, por lo visto, estás tratando con nativos digitales.

Un tiempo después, al ver el fracaso de la herramienta, la administración achaca todas las culpas al docente y, va a buscar a otra multinacional, para que le sirva otra herramienta. Ésta sí que no va a fallar. En este caso el docente 2.0 ya no está en el aula dando clases (está liberado explicando las bondades de los aparatos y publicando experiencias de aula que él no ha realizado). Eso sí, los aparatos siguen ahí y, por desgracia, hasta el docente más inepto se ha dado cuenta del timo del asunto. Un timo que los centros educativos van a estar mucho tiempo pagando.

Además, curiosamente, resulta que el emperador sí que tuvo oposición de algunos docentes y alumnos pero, como siempre, su respuesta era la típica… «se ha de ser ignorante para no contemplar las bondades educativas de tan maravillosa herramienta».

Un simple cuento, adaptación del de  Hans Christian Andersen que, como todos, es sólo producto de la fantasía de quien escribe.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. #disfrutamosSUlectura
    #yoquieroserSUestudiante
    jajajajajajajajajaj …. maeztro la bordao !!! …jajajajaja …. chapeau … 😉
    salúos y salú desde Zeviya CalYFlato IndePendiente
    █▄【♥】▀▄▀ ▇☰ ☆✡EZLN۞✞

  2. Muy bueno, Jordi. Enhorabuena!!!

    Las nuevas tecnologías, en general, (no solo internet y los ordenadores de diferente tamaño) son útiles en la medida que nos ofrecen mayores posibilidades, mayor rango de elección. En otras palabras, son útiles si nos hacen más libres. En este papel, el software libre es crucial (yo no lo uso, me encanta google). Pero elaborar temarios propios, personalizar el proceso al alumno, esta es la clave. Las multinacionales, con la inestimable y necesaria colaboración del Estado intentarán colocar sus productos para que nosotros sigamos trabajando igual, en las aulas y con los niños sentados en un pupitre, siguiendo un mismo currículum a un mismo ritmo para grupos homogéneos.

    Un abrazo, me ha gustado sobre todo eso de «pagado por otros» jejeje, me encanta que estés al lado menos oscuro de la fuerza.

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