El verano es para descansar

tumbonamarAyer recibí una cantidad importante de correos electrónicos en mis múltiples cuentas donde compañeros me deseaban unas felices vacaciones y esperaban verme en septiembre. Correos donde se me conminaba a descansar a lo largo de dos meses para empezar el nuevo curso con energías renovadas. Hablando de la necesidad de, en un trabajo a veces tan «complejo» como el nuestro, de tomarse un tiempo, abandonar cualquier tipo de actividad relacionada con el mismo y dedicarme a otro tipo de cuestiones.

También son muchos los blogs educativos que cierran y otros docentes cuyo objetivo es alejarse estos dos meses de verano que hoy empiezan de cualquier tipo de actividad mediada por las nuevas tecnologías (desaparición de las redes sociales, consulta de material educativo, preparación de clases, formación online -en formato autoaprendizaje o dirigido-, etc.). No lo veo claro. No veo claro que, cuando uno de los argumentos que usamos para responder a aquellos que nos critican por nuestras largas vacaciones, hagamos precisamente lo contrario de lo que argumentamos. No tiene ningún sentido decir a la sociedad que «no es cierto que tengamos dos meses de vacaciones» y, curiosamente, dediquemos esos dos meses a un alejamiento completo de nuestra labor profesional. Es algo totalmente contraproducente.

Soy de los que tengo muy claro que los veranos son para descansar. Más aún en un trabajo como el nuestro. Un trabajo que, desconocido por muchos en sus interioridades, obliga a un sobreesfuerzo a lo largo de todo el año. Cansancio que, no por ser físicamente exigente, no implica que no exista. Los docentes hemos acabado muy cansados. Las horas lectivas de más se notan. Parece una tontería pero todos los compañeros que conozco hemos llegado a fin de curso con las energías muy justas.

Que lleguemos cansados no significa que no debamos usar parte de nuestras vacaciones de verano para hacer determinadas cuestiones relacionadas con nuestra profesión. Dedicar unas horas al día en julio a leer sobre cuestiones educativas, probar determinadas herramientas e, incluso, plantearnos la posibilidad -en caso de que conozcamos las asignaturas que vamos a impartir el curso que viene- de preparar nuestros propios materiales no debería estar excluido de nuestros planteamientos. Si no lo planteamos así estaremos ratificando muchas críticas. Críticas demasiado habituales que, en estos meses, se oyen con bastante asiduidad. Julio tiene muchas horas y dedicar algunas de ellas a mejorar nuestra parte profesional no creo que sea tan difícil.

Lo reconozco. Lo planteado es algo muy difícil de digerir para gran parte del colectivo. Colectivo que siempre encontrará (y encontraré como parte de él) mil excusas para justificar las largas vacaciones. Colectivo que está muy cansado y desmotivado. Colectivo que está muy cansado de ataques permanentes por parte de la caverna mediática y sus afines. Colectivo que, lamentablemente, tiene de todo menos un sentido de comunidad.

El verano es para descansar pero creo, en mi humilde opinión, que tampoco es tan mal momento para dedicar una pequeña parte del mismo a cuestiones relacionadas con nuestra profesión.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Nuestra vida está tan pautada, tan regida por horarios, normativas y ocupaciones, que estamos poco habituados a tomar decisiones sobre ella; con lo que, de alguna manera, nuestro tiempo libre crea un vacío que tendemos a ocupar con la distracción o que rápidamente llenamos con más obligaciones. Con ello entramos en un bucle del que solo podremos salir cuando concibamos el trabajo de otra manera.

    Lo que durante siglos fue una condena bíblica, “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, hoy se ha convertido en algo deseable, en un privilegio. El trabajo remunerado, aquel por el que se recibe un salario, se considera un bien escaso por el que es preciso competir. Sin trabajo no hay dinero y sin dinero no hay comida, ni casa, ni salud, ni educación. Y esta creencia está tan arraigada en el sentir social que se ha convertido en el eje sobre el que giran las enseñanzas que se nos dan.

    La educación se convierte en un entrenamiento, en la adquisición y acumulación de datos y habilidades que, supuestamente, nos sitúan en una posición de ventaja en el mercado productivo del futuro. Se nos educa formalmente para el trabajo y se deja el resto a nuestro criterio. Y el resultado es que tenemos poco criterio, que estamos muy limitados en nuestra capacidad de crecer.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/trabajo-y-tiempo-libre

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