En la Escuela, lamentablemente, no hacemos milagros

No, por desgracia, en los centros educativos tenemos muy limitada nuestra habilidad de hacer milagros. No es por no querer, es por la simple imposibilidad de sustituir totalmente el contexto en el que se mueven nuestros alumnos de puertas para afuera y, cómo no, la imposibilidad de coger a esos alumnos con problemas familiares de diferente calado y haberles quitado a edades tempranas la patria potestad a algunos padres. Si un alumno tiene la mala suerte de haber nacido en determinadas familias, lamento informar al personal que, por mucha metodología divina o recursos que se empleen dentro de los centros para intentar que no fracase en sus estudios, lo anterior se convierte en una epopeya que deja a mucho más del noventa por ciento de ese alumnado fuera del sistema educativo. Y no, por mucho que algunos intenten hacer recaer la responsabilidad en los docentes, debo informarles por mucho que nos gustaría lo anterior, no podemos hacer más de lo que intentamos hacer.

Fuente: ShutterStock
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El otro día me encontré, mientras esperaba tomando un café a que saliera mi hija del colegio, a uno que estaba echando muchísimo dinero en las máquinas tragaperras del bar en el que estaba. No, nada nuevo bajo el sol pero, lo que me llamó la atención fue que a su lado estaba su mujer, con un pequeño retoño y otro que, por lo visto iba en camino, más una chiquilla, de unos diez años que, supuestamente debería estar en la escuela, que rodeaban a su padre mientras estaba liado en su menester de ir echando monedas. Y, entre cambio y cambio de billetes por monedas en la barra del bar, iba diciendo un exabrupto tras otro. Yo estuve media hora tomando el café -sí, con calma leyendo el diario- y, curiosamente, cuando yo me fui aún estaba el tipo con la máquina y su mujer e hijos al lado. Sinceramente, en este caso, que alguien me explique qué podemos hacer, más allá de que su hija vea algo diferente cuando va a la escuela, para compensar lo anterior.

Puedo añadir anécdotas de padres que tiran papeles al suelo o escupen mientras van con sus hijos por la calle. Padres que se pasan la tarde en el bar, bebiendo cantidades ingentes de alcohol, con sus hijos sin que los mismos tengan ninguna posibilidad de llegar a casa a una hora razonable ni con unos padres en condiciones y, cómo no, todas aquellas familias que, por desgracia, tienen problemas familiares de diferente calado. Ya cuesta luchar contra lo que están vendiendo determinados medios de comunicación pero, imaginaros luchar contra circunstancias que hacen que, el simple hecho de que los alumnos vengan a clase, se duchen después de la clase de Educación Física e, incluso coman a horas razonables por estar becados, ya es un éxito.

No, no se trata de un artículo para excusarse por lo que no podemos hacer como profesionales de la educación. Es, simplemente, pedir un poco de sentido común cuando se habla de ciertas cuestiones y de la falta de capacidad del profesorado para suplir, en más ocasiones de las que se debiera, todo aquello que debería suplirse. Sí, algunos nos llevaríamos algunos chiquillos a casa al ver la situación en la que viven -o malviven- pero no queda otra que seguir ayudando a que alguno de esos que lo tienen muy difícil puedan salir adelante. Y no, no es nada fácil y los resultados son más bien malos aunque, por cada uno de esos alumnos con problemas que conseguimos ver que, al cabo de unos años, están trabajando y han creado una familia, nos alegramos un montón porque sabemos que han tenido que luchar contra muchas cosas.

Ojalá los docentes y el resto del personal que trabaja en los centros educativos pudiéramos hacer milagros pero, espero que tengáis claro que es algo que no depende exclusivamente de nosotros.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

4 Comments
  1. ¡Es una gran verdad! Pasa lo mismo con el aprendizaje, no podemos enseñar a alumnos que no están dispuestos a aprender. Para que se produzca aprendizaje, el alumno, debe de estar dispuesto a aprender, de lo contrario, es muy difícil conseguirlo. Ya puedas usar la metodología que quieras. Los docentes estamos para ayudar, pero eso sí, a quién se deja ayudar. En algunos casos, como tú bien comentas en el post, es muy difícil, debido a las circunstancias que rodean a ese niño en cuestión. Yo siempre tengo en mente una frase que me dijo un entrenador de fútbol en alguna ocasión, cuando algunos tenían problemas a la hora de entender los conceptos tácticos. Decía los siguiente: «De un burro no se puede hacer un caballo de carrera, pero si se puede hacer un buen burro». Un saludo.

    1. En lugar de quedarme con la frase del final Esteban, me vas a permitir que me quede con lo de que «no podemos enseñar a alumnos que no están dispuestos a aprender». Algo que va a influir muchísimo más que las estrategias utilizadas o lo divertida que hagamos la asignatura. No, el aprendizaje es algo que debe conseguirse que apetezca y que, como bien dices, muy relacionado con el contexto de nuestros alumnos.

      Saludos de vuelta.

    1. Podemos parchear algún problema muy puntual de algún alumno concreto. Eso sí, como bien dices, lo de la solución de todos los problemas sociales o económicos de muchas familias, es algo totalmente imposible.

      Un saludo y gracias por comentar.

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