En mi moleskine me apetece hablar de política

Tengo cuarenta y cuatro años. Por suerte he llegado a esa edad y, sinceramente, viendo mis múltiples ingresos hospitalarios (UCIs incluidas), amén de una operación de aneurisma que se complicó hace unos meses, puedo estar celebrándolo. Y, además, voy a poder votar. Un voto que, por desgracia, cada vez se me hace más difícil por múltiples motivos pero, incluso que sea con una pinza doble en la nariz, toca hacerlo. O quizás sin pinza. Quién sabe…

Fuente: ShutterStock

Hace unos veinte años me afilié a un partido político. No importa el color del mismo porque, sinceramente, me duró muy poco el amor. El desengaño, al cabo de un año cuando, como compromisario del mismo se me puso un sobre en la mano para votar a un determinado candidato, hizo que todo estallara muy rápido.

Siempre he sido una persona interesada en la política. Creo que la política es lo que acaba decidiendo muchas cosas que, al final, van a afectarme a mí y a mi familia. Cualquier decisión política afecta a la sociedad y, desde que tengo a mi hija, tengo muy claro que quiero lo mejor para ella. Ya no miro en clave personal. Debo reconocer que, por desgracia, jamás he mirado en clave personal casi nada. Bueno, salvo detalles puntuales que si os contara, seguramente os parecerían muy irrelevantes pero, sinceramente, esperar turno en el Dragon Khan cuando hacen el corte justo delante de ti, es algo que podría haberse evitado. Lo digo como ejemplo de lo anterior.

En mi Ayuntamiento (en los que he estado residiendo y en el que estoy ahora) siempre voto en clave personal. Lo importante son las personas y, por suerte, conozco y he conocido a determinados candidatos personalmente. Y jamás hubiera votado a determinados partidos en unas Generales pero, por el pueblo, siempre miro a gente que sé que me va a responder. Eso sí, jamás acierto con los que ganan. Tengo espíritu de oposición. Creo que mi arco parlamentario oscila entre los extremos, dando bandazos en función de muchas cuestiones.

También he conocido gente fantástica, que sé que se deja los cuernos, en lugares políticos relevantes. Lástima que sus partidos tomen decisiones nocivas. Lástima que, en ocasiones, a algunos les guste más el trinque que el servicio público. Lástima que nos quedemos con los cuatro cuando son centenares los que trabajan para que las cosas funcionen. Lo mismo nos pasa a los docentes. Por cuatro, salimos todos escaldados. Ya si eso hablamos de las generalizaciones.

He votado a la izquierda y a la derecha. También he votado al centro. E, incluso, a partidos cuyo único objetivo era el de cargarse a los partidos. ¿Ilógico? No, en mi concepción de la política muy lógico. Incluso, en ocasiones, debo reconocer que he realizado un voto más de castigo al statu quo que a propuestas políticas. Y he votado en ocasiones sin leerme los programas. Una vez incluso voté al partido cuyo nombre me pareció más absurdo. Creo recordar que era algo de un partido de comuneros pero no me tiréis de la lengua porque creo que, al final, muchos estamos tan huérfanos de partido que votamos por impulsos.

En estas proximas elecciones votaré. Tengo solo claro a quién votaré en el Ayuntamiento. Tengo también algunos descartes para autonómicas y generales. Lo de las mamandurrias de las Europeas, para colocar a algunos ya quemados de la política nacional, ya me lo pienso sobre la marcha.

Me chirrían los políticos de raza. La política no debería jamás convertirse en una profesión. Es un servicio público que, por lo visto, sirve para algunos que jamás conseguirían trabajar en nada, librarse de engrosar las listas del paro. Reconozco que tampoco da en cuatro años para aprender y que, quizás la política deba ser un trayecto personal más largo pero… permitidme poner mis pegas al asunto.

El domingo que viene votaré porque es mi obligación hacerlo. No pido que los míos ganen porque, como habéis podido intuir, no tengo míos. Pido tan solo que las cosas mejoren y que la sociedad que dejemos en un futuro sea mejor que la de ahora. O, simplemente, que sea como la de ahora. Ya veis si me conformo con poco.

Votad. Es imprescindible hacerlo, pero no os voy a decir a quién. Votad sabiendo qué votáis es lo único que os pido porque, como sucede siempre, nos jugamos mucho. Al final, la política es la que decide cómo vamos a vivir.

Hoy en mi moleskine me apetecía hablar de política. No me lo tengáis en cuenta.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

No Comments Yet

Deja un comentario

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
close-link