¿En qué lengua debemos dar clase?

Monolingüismo (en lengua minorizada o no), bilingüismo e, incluso, multilingüismo como pautas a la hora de hablar de modelos lingüísticos en el aula. Obligación, recomendación o, simplemente imposición velada, acerca de la lengua que debe ser usada de forma preferente por el docente y, cómo no, forzado su aprendizaje incluso que la misma se aleje del uso habitual de nuestros alumnos. Normativas sin sentido que pretenden, más allá de confrontar por algo tan simple como debería ser una lengua de comunicación, convertir esa decisión en algo sometido a articulados legislativos muy alejados del sentido común.

Fuente: Fotolia CC

Debo reconocer que me siento más cómodo dando clase en mi lengua materna -el catalán- que en castellano o inglés aunque, en la penúltima pueda tener un conocimiento muy avanzado a nivel bilingüe y, en la tercera, pueda defenderme en una conversación con una persona de países anglófonos. La lengua materna es la que me permite expresarme mejor y, es por ello que es la que habitualmente uso en mi aula salvo que se dé el caso de encontrarme con una mayoría de alumnos que, por un determinado motivo, el uso del catalán pueda suponerles un problema en su aprendizaje. Y sí, reconozco que si alguien me pregunta en castellano le respondo en castellano. No me cuesta mucho hacerlo. Por cierto, hasta ahora nadie me ha preguntado en inglés para responderle con esa lengua… así que, por ese lado no hay nada que rascar.

No sé si soy un buen docente al considerar que las lenguas enriquecen y deben ser un mecanismo de comunicación fluido con los alumnos. No me vale introducir modelos basados en dar, por ejemplo, Historia o Matemáticas en inglés porque, sinceramente, tal y como muchos estudios afirman (sí, podéis buscarlos con facilidad sólo que tengáis un poco de habilidad con Google), es un despropósito usar lenguas no maternas o de contexto en el aprendizaje. Es por ello que el bilingüismo -o trilingüismo- que algunas Comunidades plantean es un retroceso en el avance cualitativo del aprendizaje de nuestros alumnos. Veis, otra cuestión más que tiene más que ver con criterios políticos que pedagógicos. Y ya son muchas.

Tengo mis dudas acerca de la imposición de modelos lingüísticos. O, simplemente, de penalización de docentes o alumnos por tener delimitada la lengua de intercambio con ellos por decisiones que tienen muy poco que ver con el sentido común. Sí, he visto de todo en los años que llevo de docencia. Más aún habiendo pasado gran parte de mi vida laboral a caballo de dos Comunidades con políticas totalmente opuestas en ese sentido con persecuciones, curiosamente, divergentes bajo la misma justificación. Entre el desprecio al catalán (valenciano o balear) por parte de quien lo considera lengua de aldeanos y, por ello, restringida al uso rural o con connotaciones muy negativas hasta la inmersión en catalán que ha hecho que algunos docentes tengan que emigrar para conseguir una cátedra (sí, el mejor profesor que he tenido nunca -aragonés para más señas- tuvo que irse de Cataluña a Aragón porque no había manera de sacarse el título en catalán que le demandaban para el acceso a las mismas) o ha provocado situaciones tan surrealistas como pasarles un test en portugués a los alumnos procedentes de América del Sur por no pasárselo en castellano. Casos aislados que han sido magnificados por determinada prensa porque, la realidad es que nunca ha habido problemas lingüísticos en las aulas catalanas salvo cuando se han mezclado cuestiones políticas.

La verdad es que tengo muy claro que mi lengua materna es la mejor para expresarme y dar clase y, por ello, seguiré haciéndolo. Me encanta mi catalán en su variante dialectal y, jamás voy a perderlo. Eso sí, me preocupa que algunos tengan la idea de obligarme a dar las clases en castellano o inglés por cuestiones políticas. Y sí, mi caso particular también puede darse en sentido contrario.

No lo sé. Quizás soy un convencido de la lengua como nexo de unión más que como herramienta de separación. Eso sí, a veces, da la sensación que sea el único que pienso lo anterior porque, entre experimentos de unos u otros o, simplemente, escaramuzas que a los únicos que perjudican es a los alumnos, creo que algunos han perdido el norte. O, quizás, sea que han modificado el norte para que se adapte a sus necesidades ideológicas.

I ara, si voleu… ja podeu començar a criticar-me uns i altres.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

4 Comments
  1. Este problema existirá en Cataluña mientras ésta siga siendo España. Es normal que un estudiante se dirija al profesor en castellano, ya que es un idioma oficial de la Comunidad, y éste le debe responder en la misma lengua si aquel no entiende el catalán. Si Cataluña llega a ser independiente, la cosa cambia. Entonces, cuando un alumno se exprese en una lengua no oficial (por ejemplo, el castellano, si no se acepta como cooficial), el problema será el mismo que si fuera en Dinamarca, donde todo el mundo conoce también el inglés, pero no tiene ninguna obligación de hablarlo cuando alguien se le dirige en esta lengua.

    1. Sinceramente no veo qué hay de malo en usar un lenguaje de contexto siempre que emisor y receptor lo conozcan y dominen. Menos aún el mezclar lenguas y enriquecer la comunicación con ello. A mí uno de los temas que me preocupa del comentario es el plantear la expulsión de una lengua (tal y como se hizo antaño con el catalán en documentos públicos y lengua de la administración) para encerrarnos cada vez más en territorios más reducidos. Y ojo, en ningún momento me estoy posicionando políticamente y sí a nivel social o, más bien, educativo -o de lengua de aprendizaje-. Por cierto, ojalá supiera árabe, rumano o danés para poder resolver las dudas a ese alumnado cuando sé que son más hábiles en esa lengua por ser su lengua materna. Otra cuestión es la necesidad de vertebrar -o no- una lengua como mecanismo de poder pero, sinceramente, eso creo que no debería ser el objetivo de ningún docente.

      Un saludo y gracias por pasarte por aquí.

  2. Hombre, hombre. Obligar a usar el catalán como única lengua vehicular a una ciudadanía que tiene el castellano como lengua de uso en torno a un 50% es no respetar los derechos individuales y hacer nacionalismo, construir nación despreciando a las personas. Claro, no se va a una guerra civil por ello y así se justifica la normalidad. Escaquearse como se hace en el artículo resulta chocante en alguien al que parece darle igual lo bien pensante salvo que sea un nacionalista de los que quiere nación monolingüe.

    1. Creo que me he posicionado en más de una ocasión sobre temas lingüísticos (aquí y en las redes sociales en las que tengo perfil). No pienso en el escaqueo y sí en el sentido común porque, al final, lo que me interesa es que mis alumnos aprendan y te prometo que, al menos en mis clases y de la mayoría de mis compañeros, el tema lingüístico nunca ha sido un problema tal y como a veces se pinta desde los medios. No, la lengua sólo es un problema cuando se mezcla con la política. Más allá de lo anterior una herramienta de comunicación que permite intercambiar opiniones más o menos sesudas (y también banales).

      ¿Nación monolingüe? ¿Realmente eso existe en algún sitio? Porque si uno va por la calle -o, si nos ceñimos al contexto educativo, aulas- oye hablar a multitud de personas en diferentes lenguas e incluso mezclándolas en la misma conversación 🙂

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