¿Envidia? Pues va a ser que no ;)

Sorprende que la mayoría de ataques a lo que digo vengan no por lo que digo y sí, supuestamente, por cuestiones personales que me afectan. Ya tengo superado al típico troll que, curiosamente, siempre me dice que mis artículos están cargados de acidez, que tengo muy mala educación o, simplemente, que algunos comparten y que yo no comparto nunca nada.

Fuente: ShutterStock

Pues va a ser que en nueve años que estoy escribiendo aquí he escrito acerca de recomendaciones para usar las TIC, propuestas para reformular las leyes educativas, mecanismos de gestión de aula, análisis de determinadas herramientas/servicios, manuales de uso de ciertas cosas o, simplemente, estrategias que he usado para las diferentes asignaturas que he impartido (especialmente la mía, Tecnología) y los grupos que he dado clase. Todo ello aderezado por temas de gestión de blog, desde la creación de uno hasta la elección del dominio y alojamiento. Y estoy dejándome cientos de cuestiones más en el tintero pero, sinceramente, os prometo que he escrito sobre todo lo anterior. Bueno, lo podéis comprobar vosotros mismos buscando y buceando en el blog.

Ya sé que queda muy bien criticarme por lo anterior que, como ya habéis visto, es fácilmente rebatible. También lo es el típico ataque por “ganar pasta a tutiplén con el blog”. De verdad me gustaría que alguno echara un vistazo a mis cuentas (sí, tengo una pequeña libreta de cuentas entre inputs y outputs, que arrojan unos cuantos miles de euros de déficit) pero, sinceramente, ¿alguien se cree que me estoy forrando con esto? ¿Alguien cree que gano dinero con la crítica a ciertas cosas? ¿De verdad alguien cree que soy un Bona camuflado de hermanita de la caridad? Lamento informaros de que, por desgracia, no tenéis ni tan solo la excusa de decir que he sacado pasta por mi primer libro. Es jodido que algunos se queden sin argumentos pero, como siempre sucede, no puede haber dos sin tres.

Lo tercero que me endosan es la envidia. Envidia, supuestamente, por no poder ser ponente en determinados lugares, ser propuesto para determinados premios o, simplemente, poder trincar dando cursos de formación. La verdad es que ya hay un poco de hartura pero, hay días como hoy, en los que me gustaría explicarles a esos personajes del gatillo fácil y argumento débil que se equivocan completamente.

No doy cursos de formación porque no me interesa darlos. He dado alguno, muchas veces sin cobrar, porque me apetecía hacerlo. Creo recordar que también he hecho alguna cosilla para Telefónica y me han invitado a colaborar en libros, artículos o charlas, a los que he ido en algunos casos encantados sin cobrar ni un euro. A veces ni tan solo he cobrado el viaje. Y podría hacerlo mucho más porque, da la sensación, que al personal le apetece contratarme para ciertas cosas pero, por suerte, aún tengo posibilidad de elegir qué quiero hacer. También marcar los tiempos. Además, hay algo que algunos no sabéis (ni me importa que lo sepáis)… tengo complicaciones familiares que lastran bastante mis fines de semana. Bueno, no son un lastre precisamente. Además, jamás en mi horario laboral se me ocurriría plantearme acudir a dar determinadas charlas. Menos aún cobrar por ellas y seguir cobrando como docente que estoy con permiso para que mis compañeros de guardia tengan que pringar. No me apetece. Mi trabajo, para el que me pagan, es dar clase.

¿Entonces eres un bonachón altruista que todo lo hace por amor al arte? Claro que no. Seguramente voy a ir aceptando determinadas cosas en un futuro porque me apetece decir, desde determinados lugares, ciertas cosas. Eso sí, eso jamás irá en contra de mi ideología ni creencias. Una cosa es tener ganas de sacarte una pasta para pagarte algún capricho, otra muy diferente renunciar a tus ideas por poner la mano. Y, a mí, personalmente, lo de poner la mano con contrapartidas no me va.

Nada trolls. Lo siento por vosotros por dejaros sin argumentos. Eso sí, podéis seguir insistiendo pero, al final, salvo que alguno sea encefalograma plano, sabrá perfectamente que el ataque personal (tan inconsistente como basado en falsedades) no cuela. Eso sí, seguro que habrán palmeros que seguirán erre que erre creyéndose el cuento. Es lo que tiene la ficción. Que algunos la saben vender muy bien.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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