Equipamiento tecnológico mínimo para el cambio metodológico

En muchas ocasiones he alertado de la falsa panacea educativa que suponen las TIC. Del demasiado habitual uso de las mismas para hacer lo mismo de siempre dándole una pátina de innovación. De cómo en muchos casos se han convertido en un simple mecanismo de transmisión unidireccional que refuerza malas praxis anteriores. Sí, las TIC no nos van a solucionar la vida en el aula ni, tan sólo, se van a convertir en algo finalista como muchos se piensan. Las TIC son simplemente un camino que permite hacer cosas, de acceder a gran cantidad de información a un solo golpe de ratón o presión táctil o, de poder cambiar, si a uno le interesa, la forma en que se relaciona con los alumnos más allá de las cuatro paredes del aula.

No necesitamos que cada alumno disponga de su equipo tecnológico en todo momento, ni necesitamos dotarnos de la licencia del gran programa para diseñar o plantear otras formas de hacer clase. Debemos tener la tecnología a nuestra disposición para cuando podamos dar una utilidad real a la misma. Cuando su uso nos aporte valor añadido. Cuando, mediante esas herramientas o dispositivos, nos planteemos posibilidades alejadas de otro tipo de herramientas. Las TIC complementan, nunca deberían sustituir. Y, por desgracia, da la sensación que todo pase por ser un docente TIC o un docente analógico. Algo que, a mi entender, no tiene ningún tipo de sentido porque el perfil docente debería ser mixto: de uso de la tecnología cuando sea necesaria y, como no, prescindir de ella cuando sea un estorbo.

Por tanto ya tenemos una premisa del aprendizaje… usar las TIC cuando sean necesarias. Eso sí, lo anterior, como mínimo, debería llevar asociado un equipamiento mínimo en nuestras aulas. El más inmediato que se me ocurre sería una dotación básica por aula que permitiera el acceso a la red en condiciones (sí, lo de poder ver un vídeo de Youtube o acceder a cualquier tipo de página debería estar al alcance de todos los docentes en sus aulas), proyectar lo que está sucediendo en el equipo informático y un equipo de sonido básico (con dos altavoces colgados en el techo hay más que suficiente). Además de lo anterior, en caso de necesidad -que irá incrementándose con el cambio metodológico-, tener la posibilidad de disponer de un aula de informática en momentos puntuales o de unos dispositivos portátiles que pudieran distribuirse en las aulas conforme lo necesiten los docentes en sus clases. Sin lo anterior, olvidémonos de cambio metodológico mediado por las TIC y hablemos de chapuzas metodológicas por restricción de equipamiento.

Fuente: http://jorgecrespocano.tumblr.com/
Fuente: http://jorgecrespocano.tumblr.com/

¿Es caro el equipamiento mínimo? Pues no excesivamente. Un aula equipada con proyector y altavoces (montada y ensamblada) te puede salir por unos quinientos euros. Un equipo informático móvil por docente, unos 300 euros la unidad y, si a lo anterior sumamos la disposición de unos tres equipos de sobremesa por aula o un carro de portátiles… tampoco es que se nos dispare el presupuesto. Por cierto, una de las cuestiones imprescindibles es disponer de una buena conectividad y ahí entra la picaresca. Sabemos que los centros educativos en muchas Comunidades no pueden contratar por su cuenta un proveedor de internet porque la propia administración ha llegado a un convenio global con determinada compañía telefónica. Pues bien, usemos al AMPA. El AMPA sí que puede contratar un proveedor de internet para el despacho que tienen en los centros educativos y, ¿quién dice que no puedan instalar algún punto de acceso? 🙂

Podemos fabular acerca del uso de las TIC, de cómo las mismas pueden llegar a producir grandes cambios en nuestro modelo educativo pero, si al final un docente o un alumno entra en un aula donde no hay un equipamiento tecnológico básico, lo debemos dejar en fábula porque, pensar que el cambio va a llegar por la vía de ir arrastrando por todo el centro el portátil que se compró el docente para uso personal y moviendo el proyector portátil de aula en aula, vamos apañados.

No a la sobredotación tecnológica sin planteamiento previo de lo que se quiere hacer pero, de ahí a mantener una microdotación en algunos centros, va un largo trecho.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

10 Comments
    1. Estoy muy de acuerdo con tu post y solo comentar que desde el preescolar y la enseñanza primaria por lo menos, ya que es ahí donde me muevo, me parece fundamental un cambio de tuerca más, porque la introducción masiva de libros de texto, y casi únicamente esos, ha provocado que la enseñanza se convierta desde edades cada vez más tempranas en un hecho cada vez más virtual, donde la experiencia directa está ausente; donde no hay cabida para una expresión personal de casi nada; donde todo queda tapado por el libro de texto, que a todos nos iguala, tanto a alumnos como a profesores. Así que viva el libro de texto, viva la tecnología pero establezcamos pautas para no perder el sentido de lo que queremos hacer. La experiencia que nuestros alumnos no tengan en los primeros años, no la van a poder tener después.

      1. Creo Ander que me he perdido en tu comentario o, quizás he interpretado mal la apología que hacías de los libros de texto. Los libros de texto, al igual que cualquier material estanco y obsoleto, son uno de los corsés más importantes del cambio educativo. Un cambio que pasa por la integración de docentes, alumnos, familias y administración en un todo y, cómo no, por la invisibilización de unas tecnologías que no conviene maximizar sin sentido pero tampoco, por desgracia y como sucede en demasiados centros, reducirlas a su mínima expresión.

  1. Hola, Estoy de acuerdo contigo en todo pero me gustaría poder añadir un par de cosas.
    Lo primero y más importante de todo, es que los profesores tengan unas competencias digitales mínimas, las cuales, desgraciadamente no existen.
    Por otro lado importante es tener claro el objetivo de la utilización de la tecnología y, una vez que se tiene el equipamiento básico, conocer todas las aplicaciones open source que existen en la red, saber curar contenidos, etc.
    Felicidades por este post, los leo casi todos.
    Saludos

    1. Muchas gracias por tus palabras Julia y por el comentario. Sí a todo lo que planteas y a la realidad observable de que, lamentablemente, hay demasiados docentes sin tener unas competencias digitales básicas (o mínimas).

      Un saludo de vuelta.

  2. Jordi, completamente de acuerdo con este post. Me gusta la frase «La tecnología no convierte un mal centro en un buen centro….pero puede convertir un buen centro en un centro aún mejor».Y donde dice «centro» puedes poner «docente».

  3. Probablemente la euforia inicial llevó a pensar que las TIC tenían una especie de poder pedagógico mágico que iba a transformar las aulas sólo con su presencia. A medida que ha pasado el tiempo los docentes empezamos a reconsiderar los planteamientos iniciales, Ahora, la discusión debería girar en torno a cómo es posible sacarle rendimiento a las TIC en el aula a partir de saber articular su integración didáctica, que es en definitiva dónde creo que se encuentra la clave del problema desde una perspectiva pedagógica.

    1. No es habitual cuestionar la tecnología desde el uso. Lo habitual es que la misma sea reconsiderada desde despachos alejados de primera línea y, curiosamente, por parte de aquellos que nunca le han dado un uso diferente a la repetición de modelos que ya usaban con otro tipo de herramientas. La discusión sigue siendo estéril porque, lamentablemente, muchos aún no han llegado a cuestionarse la tecnología desde su uso y, aún menos, desde la sensación de que hay algo que estamos haciendo mal cuando lo único que hacemos es usarla para complicar lo que ya hacíamos antes. No hay un docente único en su relación con las TIC y, es por ello que, quizás, los puntos de partida y las necesidades sean muy diferentes.

      Gracias por comentar.

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