Es lícito ponerse de perfil, pero…

Esta mañana, después de otro día de insomnio, he leído el mejor artículo en mucho tiempo, escrito por Pablo del Pozo, en el que conmina a mojarse. Habla de la necesidad de empezar a decir las cosas claras, intentar dentro de las limitadas posibilidades de los docentes de luchar contra la desinformación, el machismo o, el blanqueamiento de ciertos productos. Todo ello con múltiples ejemplos que, seguramente como docentes, habréis vivido. Yo los he vivido en mi aula y no creo ser una excepción.

Fuente: http://www.esloquehay.es

Es lícito ponerse de perfil ante muchas cosas. Siempre es decisión personal el posicionarse acerca de ciertas cosas. Más aún cuando hay factores que, para algunos, pueden llegar a pesar más. Bueno, a mí que factores como la necesidad de ser amigos de la directiva para conseguir prebendas, conseguir seguidores en las redes, dar cursos de formación o, simplemente, que piensen en mí para ocupar/hacer determinadas cosas es algo que nunca me ha ido. Quizás por ello algunos pretendan callarme, me destituyan de ciertas cosas por «falta de confianza» o, simplemente, se creen cuentas anónimas en las redes sociales para difamarme. Es lo que tiene cuestionar la manera de funcionar de algunos. Especialmente de aquellos que creen y actúan como si fueran algo más que yo. Ya si eso dejamos el tema laboral porque, a pesar de ser importante denunciar ciertas cosas que suceden ahí, hay temas mucho más importantes para el procomún. Además, a nosotros nos pagan para procurar que nuestros alumnos aprendan. Y, el aprendizaje siempre es algo más que una fórmula, el conocer la geografía de un lugar o, simplemente, tocar un determinado instrumento.

No nos podemos poner de perfil al denunciar que hay asignaturas, como la religión, cuyo único objetivo es adoctrinar. Tampoco podemos hacerlo cuando vemos que alguien les dice a los alumnos que la homofobia es una desviación genética. Menos aún ante taxonomizaciones de los alumnos por raza, sexo o no ser de los cánones previstos. Lo de permitir que en nuestros centros hagan grupos de nivel también es algo que debemos criticar. Y eso es muy complicado. Te obliga a enfrentarte con quienes pretenden hacer ciertas cosas. Criticar propuestas que vienen de arriba siempre te genera problemas. No es que los busques. Es que, en ocasiones, defender lo que crees justo, no siempre es fácil. Más bien al contrario. Lo pasas mal. Te obliga a salir de tu zona de confort pero, al final, lo que importa es que puedes ir con la cabeza bien alta. Y dormir tranquilo. Eso es lo más importante del asunto.

Adoctrinar quizás no sea la palabra pero uno, con independencia de la asignatura que dé, no puede dejar de hablar de lo que sucede en la sociedad. De lo que sucede en pequeño contexto. De lo que sucede en la propia aula y, tampoco, debe evitar responder a determinadas cuestiones a los chavales bajo el pretexto de no mojarse. Es más complejo el tema de la educación que lo que a algunos les gustaría. Lo mismo que tomar la decisión de usar libro de texto o no. En algo tan banal y la forma de usar ese recurso, también hay un claro posicionamiento. Ídem para hacer o no hacer ciertas cosas. Cosas que, a veces, te exigen dar la cara. Y todos sabemos que dar la cara tiene sus contraindicaciones.

Mirar a otro lado no es la solución. Algún día ese posicionamiento neutro tendrá consecuencias. A veces dichas consecuencias nos van a afectar. Otras van a afectar a nuestros vecinos. Y, seguramente, muchas otras a nuestros alumnos. No tenemos alumnos dóciles, tenemos proyectos de persona que entienden las cosas. Por ello se merecen que se les dé información. Que se les diga las cosas. Que se les anime al debate. Que, en definitiva, se les trate como personas.

Siempre es lícito ponerse de perfil pero… ¿es lo que debemos hacer?

No hay verdades absolutas pero, a veces, hay cuestiones en las que no puedes tener doblez.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

4 Comments
  1. Hola Jordi, acabo de leer tu artículo y me encanta, estoy 100% de acuerdo contigo. Vivimos en un país de conformistas, donde la gente sólo protesta cuando le atacan al bolsillo, y así es muy difícil avanzar. En la enseñanza se refleja esto claramente, las imposiciones que vienen de arriba son cada vez más absurdas y hacen pensar que responden a intereses que no son los que deberían ser.

    1. El problema fundamental es que la queja en pequeño comité, al lado de la máquina de café de los centros, tiene muy poca utilidad real. Pero, todos los que trabajamos en un centro educativo, sabemos que, por desgracia, cuando es el momento de cuestionar ciertas cosas, da la sensación que todos escondan sus ideas tras ciertas justificaciones, en muchos casos, inverosímiles.

      Un saludo.

  2. Tengo compañeros que opinan justo eso, que no debemos difundir nuestras opiniones en clase para no influenciar a los alumnos. Yo opino lo contrario, y cuando tengo que hablar de algo que ocurre la sociedad, lo hago. Siempre intento dejar claro que es mi punto de vista particular, como persona, no como profesor de lengua (a pesar de que una cosa no se puede separar de la otra). También les dejo claro si he leído mucho o poco al respecto y si tengo una opinión formada o si sólo se algunas cosas. Desde luego, también les animo a que sigan leyendo y preguntando, que no se queden únicamente con mi opinión. No sé si es suficiente o no, pero yo me quedo más tranquilo haciéndolo así y no callándome.

    Esto aplica a mojarse delante de los alumnos, denunciar lo que no me gusta mi propio centro… Ya me cuesta más trabajo.

    1. El aula es un espacio para, más allá de dar nuestra asignatura, reflexionar acerca del contexto en el que nos está tocando vivir. La sociedad no es neutra. Nosotros no somos neutros. Y, seamos sinceros, ¿qué adoctrinamiento es ese que se da unas pocas horas a la semana por parte de un docente? Opinar siempre es lícito. Otro tema concreto sería que el único objetivo de nuestra profesión fuera la opinología.

      Mojarse es imprescindible delante de los alumnos y, también debería serlo para denunciar qué es lo que no funciona en el centro porque, en muchas ocasiones, desde la dirección (y lo digo habiendo estado en un equipo directivo) no se ven ciertas cosas.

      Un saludo.

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