Es muy fácil no hacer nada

nohacernadaEn nuestro colectivo es muy fácil no hacer nada. Resulta fácil e, incluso se pone como modelo, el seguir haciendo lo mismo de siempre. Desincentivar prácticas diferentes es algo que gusta hacer. Incluir las típicas palabras de lo «que deberíamos trabajar para llevar a cabo algún proyecto» es algo que se oye con demasiada asiduidad.

Tengo muy claro que no hay docentes, salvo contadas excepciones, a los que no les gustaría cambiar determinadas cuestiones. Tengo también muy claro que, por diferentes motivos, hay un miedo atroz (o un pasotismo en diferentes grados) a avanzar un paso para intentar cambiar las cosas. No es falta de ganas. Es incapacidad de la situación de plantear algo diferente como necesario. ¿Por qué cambiar si ya está bien todo como está? ¿Por qué cambiar si, aunque puedan hacerse las cosas mejor, dicho cambio supone un esfuerzo que, por diferentes motivos (algunos justificables), no se está dispuesto a asumir?

Siempre me gusta tirar de ejemplos reales. La realidad es mucho más fácil de explicar que las suposiciones que provienen de las intuiciones o reflexiones de uno. En este caso voy a sacar el ejemplo de lo sucedido en mi centro. Una situación que, no por esperada, no deja de tener su contrapartida anímica. Contrapartida que cada vez hace menos mella en mí. Contrapartida que, pasándomelo como me lo paso en las aulas con los chavales, tiene un contrapeso positivo muy elevado.

Pongámonos en situación. Miércoles de hace un par de semanas. Sí, lo fío a largo porque hasta ahora no me veía capaz de escribir sin que me entrara un cabreo excesivo por el tema. Organizo una charla para mis compañeros donde convoco a todos los interesados en un proyecto para impulsar el uso de la tecnología en mi centro. Esa charla la pongo dentro del presentismo inútil de los miércoles (sí, los miércoles en mi centro son tan productivos que nos obligan a quedar dos horas sin ningún tipo de trabajo a hacer más allá de alguna reunión que, tres cursos después, me permito clasificarlas como totalmente inútiles -y no soy el único que piensa así-). Pienso que puede ser interesante para mis compañeros por la repercusión (pienso que en clave positiva) que supondría en el trabajo diario. Me preparo un proyecto bastante interesante (por el tiempo dedicado) que adapto de otros proyectos en centros que sí que funciona la colaboración. Llega la hora y me encuentro con cinco profesores (uno de ellos el director). Poca gente. Bueno, es normal si el proyecto no lo incentiva la dirección del centro. Además, ¿cómo puedo competir con la máquina del café a esas horas? (lo siento, es una broma ácida por las sensaciones que recorrían mi cuerpo).

Presento el proyecto. El esbozo del mismo. Planteo modificar la estructura tecnológica del centro. Eliminación de papeles. Digitalización de la transmisión de la información. Conversión de la web de centro en un espacio agradable y que permita la interacción entre la comunidad educativa. Trabajar por proyectos al margen de los libros de texto digitales. Introducción de proyectos transversales, etc. Una propuesta de máximos que siempre puede adaptarse.

El problema llega cuando interviene el director. Su primera crítica nada encubierta es preguntar que quién llevará a cabo el proyecto si yo me voy el curso que viene. Qué falta de confianza en los docentes que trabajan en su centro. Yo sí que confío en ellos. Yo sí que estoy convencido de que si se tira adelante un proyecto ambicioso como este al final se van a ir incorporando la mayoría de mis compañeros. Qué ganas de justificar las pocas ganas con excusas que tienen muy poco de excusa. Siguen las críticas acerca del uso que hago de determinadas herramientas. Me pregunta por qué si Edmodo era maravilloso (por cierto, hace un par de cursos lo usé con bastante éxito y planteé una formación acerca de su uso a mis compañeros -algo que no cuajó-) cambiar este curso de modelo. Ahora va a resultar que no podemos cambiar de metodología por necesidades profesionales. Qué sentido tiene esta crítica. Yo no lo entendía. Supongo que ahora, pasado el tiempo, quizás se debe al inmovilismo que impera en la gestión de mi centro.

Ya prefiero no hablar acerca del comentario acerca de lo «innecesario que era cambiar la web de centro porque supondría, seguro, un mayor trabajo para el que la gestionara». Aquí ya prefería no entrar mucho en la facilidad que supondría un modelo basado en algún CMS como WordPress para hacerlo (algo a lo que también me comprometía, junto con explicar el funcionamiento a algunos docentes quese quedaran el curso siguiente). Desistí de los máximos para ir a los mínimos. Unos mínimos que, a día de hoy, aún no se han fraguado. Y vistas las ganas de cambiar las cosas por parte de quien gestiona mi centro difícilmente van a hacerlo.

Por cierto, una de las cosas que me comentó el director era lo innecesario de facilitar un mecanismo de comunicación con los padres por falta de ganas de los mismos en intervenir y saber qué pasa en los centros más allá de casos puntuales. Lástima que, a día de hoy, con más del 80% de padres de mis alumnos con ganas de participar en la evaluación de sus hijos en mi asignatura y con ganas de comunicarse conmigo por la herramienta que he escogido este curso, lo que comentó se halla muy alejado de la realidad que he observado.

Es muy fácil no hacer nada y desincentivar los cambios. Lo realmente complejo es ponerse manos a la obra para cambiar (e intentar mejorar) ciertos aspectos de funcionamiento en los centros educativos. Y el tecnológico, a pesar de ser uno de los más banales, también es importante por lo que implica (a efectos de ahorro, comunicación y transparencia).

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

8 Comments
  1. Como siempre, yo te lo cuento al revés (se que el flipped viene de lejos). Coordino el Plan de Formación en centro desde hace varios años y se apuntan siempre los mismos 14 o 15. Incluso este año se ha facilitado poner en horario de mañana una hora de formación para no tener que venir por la tarde y se han apuntado casi los mismos. Parece que si lo plantea la dirección es una imposición. ¿En qué quedamos? Pues yo creo que está claro, que la dirección es un factor secundario en este tema, que lo más importante es la falta de perspectiva del profesorado (no ven o no quieren ver que este mundo ya no es analógico, sino digital) y un miedo atroz a cambiar por la falta de seguridad en sí mismos y su falta de formación. Y así nos va.

    Por cierto, que el jueves que viene «me voy de putas» a SIMO. Espero ver pocas y sí a muchos docentes para aprender de ellos, ya sea con sus experiencias o tomándome algo con ellos y ellas (no las putas, sino las docentes).

    En fin que esto, amigo Jordi, no hay quien lo arregle. Seguramente, ni yendo de «putas»,

  2. Buenas noches, en mi centro entre casi 60 profesores que somos, soy la única que está empleando el método, incluso compañeras de departamento me comentan «que ganas de trabajar!!!»», todo son miedos a los cambios, y no es que las considere malas profesionales, pero son miedos acomodaticios a los cambios.

    Mis alumnos llevan incluso un dietario que va pasando semanalmente de mano en mano, para que reflejen sus impresiones sobre la marcha de la clase, que realicen sus aportaciones y críticas al sistema, pues igual les llama la atención pero no ponen en práctica este simple sistema de feedback. Sólo una compañera le ha llamado la atención y se lo está planteando coger unas libretas y hacer el dietario para la próxima evaluación. ¡Señor, señor, señor!!!, que comodones somos algunos.

    Incluso una compañera de otro instituto que lleva la iniciativa sola de la clases al revés, ha sido presionada por la dirección del centro,para que vuelva a las clases magistrales, alegando que este sistema «es muy desordenado y provoca confusión en el alumno».

    Saludos

  3. Hola. Muchos ánimos a todos los docentes con iniciativa, nos hace falta. Una pregunta, cual es el sistema que utilizas para comunicarte con los padres? Me interesaría mucho saberlo. Gracias

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