Esa ciudad sin ley llamada Twitter

No digo nada nuevo si afirmo que Twitter se ha convertido en ese bar de copas en el que, algunos después de tomarse algún cubata y esnifar productos varios, intenta hacer valer desde el anonimato que permite, sus argumentos básicos de matonismo cobarde. Lugar en el que antaño existía buen rollo e, incluso la posibilidad de conectar con personas con la que llevar a cabo proyectos que, debido a su evolución, se ha convertido en un simple espacio donde, si uno se lo toma en serio, puede acabar enganchado a los tranquilizantes y coger una depresión de caballo. Twitter, esa ciudad sin ley. Ese espacio en el que algunos cuentan chascarrillos, otros afirman verdades absolutas y, finalmente, otros se dedican a decir aquello que, ni se atreven a decir a la cara y, mucho menos, argumentar sus cada vez más rotundas afirmaciones. Y ya cuando ilustran sus afirmaciones con noticias falsas que, ni tan sólo se han leído ya es de traca.

Fuente: Flickr CC

Twitter, ese lugar en el que un tipo es capaz de afirmar tajantemente que las vacunas son un peligro. Twitter, ese lugar en el que se considera al mismo nivel una imposición de manos que un tratamiento por parte de un médico. Twitter, ese lugar en el que se intenta democratizar el conocimiento y nos encontramos con expertos en medicina que se quedaron en primero de la ESO dando lecciones a investigadores del ramo. Twitter, ese lugar en el que lo más importante parece que sea el formato de idos y la futura acepción de iros por parte de la RAE mientras otros se dedican a promover firmas en change.org por encima de sus posibilidades. Esto es Twitter. Bueno, en esto se ha convertido Twitter.

A nivel docente igual. Cada vez son más los docentes que usan Twitter como simple argumentación de sus verdades y defensa de intereses personales. Ya no es el procomún, ni la exposición de proyectos, ni la difusión de noticias que afectan al colectivo. Ya es la simple manipulación de noticias de algunos medios que se difunden según intereses ideológicos, mentiras que, de tanto repetirse, hacen mella y se cuelan en el imaginario popular e, incluso, destrozos a la ortografía por parte de aquellos que, supuestamente, son garantes de la misma. A ver si nadie se ha fijado en la cantidad de errores ortográficos que se hace desde algunas cuentas de docentes. Y no, no es inmediatez, es simplemente incultura. Uno no puede tuitear «una tortilla de güevos» sin tener en cuenta la normativa básica del asunto para, simplemente, abrir un debate acerca de lo necesario que es el uso de cebolla en la misma. Bueno, poder puede…

Ataques barriobajeros, ideología a flor de piel, algunos queriendo haciendo gracia sin ser graciosos y, finalmente, aquellos que se ofenden ante cualquier cosa. Luces de neón, cientos de miles de personas consultando sus dispositivos tecnológicos mirando ansiosamente la cantidad de menciones recibidas o si le suben los followers. Revistas digitales automatizadas, informes continuos del número de seguidores que se suben o bajan al día y, finalmente, esa necesidad imperiosa de mostrar todo lo que se hace en la vida personal de uno. Cada vez más paja, menos aprendizaje y más mala baba acentuada por las altas temperaturas.

Twitter ya no es lo que era y quizás no lo volverá a ser. Ahora muchos docentes se están pasando a Telegram u otros espacios más privados, muchos otros están abandonando las redes para dedicarse a tiempo completo a sus menesteres y, finalmente, otro gran paquete sigue, entre asombrado y estupefacto, viendo la deriva de lo que sigue siendo un buen espacio para compartir aunque, cada vez cueste más separar el grano de la paja.

Lo importante es, viendo en que se ha convertido Twitter, darle cada vez menor importancia a lo que suceda ahí y olvidarlo a la primera de cambio. Twitter, por cierto, no debería tomarse en serio.

Fuente: https://twitter.com/mjchorda

Y ahora seguro alguno os preguntaréis que sigo haciendo en Twitter si pienso todo lo anterior sobre la herramienta. Pues, sinceramente, porque me lo paso muy bien. Y cada día que pasa, quizás me sirve menos para mejorar profesionalmente, pero me lo paso mejor y me río mucho más que al principio aunque, a veces, finja que hay cosas que me afectan profundamente 🙂

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Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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