Esa realidad educativa de la que nadie quiere hablar

La verdad es que, en ocasiones, uno tiene la sensación del uso de sesgos muy concretos a la hora de hablar sobre temas educativos. Más que de la existencia de sesgos, estoy convencido de que hay temas que, por diferentes motivos que desconozco, conviene ignorar en la mayoría de disertaciones metodológicas, fracaso escolar y, cómo no, pactos educativos de diferente calado. Hay alumnos invisibles y, curiosamente, lo son tanto para los que defienden una educación basada en criterios de esfuerzo como para aquellos que, lo único que quieren es que los alumnos salgan contentos. Alumnos y centros educativos la máxima de los cuales es la simple supervivencia para el docente que, por desgracia, ni cuenta con el apoyo de la administración y a lo único que aspira es a huir por patas de los mismos cuando le lleguen los puntos para acercarse a su domicilio -no, no hay docentes de esas zonas porque nadie ha llegado a la Universidad ni se prevé que llegue- y, de esos alumnos que, por desgracia, no van a poder asomar la cabeza en una sociedad donde se les ignora y se les trata como ciudadanos de segunda.

Fuente: http://foroparalelo.com
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Me estoy refiriendo a los barrios de La Mina, en Barcelona con una tasa de abandono escolar de más del 80% en Secundaria (sí, en Primaria, se habla ya de una tasa del 40%) o, de Las Tres Mil Viviendas en Sevilla, amén de otros lugares, quizás no tan conocidos, pero con sus problemáticas similares (tasa de paro altísima, problemas de drogas y, cómo no, preocupación muy alejada de las familias por cuestiones de si a sus hijos les mandan o no deberes). Es otra sociedad. Sí, una sociedad que tiene sus reglas y que hemos permitido entre todos que siga siendo ese búnker donde se pierde una generación tras otra. Generaciones muy geolocalizadas que, simplemente sirven para aumentar el porcentaje de fracaso escolar y convertirlo en un 30%. Sí, los números son muy fáciles de hacer… centros con menos del 5% de fracaso escolar (alumnado de clase media o alta) y centros con más del 90% (barrios marginales) hacen que salga ese porcentaje que aparece en las estadísticas. Algo que las desvirtúa completamente pero, lamentablemente, parece que nadie se preocupe de reducir el fracaso escolar en esos centros donde, todos sabemos, que depende más del contexto familiar que de lo que pueda hacerse desde los propios centros.

Hay una realidad educativa de la que se habla poco. No, ahí no tienen problemas con los conciertos educativos porque no hay ninguna organización religiosa (que son más del 85% de los propietarios de esa tipología de centros) que quiera montar ahí un centro educativo. No debe dar dinero o, simplemente, no debe interesar hacer una labor social porque los únicos que lo deben pedir son aquellos que pueden pagarse esas cuotas «voluntarias», comprarse el uniforme y, subvencionar esos centros que siempre se quejan de tener pérdidas económicas. La labor social de las organizaciones religiosas, salvo la de aquellas pequeñas parroquias que hacen lo que pueden por sus vecinos, no debe ir muy ligada a la mejora social. Quizás, en el fondo, lo que interesa es seguir teniendo fieles que crean en una vida mejor cuando mueran para que no se les acabe el negocio. Quién sabe aunque, la realidad es que no hay ni un sólo centro concertado de organizaciones religiosas en esos barrios complicados. No es demagogia, es simplemente constatación.

Tampoco tienen problemas con las metodologías que se usan en el aula. Suficiente tienen los compañeros que trabajan ahí lidiando con los problemas sociales de sus alumnos e intentar, dentro de sus posibilidades que, al menos, salgan sabiendo leer y escribir. Cómo para ponerse a usar flipped classroom en un contexto donde lo que prima es la simple supervivencia al margen del sistema. ¿Y las cestas de la compra? Sí, plagadas de productos prefabricados de bajo coste, en caso de que puedan permitírselo. Tienen unos problemas muy diferentes de los que estamos mediatizando y nadie de los que puede intenta solucionarlo. Una solución que no pasa por crear sólo grandes avenidas, demoler bloques para crear zonas para ricos (de los que ningún hijo va a estudiar en el barrio que tiene al lado) y enviar más policia. No, la solución debería ser otra. Una que, por mucho que duela reconocerlo, no pasa sólo por sus docentes -que hacen lo mejor que pueden- o la gestión de sus centros educativos.

La verdad es que, en ocasiones, deberíamos pensar en un objetivo educativo más amplio. Que permitiera la desaparición de esa invisibilidad que tienen muchos de nuestros alumnos. Que obligara a reformular el concepto de marginalidad para reconvertirlo en algo excepcional. Que, más allá del discurso fácil en contextos sociales no desfavorecidos, recuperara esos barrios porque, sin recuperarlos, estamos perdiendo a muchos chavales y no les estamos dando ninguna oportunidad.

Hay realidades educativas de las que nadie quiere hablar y, por mucho que no quiera hablarse de ellas o las pretendamos esconder bajo una tupida alfombra, seguirán estando ahí.

Recomiendo el fantástico programa de radio de Catalunya Radio titulado "El barri de la Mina: dignitat oblidada" porque ha sido el detonante de las reflexiones de hoy. Sí, conviene hablar de realidades incómodas que, no venden mediáticamente, pero están ahí.
EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Terminas tu escrito «…por mucho que no quiera hablarse de ellas o las pretendamos esconder bajo una tupida alfombra, seguirán estando ahí…» fechando en el 2016 ¡¡ . Yo trabajé en ese barrio en los años 70 y, efectivamente, no por callar la realidad dejará de gritar… o padecer.

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