Escape Room: se confirma que se nos ha ido la pinza en educación

A ver si al final de tanto innovar en conceptos y praxis se nos está yendo la olla. Hay días en que me da la sensación que el único objetivo de algunos es sacar determinadas «modas» efímeras para justificar su necesidad vital y, no pensar en cuál es el objetivo real de su alumnado. Claro que mola hacer un Escape Room con los chavales. Claro que es el no va más el inventarse cada cierto tiempo una nueva práctica a realizar en el aula para que así los chavales no se aburran o, se sientan motivadísimos para acudir a las clases pero…

Fuente: Desconocida

Cuando la moda del Kahoot (y no hace tanto) daba la sensación que uno no era un buen docente si no lo usaba en repetidas ocasiones con sus alumnos. Bueno, ¿os acordáis de los códigos QR cuando todo el mundo montaba actividades para que los alumnos estuvieran entretenidos? Lo siento, ahora el tema del aprendizaje con determinadas prácticas ya no cuela. Claro que los chavales van a decir que les mola hacer Kahoots, jugar a buscar tesoros en su ciudad o, simplemente, ver un vídeo de El Rubius mientras va corriendo el tema en ese vídeo flipped que les han mandado para casa pero, ¿es realmente productivo todo lo anterior? Y no estoy hablando en cuanto a su utilidad en concepto económico. Estoy refiriéndome en cuanto al aprendizaje del alumnado. Claro que puede justificarse como «es que aprenden a trabajar en grupo». Bueno, con una pelota en el patio, en el pilla-pilla o, simplemente, montando una salida al monte de forma autónoma aprenden mucho más. Incluso coordinando una salida de compras a la capital más cercana donde, por cierto, pueden apuntarse a un Escape Room para desactivar una bomba antes que explote y acabe con la humanidad o, enfrentarse a una horda de zombies cabreados y hambrientos.

No estoy cuestionando el uso de Escape Room para el aula. No estoy poniendo en tela de juicio la creencia de algunos en ir cambiando cada dos por tres lo que creen que va a funcionar con sus alumnos pero, ¿por qué no ponemos un poco de sentido común al asunto este de la conversión de la innovación como objetivo? El modelo Adriá de innovación continua en sus cocinas se traslada a sus comensales cada seis meses (lo digo por los cambios de carta de esos restaurantes «guays» que valen un pastazo) pero, ¿os imagináis que alguien cambiara cada domingo la manera de hacer la paella, introdujera nuevos ingredientes y, por buena que estuviera, le importara solo ese cambio con independencia de la posibilidad de los comensales de disfrutar de la misma por verse obligados a ingerir experimentos? A uno le puede gustar la pizza con piña pero cambiar, a la semana siguiente la piña por plátano, a la otra por melocotón y, finalmente a la siguiente, por kiwi y así hasta el infinito no creo que sea muy positivo para el consumidor. A veces a uno le gustan las cosas de toda la vida. Y tampoco funcionan tan mal algunas de ellas.

Lo del Escape Room vuelve a ser otra moda efímera que, por desgracia, se convierte en algo que llena blogs, redes y medios como si fuera una gran revolución educativa. El problema es que, para mí y creo que para todo el mundo que tenga un poco de sentido común, no es nada más que una demostración empírica que se nos ha ido la pinza en educación. Otra demostración más que confirma, que no solo que estamos innovando por encima de nuestras posibilidades. Demuestra que el único objetivo se está convirtiendo en ir cambiando continuamente y, por simple imitación de alguna idea que se le ocurrió a uno, para convertirla en algo que da la sensación que te convierta automáticamente en un docente innovador.

¿Es malo montar un Escape Room en el aula? No, pero creo que todos habéis entendido el sentido del post.

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En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

3 Comments
  1. Un «escape Room» No sabía que se llamaba así. Y que llevo haciendo dese hace… «creo que unos años» es salir del laberinto, después de la narración oral de «La leyenda de Icaro»

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