Escepticismo educativo

En el ámbito educativo, como profesionales del ramo o, simplemente, como personas que forman parte de la sociedad en su conjunto, deberíamos ser capaces de actuar con un cierto escepticismo al ver u oír determinadas cosas. Ya no es solo la incapacidad de algunos de encontrar justificación, mediante investigaciones más o menos robustas, de ciertas afirmaciones que hacen. Es ver como, en realidad, hay discursos que siempre se basan en las mismas cuatro frases que, al final, dicen poco menos que nada.

Fuente: Fotolia CC

Sed escépticos cuando oigáis a alguien hablar de metodologías activas. Todo proceso de enseñanza-aprendizaje es activo por defecto. No hay, ni lo he visto en mis años de alumno o como docente, ningún aula en el que se dé de forma continua ese modelo. Claro que he recibido, visto e, incluso dado, clases más expositivas pero, sinceramente, dentro del global representan una parte ínfima. Nunca hay pasividad entre orador y escuchante. No puede haberla. Menos aún cuando, en muchos casos, hay múltiples interacciones entre ambos roles dentro del aula.

Dudad también cuando se os hable de metodologías tradicionales. No existe la metodología tradicional porque, por suerte, no existe ningún tipo de metodología única. Por cierto, ¿a qué denominamos metodología tradicional? ¿A la que en las hemerotecas aparece antes? Pues si fuera así resulta curioso que todas las metodologías que critican a la metodología tradicional fantasma, tienen muchos más años de rodaje. Ya si eso entramos en la necesidad de algunos de leer acerca de pedagogía. Bueno, más bien de leer algo más allá del libro de un único autor, un único sesgo pedagógico o, simplemente, el típico post de su gurú/compañero de metodología de cabecera.

Sigamos con el «aprender a aprender«. Cuántas veces os habéis encontrado esa frase tan manida que dice que, al final, lo que deben hacer los alumnos es aprender a aprender. Entre que la frase es totalmente redundante y que, curiosamente, tiene un nulo sentido, ya debería hacernos sospechar. El aprendizaje es un proceso dinámico y, como tal, cada uno busca las estrategias para llevarlo a cabo. Si nos pasamos todo el proceso de aprendizaje aprendiendo a definirlo, al final nos vamos a quedar sin aprender. Eso sí, si queréis le podemos dar vueltas y vueltas al círculo. Nadie os lo va a cuestionar e, incluso, algunos os van a nombrar palmeros de honor.

¿Me dejáis meterme con el concepto del desaprender para aprender? Creo que mucha neuromandanga en el mundillo educativo pero, por desgracia, nadie se plantea lo que sí que se conoce del cerebro y su funcionamiento. Y lo que queda claro es que la capacidad de memorización o asimilación es infinita (ya está bien del neuromito que dice que solo podemos usar una pequeñísima parte del cerebro) pero que, hay algunos recuerdos, que pasan a estadios diferentes por acceso menos frecuente a los mismos. Si uno se pasa el día recordando ciertas cosas, al final va a tenerlo de acceso fácil. Si uno no usa determinadas cosas que aprendió o memorizó, tampoco implica que desaparezcan o que puedan hacerse desaprender mediante técnicas más o menos esotéricas.

Además, cuando os hablen por ejemplo de la necesidad de la tecnología en el aula, lo importante que supone hacer las cosas de una u otra manera o, simplemente, os vendan como imprescindible algo, siempre analizad quién hay detrás de ello. Si veis que los que os proponen la necesidad de herramientas y apps son empresas tecnológicas, ya deberíais ser un poco escépticos. Si veis metodologías que nunca fracasan en aulas heterogéneas, también. Si analizáis el currículum de todos aquellos que están tan satisfechos de lo que hacen en sus aulas o lo que venden, quizás también debería ser hora de empezar a plantearos algo. Al menos, dudad.

Un detalle final, si por casualidad veis que el único argumento para defender algo es la simple contraposición de visiones es que, a lo mejor, no se tienen argumentos. Si ya veis como alguien quiere justificar lo injustificable, acude a su grupo de terapia y aparecen todos para saltaros a la yugular sin contraponer argumentos, bajo el simple insulto o la descalificación es que, quizás, no tengan argumentos sólidos. Y ya el detalle final… cuando detectéis que la única manera de algunos de defender algo o validar su metodología es modificando el sistema de evaluación para que se adapte a su modelo, es que algo os debería chirriar.

El escepticismo es sano. En educación no todo lo que aparece blanco y en botella es leche. Puede ser horchata 😉

Ser escéptico significa serlo con todo. También con lo que yo escribo.
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Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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