Esos buenos propósitos para el 2018

No creo en los buenos propósitos. Menos aún en una fecha que, para los docentes, representa poco menos que nada. Mi año, al igual que el de mis compañeros, empieza el uno de septiembre. Lo de hoy, otra tradición más dentro de aquellas que, por lo visto, tiene incorporada la posibilidad de fallecimiento por atragantamiento con uvas, exceso de alcohol etílico o, simplemente, indigestión. Aquí los únicos que se benefician del final de año son los fabricantes de laxantes y almax. Pero bueno, que no se sustente la fecha ni la celebración no significa que no se haya de celebrar. Tonto el último de apuntarse a un sarao. La fiesta mola. Quién diga lo contrario es que tiene un grave problema. Bueno, siempre hay algunos que no saben disfrutarla.

Fuente: http://www.moveyourmind.es

Hoy serán muchos los que cogerán una hoja de papel (o, si son grandes tecnófilos, una hoja de su procesador de textos favorito) y escribirán en ella sus propósitos para este año que empieza. Unos propósitos relacionados cada vez menos con salud y más con prosperidad. Se renuncia a los principios básicos para hacer una retahíla de frases programadas que, a priori, habrían de guiar nuestra intencionalidad a lo largo del año. Unas hojas, en caso de haber sido pasadas a un formato conservable que, si no se han perdido en alguno oscuro lugar o en alguna recóndita carpeta de nuestro ordenador en caso de haber optado por la vía digital, veremos a finales del año siguiente como lo único que siguen siendo son las mismas hojas con una caligrafía cada vez más ilegible. Ilegible debe ser por la imposibilidad de haber cumplido ni uno solo de los buenos propósitos que propugnaba. Más bien rezumaba. Aunque queda bien eso de hacer buenos propósitos.

Debo admitir que cada vez soy más de circunstancias y menos de planificar. Quizás sea una cuestión más relacionada con el vivir que con el planificar, a medio o largo plazo, tus vivencias. A ver si alguien es capaz de renunciar a echar la Primitiva para ver si puede enviar la docencia o cualquier otro trabajo al garete. Que el tiempo es fantástico y más cuando se pasa con la gente a la que aprecias y quieres. Compro tiempo, vendo propósitos. Y como el tiempo no puede comprarse, lo único que tengo ganas es que algo me permita tener ese tiempo tan ansiado.

¿Realmente alguno va a ir al gimnasio, dejar de fumar o, simplemente, hacer dieta pasado fiestas? Seguro que más de uno va a pasar por caja del gym, comprarse algún aparato de esos que anuncian en la tele para dejar el abdomen liso (que, curiosamente, en poco va a acabar cogiendo polvo o siendo vendido como producto prácticamente nuevo) o, simplemente, ponerse a hacer dieta. De las tonterías se sale. Y, sinceramente, es un poco estúpido establecer fechas señaladas por terceros como momento para empezar a hacer algo.

Para todos aquellos que aún crean en lo increíble y piensen que el mundo va a sentirse mejor porque redacten unos buenos propósitos que, con mucha seguridad, no van a cumplir… redactad vuestro libro blanco de buenos propósitos. Redactadlo aunque sepáis que es una pérdida de tiempo. Las buenas intenciones, por buenas que sean, nunca son suficientes pero siempre ayuda tenerlas.

Disfrutad de vuestra noche y, especialmente, de vuestra familia. Eso es lo que os llevaréis de la noche de hoy. Haced en un futuro posible lo imposible. Feliz 2018.

Me gustaría que a los que os pasáis por aquí os vayan las cosas lo mejor posible mañana, pasado y el resto de días. Con ganas de que sigamos compartiendo momentos.
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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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