Estadio 4

Un tumor se ha extendido por la parte más mediática de la educación, al que ha ayudado, en gran parte, el uso de las redes sociales por parte de docentes y allegados. Ya estamos en el estadio 4. El momento en el que se han diseminado por todas partes tantas ideas absurdas que, al final, lo cuestionable es el optar por el sentido común.

Fuente: ShutterStock

Resulta que desde hace un tiempo se ha vendido la idea de que uno no es un buen docente si no usa sus festivos para formarse. Que no hay metodología activa en un aula, si no es bajo el paraguas de alguna de esas metodologías «chachis» que algunos están vendiendo como soluciones milagrosas. En definitiva, que lo innovador en educación es perder derechos laborales y alzar un cráneo untado de vísceras ante el personal. Y muchos aplauden. Cada vez más acólitos de un despropósito que se ha ido fraguando a fuego lento. Convirtiendo en enemigos a aquellos que discrepan. Bandos cada vez más opuestos y, algunos totalmente perdidos entre ir por libre o, por presiones, incorporarse a ese grupo más afín con los planteamientos puntuales de uno.

Docentes que dicen que defienden lo público llevando a sus hijos a la concertada. Docentes de la concertada creyendo que la crítica al modelo tiene que ver con ellos. Políticos que no saben ni quieren saber, salvo honrosas excepciones, de educación. Modelos de negocio basados en vender lo que hacen terceros. Fotos y fotazas abrazando a los gurús de turno. Herramientas fantásticas que van a solucionarlo todo. Y, al final, la medicación sin llegar. Bueno, para este estadio ya no hay medicación que valga.

Falsos amigos, falta de sexo, falta de perspectiva, falta de «seny». Convencidos de las bondades de ciertas cosas. Vendidos por un módico precio al mejor postor. Negocios nada camuflados al asalto del pastel educativo. Un cáncer que se extiende y lleva extendiéndose demasiado. Alumnos, por desgracia, siempre fuera de la quiniela. Una quiniela que, por desgracia para algunos, tiene más que la tercia típica.

Expertos en manipular y girar las cosas. Proliferación de perfiles anónimos en las redes sociales de supuestos docentes. Webs convertidas en un escaparate de servicios al mejor postor. Desertores y refugiados que, al final, somos parte de un sistema basado en unos valores equivocados. Ética como palabra desconocida. Horchata de supermercado y paella precongelada como dioses de la gastronomía.

Cuando no funciona el sentido común ni, por desgracia, se permite cuestionar nada porque seguro que hay alguno que se cree poseedor de verdades absolutas, ya está todo perdido. Quizás haya reductos numantinos que sobrevivan. Estoy convencido de que, al final, son muchos más los que hacen que el histrionismo educativo que nos rodea pero, permitidme en días como hoy ser más pesimista de lo habitual. Estamos en estadio 4 y, salvo milagros que no existen, no se vislumbra sanación. Ojalá me equivoque. Hasta entonces seguiré pensando de forma autónoma, cuestionando lo que crea que he de cuestionar, errando en ocasiones y, al final, formando parte de un totum revolutum. Eso sí, sin derecho a roce, salvo cuando me interese y con quien me interese. La vida es muy corta para compartirla con gente que no vale la pena.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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