Estrategias (de la administración educativa) para la mejora de la formación docente

Ya no es sólo el mediatizado hasta la saciedad MIR para profesores. Es el modelo de formación de la mayoría de administraciones educativas (léase Ministerio y Comunidades Autónomas) el que, más allá de satisfacer intereses muy alejados de las necesidades de aula, supone un auténtico despropósito. No creo que haya ningún docente que se niegue a mejorar su competencia digital, estrategias de aula o, simplemente, su conocimiento de la materia que imparte. Lo que sí hay es una falta de interés por parte de la administración en hacerlo y, en cambio, dedicar dinero y esfuerzos, a hacer lo imposible para que todo sea un auténtico despropósito.

Fuente: Desconocida

La mayoría de los que os pasáis por este blog o me seguís en Twitter sabéis que desde hace unos cursos trabajo en la Comunidad Valenciana. Ahora, por fin, con destino definitivo en un centro en el que quizás me acabe jubilando. No es relevante para comentar las estrategias que emplea mi administración para la formación de su profesorado pero seguro que algunas cosas os pueden sonar. La primera de ellas es, curiosamente, el aumento de plazas de asesores que se ha producido en los últimos años. Sí, actualmente hay casi trescientos asesores a jornada completa que, supuestamente, ayudan a los docentes de los centros y a sus equipos directivos a mejorar la formación docente y su repercusión en el aula. Imaginad si funcionan bien que, a día de hoy, el CEFIRE (o sea la asesoría) que gestiona mi centro no se ha dignado a enviar al asesor que nos corresponde para pedirnos opinión o, simplemente, preguntarnos qué necesitamos. Coño, incluso se atreven a colgar el teléfono cuando llamas para preguntar dudas sobre actividades formativas, proyectos europeos o, simplemente, pedir que se acerquen a vernos. Es que, por lo visto, y reconocido por ellos mismos… «acabamos de entrar y aún no tenemos ni idea de cómo hacer las cosas». Con un par. Eso sí, ahora se ponen a organizar el primer Congreso TIC y Educación. Para eso y todo lo que signifique salir en la foto o, para montar cursos de formación en pseudociencias sí que valen. Qué podemos esperar de centros de formación del profesorado que admiten como cursos de formación el cuidado de los bonsais. Y no, no estoy diciéndolo sin saber porque yo soy poseedor de ese certificado de veinte horas.

Que la formación docente no va a mejorar con un máster del profesorado algunos lo tenemos claro. El máster, como siempre he dicho, sirve sólo para que algunos hagan negocio y, curiosamente, se haga pagar un impuesto revolucionario a sus alumnos antes de entrar en docencia. No garantiza una mejor formación inicial del profesorado. Eso lo tengo claro. Al igual que un examen de desarrollo sobre un tema de setenta y dos no garantiza que entren los mejores. ¿No sería más lógico hacer un examen tipo test para demostrar conocimiento sobre todos los temas del temario (que debería actualizarse de una vez) y que dicha calificación se guarde? Por cierto, ¿qué tiene que ver un MIR como el que se plantea en el que los docentes van a cobrar de becarios con la mejora en su formación? No, no solucionamos nada con un MIR porque su planteamiento no tiene demasiado sentido en un contexto (el educativo) donde lo importante es el aula y el ejercicio. La experiencia, al igual que en todos los trabajos, es un grado. Y la formación se necesita en función de las necesidades que se van generando. Yo, por ejemplo, ahora tengo necesidad de formación en algunas cuestiones concretas muy relacionadas con los proyectos que llevo a cabo con mis alumnos. ¿Me la ofrece la administración? Pues va a ser que no. La subcontrata a Telefónica o me montan un MOOC de esos masivos y despersonalizados que sólo sirven para que algunas empresas hagan caja y, al final, yo sin poder mejorar mi praxis como no sea mediante la ayuda de otros compañeros, consulta en internet o autoformación. Hay qué joderse. Entonces, ¿para que sirve la formación docente? Ya, lo sé. La respuesta es obvia.

Ahora acabo de abrir las actividades formativas que se ofrecen en mi Comunidad. Varios cursos de un portal web que nadie utiliza, algún curso de Moodle e, incluso, algunos de pseudociencias impartidos por alguien que no tiene ni pajolera idea, según su currículum, de neurología. Eso sí, lo importante es potenciar eventos y fastos porque, si algo no llena líneas de los medios, parece que no exista. Y todo es mucho más sencillo que eso: preguntar, ofertar según necesidades y, por favor, dejarse de macroeventos de foto porque, al final, para lo único que sirven es para lavar la cara de un modelo formativo que no quiere mejorarse.

A propósito, en unas horas (hoy entro tarde) me enfrentaré con mis alumnos en un aula en la que, con suerte funciona internet, sin proyector y con unos equipos totalmente obsoletos, sin que la administración haya venido a instalar la nueva versión de su sistema operativo (pedido por activa y pasiva) y sin que, otro día más, se haya dignado el asesor que nos corresponde a hacer acto de presencia. Ciento veinte profesores dejados al albur de la iniciativa propia en cuanto a formación y mejora de su praxis docente. Una realidad amarga pero totalmente cierta y contrastable.

¿Os habéis dado cuenta que casi nunca critico a mis compañeros de aula? ¿Sabéis por qué? Pues porque ellos son los que están lidiando cada día con sus alumnos, procurando que aprendan, cometiendo o no errores y sintiéndose, por desgracia, abandonados por parte de la administración. Y aún así, intentan tirar para adelante a sus alumnos.

Conozco asesores que hacen bien su función pero, lamentablemente, este curso parece que en mi CEFIRE no hay ninguno de ellos :(
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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