Estrategias para asegurar que los docentes estén a disgusto

Voy a intentar dar la vuelta a un artículo que leí hace un tiempo, adaptándolo a la casuística educativa, que habla acerca de cuáles son las mejores estrategias para que un empleado abandone una empresa. Quizás, adaptando lo anterior, podemos descubrir esas estrategias que hacen que, demasiados docentes, estén a disgusto en un centro educativo. Estrategias que casi nunca tienen que ver con los alumnos y, en demasiadas ocasiones con sus directores y/o administración que les gestiona.

Fuente: http://www.ragan.com
Fuente: http://www.ragan.com

1. Tratar a todos los docentes de la misma manera. Sí, puede sonar muy bien pero después de años en las aulas y viendo la heterogeneidad (no sólo de praxis, también de personalidad) de docentes que hay en nuestras aulas, lo anterior se convierte en un error. No todos los docentes deben ser tratados igual. Hay algunos que necesitan más apoyo que otros. Hay algunos a los que se les da mejor unas cosas que otras y, como no podría ser de otra manera, considerar a la masa de docentes como algo homogéneo ni beneficia a la «empresa» (en este caso al centro educativo en el que recalan esos docentes) ni a los alumnos. Cada docente se merece un trato personalizado porque, por algo son primero personas y después, profesionales con diferentes praxis educativas (o actuaciones en el aula). Sí, la atención a la diversidad es una tarea pendiente de la administración y de muchos equipos directivos (que, lamentablemente, la usan de forma errónea).

2. Tolerar la mediocridad. No, no debe tolerarse que haya docentes que, por diferentes motivos, parezca que jueguen en ligas diferentes. Para conseguir lo mejor para el centro educativo debemos ayudar a algunos docentes que están teniendo problemas en sus aulas y, como no, facilitar la vida a aquellos que lo estén haciendo bien. Tenemos grandes profesionales en las aulas y, lamentablemente, hay una política mediocre gestionada por mediocres. Una política que trasladada al aula es contraproducente.

3. Tener unas reglas «tontas». Prefiero mil veces no tener reglas que tener algunas reglas (léase reuniones o diferente tipo de burocracia) inútiles. Los docentes, en demasiadas ocasiones, se ven sometidos a reglas incongruentes que, lo único que hacen, es perjudicar a su trabajo. Y nunca debe olvidarse que el trabajo principal de un docente es gestionar el aula y educar a sus alumnos.

4. No reconocer beneficio de su trabajo ni su contribución a la mejora social. Sí, no hay recompensa inmediata en el trabajo de un docente pero si no ayudamos a que esos docentes que, día tras día dan lo mejor de ellos en el aula, se sientan recompensados (o vean como su trabajo sirve de algo) es problemático incentivar al colectivo. Lamentablemente, los resultados de un buen docente no son inmediatos y sólo se ven a largo plazo. Sí, los docentes también necesitan a alguien que, de vez en cuando, les dé alguna palmadita en la espalda diciendo que lo están haciendo bien.

5. No disfrutar (y hacer disfrutar) en el trabajo. ¿Dónde se ha dicho que trabajar tiene que ser algo serio? Divertirse en el trabajo es esencial. Y el trabajo de un docente puede ser muy divertido. Facilitar ese ambiente distendido ayuda a hacer mejor el trabajo.

6. No mantener a los docentes informados. Si ni la administración ni los equipos directivos mantienen a sus docentes informados, mal vamos. Este es uno de los problemas más habituales últimamente en demasiados centros educativos. Equipos directivos encerrados en sus búnkeres (sus despachos) que dan la información -si la dan- con cuentagotas. Un docente desinformado es imposible que rinda en condiciones. La transparencia total se hace imprescindible. Con transparencia no habría rumores. Rumores, en ocasiones, más peligrosos conforme va pasando el tiempo y nadie se encarga de refutarlos.

7. No evitar el tedio. No hay nada peor que un docente tedioso. Y el tedio no se cura con reuniones improductivas. El tedio se cura con actividades que permitan al docente sentirse útil en todo momento. Lo contrario es favorecer un desencanto y, como no, una desafección profesional.

8. No establecer un sistema de «premios». Sí, el docente necesita ser premiado por su trabajo. Más aún si lo está haciendo bien. El trabajo bien hecho debe valorarse individual y colectivamente. No, que haya un sistema de «premios» no exige que deba existir un sistema de «castigos» 🙂

9. No conocer las situaciones personales de los docentes. Los equipos directivos deben interesarse por la situación personal de los docentes que trabajan con ellos. La administración también debiera hacerlo pero, al ser un colectivo tan amplio es difícil. Lo triste es cuando los equipos directivos sólo se interesan por parte de los docentes. Sí, discriminar también es malo.

Una adaptación, seguro que muy chapucera, de un tema realmente imprescindible de abordar. Unas estrategias que, en demasiadas ocasiones se dan en los centros educativos, que lastran en gran medida las actuaciones de aula de unos docentes que, al igual que cualquier trabajador, necesita «cariño» de sus empleadores y, como no, de sus superiores. Algo que, en más ocasiones de las que se debiera, algunos se olvidan de hacer.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

7 Comments
  1. Me podrías dar ideas para solucionar estos problemas. Estoy en un equipo directivo y estoy totalmente de acuerdo contigo, pero no veo la manera y un modo justo de hacer dichas cosas.
    Gracias

  2. De todo lo que bien apuntas mejoraría nuestro trabajo, me conformo con que se eliminen trámites inútiles, como muchas veces son Claustros, evaluaciones y cocopes. asuntos que se pueden ventilar en un café o un hangouts breve te hacen perder la tarde. Un saludo.

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