Evaluación y transparencia profesional

camara-ip-wifiEstamos inmersos en un cambio legislativo que afecta, en gran medida, al sistema de evaluación de nuestros alumnos. Un sistema con más reválidas y trampas en forma de exámenes a superar para ir pasando de niveles. Un sistema cada vez más parecido a algunos videojuegos donde el protagonista se enfrenta a una serie de pruebas para ir superando nivel tras nivel. Un sistema que, por desgracia, cae en la evaluación repetitiva y masiva de uno de los actores del sistema más débiles. Una evaluación que, a pesar de poder ser cuestionada (por sus fondos y formas), tendría que ser extrapolable al docente. Un docente, en gran medida (incluso que quede poco «de colectivo» decirlo), responsable del futuro éxito o fracaso del alumno en el futuro desempeño de dichas tareas.

Quizás se está confundiendo a quien evaluar. Se evalúa al débil. Se somete a presiones, quizás, difíciles de soportar. Se evalúa, hablando claro y pronto, al alumno con independencia de su contexto personal. Un contexto dispar. Un contexto que marcará, también en parte, el resultado de dichas evaluaciones. Un contexto que los centros educativos pueden hacer poco por modificar.

¿Por qué no invertimos la evaluación? ¿Por qué no evaluamos a quien debe ser evaluado? ¿Por qué no nos dedicamos de una vez a evaluar al docente? Una evaluación continua, transparente y diaria. Una evaluación a realizar mediante diferentes pruebas objetivables. Un trabajo de aula que, como siempre he creído, debe ser cuestionado y analizado de forma permanente. No para castigar, más bien para ayudar. Evaluar, si se hace bien, no ha de tener connotaciones negativas. Evaluar, si se hace bien, es algo sano. Evaluar, si se hace bien, es algo que puede ayudar en gran medida a la mejora del sistema.

No creo que debamos evaluar las prácticas innovadoras. Ni tan sólo las herramientas que se lleguen a utilizar en el aula. Puede haber grandes proyectos, diseñados por excelentes profesionales que, una vez llevados a cabo, resulten ser un sonoro fracaso. Un fracaso que se esconde. Un fracaso que, bajo maravillosos proyectos y exposición de los mínimos casos de éxito, se venden al colectivo. Un fracaso que, bien gestionado, ayudaría a mejorar.

El otro día en la televisión hicieron un programa que hablaba sobre el sistema finlandés. Lo conducía un tal Jordi Évole. Gran profesional de inteligencia demostrada. Reconozco que no lo vi en su momento. Los modelos por imitación y esta fiebre por parecerse a Finlandia que tienen algunos me resulta cansina. Después recapacité. ¿Por qué no verlo? ¿Por qué no dedicar unos minutos de mi tiempo a ver un programa que tantos de mis compañeros analizaban en la sala de profesores?

Hubo algunas cuestiones que me llamaron la atención. Especialmente en referencia a los profesionales. A los docentes. Docentes que, según el programa, eran los de calificaciones más elevadas. Los más inteligentes eran los que entraban a las facultades de Educación. Una diferencia importante respecto a nuestro país. Una diferencia que haría que, asumiendo ese modelo finlandés que a algunos de mis compañeros les encantó, más del noventa por ciento de los docentes de nuestras aulas no hubieran llegado nunca a ellas.

Ahora tenemos una realidad. Unos docentes que, por suerte o por desgracia, van a ser los grandes responsables de la mejora educativa. Unos docentes que deben ser evaluados. Unos docentes que deben ser ayudados. Unos docentes que deben ser transparentes para la sociedad.

¿Cómo conseguimos lo anterior? Fácil. Poniendo cámaras en las aulas. Grabando el trabajo diario de todos los docentes de nuestro país. Emitiendo en abierto lo que sucede en las aulas de nuestro país. Algo no excesivamente caro que, seguramente, ayudaría a una mejora global del sistema. A una mejora de la praxis docente. A una mejora de las relaciones, tan tocadas en la actualidad, entre la sociedad y el propio colectivo.

¿Qué pasaría si un docente pudiera ver, más allá de los proyectos que venden diferentes profesores en pequeñas dosis, cómo están haciendo las clases sus compañeros? ¿Sería bueno ese aprendizaje? ¿Sería bueno ver otras estrategias? ¿Sería bueno ver maneras de hacerlo mejor?

¿Qué pasaría si los padres vieran lo que está pasando dentro del aula? ¿Mejoraría el comportamiento del alumnado? ¿Mejorarían las relaciones de los docentes con los padres? ¿Mejoraría el espíritu colaborativo entre los dos grandes actores que tienen que ir de la mano para la mejora educativa?

Abrir el aula significa mejora. Utilizar las nuevas herramientas para publicitar lo que se hace en el aula, integrar a los padres en el aula y, permitir evaluaciones diarias de los docentes sería un gran acierto. Quizás, al principio, la presión de ser grabados, haría que las clases no fueran «naturales». Al cabo de un tiempo, esa sensación se diluiría.

Una propuesta directa de transparencia. Una propuesta constructiva de mejora. Una propuesta que, lamentablemente, muchos de los implicados en la misma no verían a priori con buenos ojos, pero que puede llegar a ser una buena propuesta de futuro.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

8 Comments
    1. En ningún momento se comenta que no deba evaluarse a los alumnos. Los alumnos son evaluados (y más van a serlo con las nuevas pruebas) continuamente por parte de sus docentes. La cuestión es cómo hacer más transparente el aula e intentar mejorar las praxis docentes, ya que el colectivo docente es un colectivo poco y mal evaluado (cuando se produce dicha evaluación).

  1. Estoy totalmente de acuerdo con tu comentario, y es más, la mejora de la educación no vendrá de la mejora de su financiación, ni siquiera empeorará por los recortes, sino que está directamente relacionada con ideas como las que propones. Lamentablemente los docentes, que nos pasamos el dia evaluando, no queremos ser evaluados.
    La primera medida, que se puede llevar a cabo mañana, es que cada cada docente conozcamos la opinión de nuestros propios alumnos, por ejemplo en el postobligatorio. Y esto es posible sencillamente con un formulario Google docs.

  2. Hola.

    La idea de la cámara en el aula no sería más que una «optimización» mediante tecnología de una característica de funcionamiento que ya posee el sistema finlandés: que la impartición docente en el aula sea pública; cualquier padre puede asistir y ver como se desarrolla la actividad en el aula.

    Buen día.

  3. A priori estoy a favor de la evaluación de los profesores. En la práctica me opondré a que me evalúe alguien que sepa menos de educación y de mi materia que yo. Ahora mira a los inspectores que tenemos…
    También me opondré a que me evalúen sobre items no públicos que no se correspondan con nuestro trabajo y obligaciones, ya que incluso en nuestras clases de secundaria solemos comentar la programación y los criterios de evaluación la 1ª semana de clase, además de al comienzo de cada evaluación y unidad. Ahí tenemos un problema, pues ¿en qué BOE (o DOG, en Galicia) aparecen recogidas las funciones específicas de un profesor?

  4. no podemos acabar con la privacidad de nadie, que pereza que lo esten vigilando con una camara, si se saca los mocos o no, me parece una idea absurda¡¡¡

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