Experto en Flipped Classroom

No discuto de la necesidad que tienen las Universidades en ofrecer titulaciones variopintas para financiarse. Tampoco discuto que, como modelos de negocio, los negocios privados relacionados con la educación, deban sacar el máximo jugo posible a las posibilidades que les ofrece la posibilidad de expedir titulaciones a tutiplén pero… Sí, todo tiene un pero y, el convertir un curso de formación en una titulación universitaria para, con ello, conseguir un fantástico lucro para las arcas de un modelo universitario que debe diversificar su oferta para conseguir captar al máximo de clientes, es algo que debería, como mínimo, cuestionarse en profundidad.

Cuando algunos pensábamos que ya era imposible superar al conocido título de «Experto en inteligencias múltiples» que ofrece la UNIR, vemos que ha vuelto a saltar a la palestra con el postgrado titulado «Experto en Flipped Classroom«. Para flipar. Bueno, no, más bien para seguir cuestionando el interés que subyace tras las modas educativas y que, tal y como estamos constatando, se está vislumbrando conforme pasa el tiempo. ¿Por qué os pensáis que es necesario estandarizar las nuevas prácticas educativas? Prácticas que, curiosamente, llevan décadas haciéndose en otro formato y que, por desgracia, acaban convirtiéndose en un calco de esas prácticas que, curiosamente, tanto se critican por parte de los mismos que juegan con las mismas. Contradictorio, no, lo siguiente.

Fuente: ShutterStock
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Me la trae al pairo que haya docentes que caigan en la tentación de matricularse en un curso, por cierto bastante caro, para supuestamente aprender como dar la vuelta a la clase. No me preocupa que haya personas que nunca han dado clase en un centro de Primaria o de Secundaria que, de forma teórica, fabulen acerca de modas educativas o estilos de aprendizaje variopintos. Y sí, si vamos más lejos, sigue sin ser de mi incumbencia dónde destinan el sueldo mis compañeros o futuros compañeros. Lo que sí que me preocupa es que, a veces, a uno le da la sensación que hay intereses que, día sí, día también, se demuestran muy alejados de los intereses de los alumnos y que, por desgracia, se están empezando a aplicar de forma indiscriminada en algunos centros educativos o por parte de algunos docentes. Prácticas que necesitan un nuevo modelo de evaluación alejado del actual para confirmar que funciona el mismo. Sí, lo de buscar un método de evaluación que permita que puedas validar una determinada práctica educativa se las trae. Más aún cuando, para hacerlo, se demuestra que lo único que permite avalar dicha praxis es el cambio de ese modelo de evaluación. Curioso, ¿no?

La verdad es que nadie me puede discutir a estas alturas de la película que, más allá de ilusiones de muchos en hacer bien las cosas, la mediatización de determinadas prácticas educativas (¿por qué esas y no otras?) tiene mucho de negocio y poco de interés en el alumnado. Eso sí, si queréis nos ponemos todos a decir qué bonito que es todo lo que se está haciendo, qué maravilloso es flipear una clase, convertirse en una comunidad de aprendizaje o establecer una red de escuelas fetén de la innovación educativa. Eso sí, lo único que pido es que, más allá de lo anterior y los intereses que pueden subyacer -y que subyacen- tras lo anterior, a algunos nos dejen trabajar. Trabajar con nuestros alumnos heterogéneos, con nuestros métodos nada estandarizados que se basan en la adaptación y, cómo no podría ser de otra manera, aprendiendo de las prácticas que comparten nuestros compañeros para, dentro de nuestras habilidades y posibilidades, intentar dar respuesta a la demanda de nuestros alumnos. Lo demás, sinceramente, lo dejo para otro tipo de juegos que no me interesan demasiado porque, lo que sí que tengo claro a estas alturas del cuento es que no hay prácticas innovadoras ni tradicionales, lo que hay son docentes buenos y malos cuya taxonomización tiene bien poco que ver con su capacidad de flipear su clase, trabajar por proyectos o atesorar, al peso, titulaciones universitarias u otro tipo de formación certificada.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Suscribo todas y cada una de tus palabras Jordi, no puedo estar más de acuerdo.
    Desde mi punto de vista como espero futuro docente, no llego a comprender esta «feria educativa». Digo yo que en cada aula, muy distintas unas de otras, y a cada alumno, cada cuál de su padre y de su madre, le vendrán mejor unas cosas u otras. No creo que intentar meter con calzador sistemas «revolucionarios» o prácticas determinadas sea dolución a la demanda de los alumnos. Como tampoco termino de entender a aquellos que se empeñan en decirles a los demás cómo deben dar sus clases.
    Cada docente, si es bueno, sabrá como debe actuar con su clase y qué es lo que necesita.
    Puestos a dar un «Master» mejor sería de «escuchar a los alumnos y hablar para escucharles», que con tanto invento y artificio al final se les vuelve a dejar al margen y vuelven a ser los alumnos los que tienen que adaptarse a un método para que funcione, en lugar de ser la metodología la que se adapte a ellos.
    Y vaya todo esto desde mi opinión personal, con el respeto de alguien que aún no ha podido desempeñar una labor docente en un aula.

    Un saludo Jordi.

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