Expertos en dar clase

Un buen docente no es aquel que innova siguiendo las reglas del mercado. Un buen docente es aquel que es experto en dar clase a un determinado grupo de alumnos y que, dentro de sus capacidades, está la de adaptación a ese medio y, cómo no, el encontrar las herramientas más adecuadas para esa función. Lo anterior no es algo baladí. Tiene -y especialmente en la época tan convulsa actual- una gran importancia. Importancia que, en la vorágine de la mal llamada innovación educativa, tiene mucho que ver con la posibilidad de que sus alumnos consigan, al menos en gran parte, ser capaces de sobrevivir en un contexto cada vez más injusto y, además, tengan la suficiente capacidad de intentar cambiarlo.

Fuente: ShutterStock
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Hay expertos en dar clase y hay expertos en dar conferencias desde un púlpito. Hay expertos en comprar aparatos y técnicas que les suministran las multinacionales, participar en concursos o acudir a determinados castings y, hay expertos en usar lo que tienen a su disposición para conseguir el aprendizaje de sus alumnos. La diferencia de ambos perfiles es clave para la mejora educativa. Lo que realmente importa es «dar clase». Innovar más o menos es algo que se hace habitualmente. Algo muy alejado de las innovaciones a la carta que nos están inundando hoy en día y que, por desgracia, tienen más reglas, que el monopoly. Y eso no es innovar, eso es enfocar el objetivo hacia el uso de aparatos o modelos que, o se hacen como ellos dicen, o no son tales. Sí, la religión educativa bajo el paraguas de mucha mediatización y grandes deidades de salón.

Ahora ir contra la corriente se ha convertido en cuestionar esas modas educativas que se convierten en el modus vivendi de más de uno. Ahora lo que se lleva es aplaudir hasta con las orejas -u orejones- a todos aquellos que, desde la superficialidad, venden productos de muy difícil uso en la mayoría de aulas. Descontextualizar paradigmas es harto complicado. Más aún considerar a esos paradigmas como tablas similares a las que, supuestamente, se entregaron a Moisés. Cuánto profeta sabiondo. Cuánto espíritu innovador. Cuánto groupie con el intelecto dañado al no ver más allá que un acto de tramoyismo en el que, misteriosamente, se obvian las sombras.

Lo fácil es seguir un sendero muy bien marcado por las multinacionales (sí, ya somos adultos para ver qué intereses subyacen tras algunas modas) que tienen sus representantes mediáticos. Si dichos representantes reducen, a unos minutos en unas charlas que aportan bien poco como las TED Talks o PechaKuchas (sí, esas veinte imágenes de un PowerPoint contadas en 20 segundos cada una), no hay posibilidad de error. El problema es cuando a alguien se le ocurre bucear en el fondo. Y en los fondos hay, en ocasiones, mucho fango mezclado con una economía de mercado que hace caja con cada una de esas innovaciones que se venden.

Es el momento del espectáculo. De las luces de neón que marcan determinados chiringuitos. De las baldosas amarillas que llevan, mediante un camino muy bien marcado y con amenazas constantes a quien se le ocurra salir de él, a unos objetivos muy poco educativos. El problema fundamental es que dicho camino está hecho con baldosas rotas y con pegotes de varios grosores. Un camino único que, por suerte, permite a algunos salirse de él y volver a la realidad del aula. Una realidad muy poco mediatizable, caótica y con unos objetivos que algunos están perdiendo.

He vuelto por muchos motivos. El principal es el considerar que no quiero ser dueño de mis silencios. Quiero ser esclavo de mis palabras. Y por eso y, para homenajear a alguien que ya no está al otro lado de la pantalla, estoy aquí.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Hola Jordi, Buenos días. Antes de nada decirte que siento que tu regreso( no se si sera temporal o permanente durante una larga temporada, ¡espero esto último!) sea debido a que una persona, a quien no solo tú, sino muchos apreciabais, aunque yo no le conocía. Por otro lado, sumarme a tu comentario sobre los docentes como expertos en dar clase, ya que opino que se nos pide de la sociedad, que ya que los padres parecen haberse dejado seducir por el «consumismo», seamos los profesores los que demos una «educación para el consumo», pero mal lo vamos a conseguir si nosotros mismos, en nuestro día a día laboral caemos en esa mismo contradicción, predicamos el consumo sostenible y ético por un lado, pero por el otro caemos en las garras del consumismo educativo.
    Reitero, mi condolencias a la comunidad que vela por el mundo educativo, por esa perdida, y mi agradecimiento por tu regreso, sea temporal (siempre es mejor que que no vuelvas) o no.

  2. Algo que se soporta difícilmente de muchos de los llamados «innovadores»es su dogmatismo al considerar la innovación (que tantas veces no es innovación ) como un fin en sí y no como un instrumento. Es por eso que se resisten a la rendición de cuentas. Los profesores pragmáticos y eclécticos solemos ver esas innovaciones como instrumentos y las utilizamos o no cuando creemos que es oprtuno.

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