Facebook en la ESO

A veces es interesante intentar exponer situaciones encontradas a lo largo del desarrollo de la profesión de uno. En este caso referido a un experimento que realicé con mis cursos de este año (primeros, segundos y cuartos de ESO) para descubrir un poco cómo se movían por las redes sociales.

En primer lugar me gustaría adelantar que la primera sorpresa que me llevé fue cuando pregunté, como quien no quiere la cosa, cuántos de ellos tenían Facebook. Puse Facebook porque sabía que había muchos menores que habían migrado de Tuenti a esta plataforma y quería conocer de primera mano la cantidad de usuarios adolescentes que lo estaban utilizando.

Empiezo por cuarto de ESO y no me llevo demasiadas sorpresas respecto a lo que me esperaba. Cerca de un 90% de la clase con cuenta en Facebook. Prácticamente en su totalidad accediendo de forma diaria a la plataforma. No hay problema. Son alumnos mayores legalmente para crearse una cuenta en la plataforma (más de 14 años) y se trata de una plataforma muy conocida para juegos e intercambio de información entre los amigos.

El problema viene cuando hago la misma pregunta en primero de ESO (alumnos que, un par, ni tan sólo llegan a 12 años). Más del 80% con cuenta en Facebook. Una cuenta que, revisando su creación, más del 60% de los anteriores tienen desde hace más de un año. Datos estadísticos que he anotado en una hoja de papel mientras iba haciendo el estudio los diez minutos que dejo al final de la clase para que pregunten y explicarles algunas cosas relacionadas con las nuevas tecnologías. Cosillas que no están en el currículum pero considero que les pueden ser de interés.

Con segundos de ESO no me llevo sorpresas. Unos porcentajes similares a los de los cursos anteriormente mencionados. En este caso más cerca del 90 que del 80% con unas tasas de acceso y períodos de permanencia similares a los anteriores. La mayoría de ellos (al igual que en los casos anteriores) sin el control parental a la hora de acceder a dicha red social.

Por tanto, a primera vista mucha gente con “registros ilegales”. Falsificando su edad para poder acceder al servicio. Una edad que nadie se encarga de contrastar. Una edad demasiado fácil de falsificar. Algo que en la plataforma tendrían que tener en cuenta.

Pero más allá de lo anterior prefiero ahondar en el problema real. Un problema que va más allá del acceso en edades no permitidas o de su uso masivo. El problema de la falta de privacidad. Una privacidad que tienen, en su mayor parte, protegida en lo que hace referencia a sus fotografías pero demasiado descuidada en otros datos sensibles. Datos que, mal utilizados, pueden darles varios sustos.

Lo primero que resulta curioso es la gran cantidad de chavales que han contestado a determinadas baterías de preguntas.  Cuestiones que se publican “en abierto” en su cronología donde se pueden ver algunos datos realmente sorprendentes (edad, curso, ideología política, si van a fiestas, si beben, si fuman, si tienen relaciones, etc.). Algo que debería ser preocupante para los padres y que los chavales escampan a los cuatro vientos.

Eso cuando no aparece alguno que dice dónde va y con quién. Curioso también que permita ver todos sus amigos. Si quien visualiza sus perfiles va con malas intenciones y conoce su edad puede acceder a los datos de todos sus compañeros (que, seguramente, serán de su misma edad).

También podríamos hablar de la permisividad de ver los perfiles los amigos de sus amigos, el aceptar a desconocidos habitualmente (les interesa tener un gran número de “amigos” incluso que no les conozcan de nada) y otras prácticas peligrosas.

No creo que la solución pase por prohibir el uso de redes sociales. Son redes de uso masivo. Se trata de enseñar a los chavales la manera de utilizarlas de forma segura. Algo que, a la vista que las únicas charlas que reciben sobre el tema es por parte de la policía de turno sobre los peligros de las redes, se encuentra a faltar en las aulas de nuestro país. Unas charlas que intentaré, dentro de mis posibilidades, intentar darlas un día no muy lejano.

Una reflexión en voz alta sobre un gran problema. Un problema más serio de lo que algunos quieren reconocer.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

4 Comments
  1. Creo que no podemos dejar atrás el cambio que están suponiendo las redes sociales en los menores de edad, y aprovecharlos (si hubiera dinero e interés por parte de los gobiernos… pero no lo hay). Hay profesores que han creado perfiles de clase en Facebook (es la red más flexible para ello, fuera blogs y otras -twitter…-) cerrados para que sólo puedan entrar los alumnos. Es una prolongación de la clase, sin que sea sólo eso. Y está funcionando. Las estadísticas son lo que son.

  2. Es curioso que en mi experiencia hasta hace bien poco los alumnos no utilizaban Facebook prácticamente hasta que salían del instituto, los que se ponían en contacto con la vida universitaria. Por lo que he podido deducir las causas eran varias: por un lado Facebook no está optimizado para llevar a cabo las dos cosas que hacen en tuenti, a saber, subir fotos y comentar en los muros de los demás; su interface les parecía complicada; el tuenti era la consecuencia directa del fotolog, metroflog y variaciones… Evidentemente no tengo más que impresiones acerca de la veracidad de mis conclusiones, en virtud de la observación de mis alumnos y también de las preguntas directas que les llevo haciendo estos últimos años.
    En cuanto a que estuviesen alfabetizados en seguridad y privacidad en la red, aunque opino como tú que tienen que tener acceso a esa información, probablemente desde los centros educativos, no puedo evitar ser escéptico ante la repercusión que tendría en sus costumbres. Veo la situación semejante a los malos hábitos en el tráfico rodado o en los estilos de vida: hay más factores que la mera consciencia de los propios actos.

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