Fauna en Twitter

Qué pereza ponerse a escribir después de haber chapoteado por la playa, disfrutado del aire que te envuelve y, por qué no decirlo, ver como lo mejor que existe se encuentra al margen de la profesión. Sí, lo de la profesión vocacional es un auténtico lastre. Más para aquellos que estamos hartos de no cobrar ningún septiembre porque nuestra administración educativa está formada por personajes que no saben hacer la o con un canuto o, simplemente, con ganas de abandonar una profesión que dignifica tanto como la docencia para algunos. Qué pereza por el uicornio azul. Qué pereza que te envíen chistes sobre docentes en determinados grupos de Whatsapp o ponerte a disertar acerca de qué color quieres el “puto” envase de Nesspresso (bueno, algunos compramos el compatible porque el presupuesto no nos llega). No hay ninguno que marque boom ni permita el fusilamiento indiscriminado del personal. No mola nada. Menos aún en una época convulsa donde lo importante es sacar el sable, enfundarlo o, simplemente, hacer el burro (lo siento por los pobres borricos).

Hoy quería escribir sobre metodologías. Y una mierda. Hoy quería publicar otro de esos artículos que no aportan nada, demuestran mi grado de cinismo y defienden los postulados de aquellos que dicen que estoy amargado. Pues sí, estoy cansado de la fauna docente de Twitter. ¿De toda? No, sólo de aquellos que automatizan el 90% de sus tuits, veneran a tipos que no han dado nunca clase o, simplemente, se creen mártires por el simple hecho de dedicarse a la profesión. Qué cansino el asunto. Cuánta fauna anclada en el pleistoceno. Entre tipos cuyo único atributo es saber decir cuántos seguidores tienen, cuántas veces se la tocan al día o, con suerte, republicar su post tropocientas veces, mezclándolo con noticias sesgadas y poco dadas a pisar callos…

Fuente: Twitter

Hay una fauna en Twitter que huele bastante mal. Más bien hiede. Hiede a venta de marca personal, a buscar negociete para largarse del aula o, en ocasiones, creerse en el punto más alto de la pirámide trófica. Sí, esa pirámide para la que no sirve un vídeo de mierda de tres minutos para describirla y obligar a que los alumnos lo vean en casa. No hay puntada sin hilo. No hay fauna sin murciélagos, serpientes o pulpos. Qué bueno que está a la brasa y servido en una fuente encima de patatitas. Empiezo a salibar. Y no por nada que me puedan vender algunos. Simplemente porque soy de instintos muy primarios.

Estos días estoy procediendo a hacer limpieza en Twitter y estoy descubriendo que muchos de aquellos que, curiosamente, son tan favorables a debatir, dejan de seguirte al segundo que les has hecho unfollow y te bloquean (lo he observado como experimento, porque ya sabéis que me la sudan los números en las redes sociales). Creo que tienen un problema porque, al final, su mundo se va a quedar demasiado pequeño y, cuando se hayan ido las ovejitas buscando un nuevo pastor sólo van a quedar lobos para competir por la última oveja que, por no sé sabe qué problema, sigue estando en el cercado. Más aún cuando la puerta (en este caso Twitter) jamás ha estado cerrada.

Un abrazo y a disfrutar de este puente los que lo tengáis, el puente del doce y trece el que lo disfrutéis y, a evangelizar los que tengáis ganas. Yo tengo los dos puentes y, sinceramente, debo ser muy mal profesional porque me mola no trabajar.

Por cierto, ¿os habéis dado cuenta que están apareciendo muchos perfiles anónimos en Twitter relacionados con la docencia que dan la sensación de ser sólo la estrategia de algunas empresas en hacer mercadotecnia?
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Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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