Feliz

Soy feliz. No hay motivos para que no lo sea. Uno no es feliz por tener más dinero, más seguidores en las redes sociales o, simplemente, tener un cargo más importante. Uno es feliz pudiendo llegar a final de mes, hacer algún extra, estando bien de salud y, cómo no, teniendo una fantástica familia a su alrededor.

Fuente: ShutterStock

También añado al pack el trabajar en algo que le guste a uno. Ya si eso matizamos la posibilidad de no trabajar en caso de no tener necesidad pero, al menos en mi caso como en la mayoría de mortales, no nos queda otra. Y me gusta mi trabajo. Hay días en los que, quizás las cosas se tuercen, pero tanto dar clase, como lo que estoy haciendo en los últimos tiempos, me gusta. ¿Podría vivir sin trabajar? Bueno, siempre he dicho que con «lo que llevo a cuestas» podría hacerlo pero, al final, la rutina de ir a trabajar me resulta interesante para no pensar en lo que puede pasarme. O en cuestiones que sé a ciencia cierta, por culpa de una maldita enfermedad recurrente, que volverán a pasarme. Por eso digo que soy feliz.

No me preocupa lo que digan algunos de mí. Me importa entre poco y nada que gente que no me conozca opine o se haga una idea acerca de cómo soy. Tampoco me sentaré con muchos de ellos a tomar horchata ni a mantener una charla con calma. No me interesan porque, al final, salvo para ahorros en psicólogo, son personas que van a tener una nula relevancia en mi vida. Tampoco me importa que haya una persona del equipo directivo donde tengo mi plaza definitiva, que se haya creado una cuenta en las redes sociales, destinada simplemente a controlar lo que digo e intentar herirme. La verdad es que después de conocer lo triste que es su vida personal, no puedo menos que entenderlo. Necesita desahogar su rabia. Lo mismo que aquellos que necesitan mantener su chiringuito cuando les cuestionas ciertas cosas. Os entiendo perfectamente. Sé que es muy duro haber de lidiar con la tristeza absoluta o necesitar vender vuestros productos. No me toméis a mal que, a veces, desde el cariño, cuestione vuestra visión educativa. Bueno, vuestra visión trincadora del asunto o basada en productos psicotrópicos. Pensad que lo hago por vuestro bien. O no, pero por ello no dejo de ser más o menos feliz.

En esta vida no hay nada más importante que ver crecer a tu hija, saber que tu familia está bien, que puedes llegar a fin de mes sin excesivos problemas (sin un euro pero, por suerte, se acaba llegando) y, que tienes gente fantástica con la que pasar buenos momentos. Si la salud me acompañara ya sería una felicidad completa. Gracias a los médicos, hoy puedo seguir escribiendo y contando cosas en este diario personal. Así pues, a disfrutar de las cosas porque de vida hay solo una. Toca exprimirla.

Ojalá todas las discusiones fueran tan poco serias como las que tenemos los docentes en Twitter. Lamentablemente, al final, hay mucho poso tras ciertas cosas y terceros que lo están pasando mal. Me gustaría pasaros parte de mi felicidad pero, por desgracia, no puedo. Lo que sí puedo desearos es que seais felices, deis importancia a lo que la tiene, no os comáis la cabeza con ciertas cosas y, en definitiva, intentad ser felices. O luchad para serlo porque, a veces, requiere un esfuerzo.

Ya habrá días para llorar. Disfrutemos de esos momentos felices…

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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