Finlandia, de cisne educativo a patito feo

Me ha llegado repetidamente por Twitter, un montón de veces en los últimos días vía mensajes directos. También son numerosos los correos y comunicaciones por otros medios en los que me comentan algunos con alegría que, por lo visto, la educación finlandesa es un modelo fracasado (fuente). Pues va a ser que, al igual que los que me vendieron hace un tiempo Finlandia como un modelo a imitar, tampoco voy a creérmelo. Estoy un poco harto de ver cambios de opiniones y oscilaciones tan absurdas acerca de lo maravilloso que puede ser algo y, al poco, cambiar completamente de opinión. Todo siempre resulta ser mucho más gris que los blancos o negros interesados.

Fuente: ShutterStock

Hace cerca de un año los más innovadores del lugar hablaban del nuevo modelo que pretendía implantar Finlandia, eliminando supuestamente las asignaturas, para incorporar el estudio de fenómenos de aprendizaje. Un modelo que algunos se empeñan en incorporar en nuestro país a sangre y fuego. Bueno, más bien a golpe de mediatización y golpe de talonario. No son solo algunas administraciones, hay un amplio abanico de organizaciones educativas y docentes que apoyan lo anterior. Hay qué joderse. La venta de un modelo único para gestionar la educación cuando todos los que trabajamos en el aula sabemos que no hay centros ni dos clases iguales. Al igual que, por suerte, tampoco hay dos alumnos iguales. Es por ello que cualquiera que pretenda modelizar el sistema educativo se equivoca. Más aún si juega con el copia y pega de modelos que, ni tienen nada que ver socialmente ni conocemos.

Hablando de conocer, ¿realmente alguien conoce el modelo finlandés salvo los propios docentes finlandeses? Bueno, tampoco los docentes finlandeses, al igual que los de aquí, conocemos nuestros modelo educativo porque es tan heterogéneo que se hace imposible extrapolar lo que uno ve. Imaginaos si nos guiamos por opiniones de terceros que han ido un par de semanas en un viajecito Erasmus+ a un centro donde les han vendido lo que sucede en esos maravillosos centros finlandeses. Que no cuela. Al igual que no tienen nada que ver las jornadas de puertas abiertas, los proyectos que algunos mediatizan o, simplemente, las versiones edulcoradas de algunos, con la realidad de lo que sucede en nuestros centros educativos. Eso sí, si uno quiere autoengañarse es libre de hacerlo.

Algo que sí que es importante del cuestionamiento del sistema educativo finlandés es que da con una clave realmente importante: el mejor aprendizaje para el alumno, de unas determinadas condiciones sociofamiliares, es la instrucción directa. Vamos a ser claros de una vez… todas las metainvestigaciones educativas serias hablan de ese tipo de enseñanza como el más efectivo. Y ahí entramos en un conflicto de intereses o visiones con algunos entre los que me encuentro. Bueno, yo me encuentro en esa visión divergente por mi asignatura (Tecnología) pero, reconozco que son muchos los que se han vendido a la necesidad imperiosa de una educación facilitadora y comprensiva. Pues va a ser que no. Menos aún si observamos qué sucede en nuestras aulas: alumnos que, con independencia de la metodología, consiguen éxitos educativos; otros que usemos la metodología que usemos, van a fracasar en los estudios y, finalmente, un tercer grupo de alumnos a los que puede ir bien un método u otro pero con demasiados sesgos para poder decidir la mejor estrategia. Y ahí está el problema de todo.

Si pretendemos mejorar la educación no debemos plegarnos a cantos de sirena. Cantos que antaño fueron interpretados por la Filarmónica de Helsinki y ahora, por lo visto, por la opereta de Lisboa o el grupo de voces blancas de Tallin. Ni aún menos por proyectos vendidos como un éxito en los medios o las redes sociales porque, curiosamente, siempre obvian los errores que se han cometido a lo largo de su aplicación, la cantidad de alumnos que han dejado detrás o, simplemente, los aprendizajes que se han obviado para conseguir que lo que están haciendo funcione.

En educación no hay soluciones milagrosas. Hay mucho trabajo y quizás la necesidad de cambiar algunas cosas que no acaban de funcionar del todo. Y no estoy refiriéndome a las formas de dar la clase. Me estoy refiriendo a la necesidad de reducir el currículum en etapas primeras del aprendizaje con objetivos claros, establecimiento de un sistema coordinado de trabajo entre los centros educativos y servicios sociales para intentar minimizar el lastre sociofamiliar con el que llegan algunos alumnos, eliminar los agrupamientos por edades fisiológicas y quizás, empezar a hablar de necesidades puntuales de centros educativos al margen del establecimiento de un «contexto macro» de gestión de los mismos porque, en no todos los centros educativos las necesidades son las mismas. Lo demás, ciencia ficción o relatos amables de una realidad que no existe porque, eso de pasar de cisne a patito feo de un día para otro es igual de falso que convertirse en cisne siendo un patito feo. Eso es solo un cuento para chiquillos.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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