Flippando con la neurociencia

En mi defensa diré que, por desgracia, tengo la costumbre de leer casi todo lo que llega a mis manos relacionado con la educación. Como ya he dicho en más de una ocasión, uno no debe leer solo lo que esté acorde con sus planteamientos educativos e ideológicos y, para formarse una visión más completa de la situación actual o de lo que se está hablando en temas educativos, debe abrirse a más lecturas. Incluso a aquellas que sabes que te van a ocasionar esa reacción, entre asombro, preocupación, ira y carcajada, como la que os voy a comentar a continuación. Sí, a estas horas aún sigo "flippando" con la neurociencia. Bueno, más bien alucinando en colores después de leer la siguiente entrada.

Fuente: ShutterStock

Supongo que los compañeros y personas interesadas en el mundo educativo que estáis siguiendo el concepto de neuroeducación, tendréis claro que, lamentablemente, aún existe un amplio valle de la muerte (lo que dicen neurocientíficos reputados) entre el estudio del cerebro y la posibilidad de trasladar alegremente esas certezas o hallazgos al aprendizaje de nuestros alumnos. Alguna cosa puede intuirse pero, de ahí a afirmar tajantemente ciertas cosas, va un largo camino. Además, lo único que hacen por ahora esos hallazgos es confirmar ciertas intuiciones que, cualquiera dedicado a la docencia, conforme va adquiriendo experiencia, van ratificándose. Pero no vayamos a la neurociencia y sí a determinadas afirmaciones, totalmente faltas de cualquier base científica o, simplemente, sentido común que se vierten en el maravilloso artículo publicado en ese panfleto defensor del Flipped Classroom como maná de todos los problemas educativos y, desde el cual uno puede comprarse certificaciones varias para ser el más "flippado" del lugar (entiéndase la ironía y el cariño del vocablo).

La verdad es que ya desde el primer párrafo sorprende...

Los niños, son seres humanos que aprenden. Nuestro cerebro aprende de una manera integral y holística. Aunque la neurociencia nos da los avances en el estudio del cerebro nosotros no aprendemos de manera fragmentada. Aprendemos porque somos una unidad psicofísica, social y espiritual. La dimensión afectiva de los niños hemos de trabajarla desde pequeñitos con base neurológica y con el desarrollo de hábitos que nos lleven a tener virtudes humanas, y en esto los avances de la neurociencia nos ayudan.

Los niños son seres humanos que aprenden. Bueno, sinceramente, me esperaba algo más pero vamos a darlo por bueno pero, lo del aprendizaje "porque somos una unidad psicofísica, social y espiritual" ya clama al cielo. Y nunca mejor dicho. Lo de incorporar el espíritu que, por cierto, no hay ningún estudio ni investigación en neurociencia que hable de ese mito religioso, ya dice mucho de la validez del artículo. Lo de "virtudes humanas" ya es algo que también se escapa de mi conocimiento porque, entre las virtudes, la fe y lo holístico, ya se huele que nos encontramos ante uno de esos artículos escritos que, además de ser totalmente una visión muy extraña de muchas cosas, se trata de algo simplemente tan surrealista como ponerte a leer algunos panfletos de esos sanadores que prometen que te quitan el mal de ojo. Y me inspiran mucha más confianza estos últimos.

En el MIT (instituto Tecnológico de Massachusetts), los alumnos están dejando de asistir a las clases porque han encontrado formas más eficientes de organizar su tiempo de estudio.

Por lo visto, en el MIT, han dejado algunos de ir a clase. No para irse al bar o con el novio/novia que se han echado. Simplemente, porque han encontrado una mejor manera de organizar su tiempo de estudio. Un detalle, ¿qué tiene que ver el tiempo de estudio con ir a clase? ¿Se ha leído la tasa de asistencia a los cursos del MIT de los matriculados? Hay una información fantástica en la página web que le recomiendo revisar. El enlace no lo pongo para que, con la gran capacidad que seguro tiene y su facilidad de googlear, pueda acceder a los mismos. Yo lo he hecho en poco más de diez minutos y he encontrado las tasas de asistencia del alumnado. Supongo que en la mitad de tiempo, con su capacidad holística e "invertida", puede llegar a obtener los resultados.

Un detalle sobre la información anterior para aclarar el tema. Jonathan Bergmann, uno de los dos gurús del Flipped Classroom, ha escrito lo mismo acerca del MIT. El problema es que él no es uno de los docentes del MIT y habla por interés. No olvidemos que tras el Flipped se encuentra mucho negocio piramidal que desde Estados Unidos están empezando a desenmascarar. Aquí, como siempre, llegamos tarde. Triste que un modelo (o más bien la estrategia de uso puntual de vídeos en el aula, se convierta en una religión y se manipulen ciertas cosas).

Ahora empezaré por las propuestas para mejorar el rendimiento académico y aprender más. ¿No habíamos quedado que el rendimiento académico no importaba en el aprendizaje? Bueno, otra de esas contradicciones de algunos que vamos a obviar.

Modificar el horario de las clases y poner las clases de Educación Física en primer lugar. Mejoran el bienestar de los alumnos, su capacidad atencional, memoria, concentración, motivación. Aspectos fundamentales para que se dé el aprendizaje. “Lo que es bueno para el corazón, es bueno para el cerebro”.

En primer lugar la medida no es factible por falta de recursos. Otro tema es la consideración de Educación Física como exclusivamente una actividad deportiva que se plantea. No, la Educación Física es mucho más que una simple actividad deportiva. Y eso lo sabe cualquiera que da clases en un centro educativo y ve a sus compañeros impartir la materia. Por suerte, la percepción de la asignatura ha ido cambiado con la existencia de grandísimos profesionales y desde la creación de INEF (título necesario para los profesores de E.F. en Secundaria). En esa asignatura entra nutrición, hábitos saludables y un largo etcétera que también va directo al cerebro. Muy innovadores algunos con la metodología y ni idea de lo que han cambiado algunas cosas. Sí, hoy ya no se da una pelota de fútbol a los niños y una a las niñas. Tampoco se centra la asignatura en la actividad física. Es algo mucho más completo y complejo.

Desarrolla habilidades socioemocionales cómo la autorregulación, empatía, autodeterminación, cooperación, tan importantes para crecer como persona y ser capaz de vivir en sociedad.

No sé cómo introducir el desarrollo de esas capacidades como la empatía porque, al final, lo de ser más o menos empático depende de muchos más factores que la propia práctica del docente. Un detalle sin importancia, la sociedad no es el aula. Claro que el aula es reflejo de la sociedad pero pretender que vivan en sociedad es un error. Lo que debemos pretender es que cambien la sociedad para mejor.

Cuando las tareas se presentan de manera lúdica o divertida, los alumnos se enfrentan a mayores retos, con mayor motivación o eficacia.

La hipermotivación no es positiva. Cualquier estudio psicológico medianamente serio lo confirma. Es muy positivo ofrecer retos a los alumnos pero, no siempre deben encapsularse en su faceta más lúdica porque, a veces, aprender no es divertido. Los retos y las situaciones que se pueden producir a lo largo del aprendizaje, en ocasiones pueden generar frustración y dificultades varias. No es malo. Es conveniente que el alumno se plantee que no todo en la vida es juego. La diversión no siempre es el objetivo último. Ni debe serlo.

Lo novedoso, la incertidumbre, la curiosidad y la expectación aumentan los niveles de dopamina, por tanto, favorecen la atención y el interés.

¿Queremos que los alumnos aprendan o, simplemente, que sean sometidos de forma continua a un espectáculo de variedades, que cambie para adaptarse a su necesidad de cada diez minutos de desaparecer esa sensación de novedad? ¿Hasta qué punto debemos priorizar el espectáculo frente al aprendizaje? ¿Aprenderán más si me disfrazo un día de Batman, al día siguiente de Scooby Doo o, al tercero voy en bañador tipo Vigilante de la Playa? Cada día no podemos ofrecer una sorpresa. Cada día no debemos ofrecer una sorpresa. A veces las rutinas también tienen su vertiente positiva. Más aún cuando, en muchos casos, la vida exige dedicar un tiempo a tareas repetitivas en las que, seguramente, habrá momentos de aburrimiento. Debemos ayudar a lidiar con ello y con la concentración que supone tener que hacer ciertas tareas. ¿Os imagináis a un médico que deja media reparación de aorta para ponerse con un aneurisma cerebral porque ya no le genera dopamina? No lo veo.

No sigo con las propuestas porque, al final, uno se cansa de leer ciertas cosas pero me gustaría acabar con algunos detalles muy jugosos del texto.

Cuando utilizamos el Modelo Pedagógico Flipped Learning y los aportes de la neurociencia, atendemos personalmente y mejor a cada uno de nuestros alumnos, por el hecho de ser seres humanos.

Ergo, los que no usan Flipped Classroom no creen que sus alumnos sean seres humanos ni les atienden personalmente. El típico mantra de los defensores de esta metodología que, por lo visto, siempre alega que los que no la usan son malos profesionales.

Y ya la guinda del pastel. Bueno, del despropósito.

Ya no me preparo una clase para 30 alumnos, sino me preparo la clase para cada uno de mis 30 alumnos, pero ellos se merecen todo lo mejor.

El curso pasado tenía un centenar largo de alumnos. Mi mujer tiene, creo recordar, más de ciento cincuenta. Preparar una tarea para cada uno de ellos, novedosa, lúdica y que permita atender en casa, mediante la visualización de un vídeo personalizado de la asignatura, es imposible. Quizás sea porque yo, al igual que mi mujer o los docentes que conozco, somos profesionales mediocres. Quizás por ello dudamos del Flipped Classroom, nos escudamos en denominarlo deberes y nos ponemos nerviosos cuando, personas con gran sapiencia como la que ha escrito el artículo que referencio, nos sacan los colores. Además, como es lógico, no les damos lo mejor a nuestros alumnos. Sin comentarios.

Y así nos va...

He puesto para ilustrar el artículo el mapa neuronal de una mosca de la fruta. No me lo tengáis en cuenta 😉

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6 comments

  1. Alfonso 11 enero, 2019 at 08:57 Responder

    El título de tu artículo, desde mi punto de vista, es desacertado, pues se da a entender que la neurociencia es en si un sainete. Y no lo es, “es cosa seria”. Eso sí, el contenido del mismo lo has “clavao”. Son los peligros de las lecturas entre líneas o de las lecturas de titulares, de mezclar churras con merinas, de querer traer el agua a mi molino o de querer vender una moto avalada por la neurociencia.

    • Jordi Martí 13 enero, 2019 at 17:41 Responder

      No, la neurociencia no es un sainete. Lo que sí es una broma de mal gusto es la manera que tienen algunos de hablar alegremente, mediante extractos copia y pega de un libro, de algo que desconocen. A día de hoy queda mucho por hacer antes de poder trasladar tan alegremente ciertas cosas al ámbito educativo. A eso me refería. El título, como todos, para que la gente “pique” 😉

      Un saludo.

  2. Álex 11 enero, 2019 at 09:41 Responder

    En la primera clase de Neurociencia (la de verdad, la que me enseñaron en la facultad de Psicología, no la edulcorada que se convierte en prefijo de algo, neuro-tal), lo primero que nos dijo la profesora es que es una disciplina monista, es decir, cuerpo y mente/alma/espíritu son una misma cosa, no hay separación. Vamos, lo contrario a la aproximación dualista de entender cerebro y alma como dos entidades separadas. Yo también he flippado con lo del espíritu. Buen análisis, enhorabuena.

  3. Víctor Ángel Suárez Álvarez 11 enero, 2019 at 13:08 Responder

    No se puede deducir que quien no aplica Flipped classroom no cree que sus alumnos no sean seres humanos a partir de la afirmación del texto tal y como la presentas, utilizando lógica, más bien parece una redundancia en un texto con algún error de redacción. En esa afirmación y la siguiente a mi lo que me preocupa es que se destila la idea de seres humanos desde un punto de vista individualista, lo cual se contradice en cierta medida con el intento de desarrollar “capacidades para vivir en sociedad”.
    Es decir, no pasa nada por atender a los alumnos de forma colectiva, no solo por falta de recursos, sino porque resulta que como seres humanos lo que si esta demostrado es que somos una especie bastante social cuyos individuos no sobreviven fuera del ambiente colectivo (lo de ermitaños y gente que se va lejos a vivir biológicamente no se corresponde con una definición de especie de vida mayormente solitaria, de igual manera que la formación de parejas en ciertas sociedades humanas no se corresponde con la definición biológica de especie monógama, por explicarme mejor). Y lo de atender ciertas individualidades en el aula se entiende (o se debería entender) como medidas para compensar o limitar problemas para desenvolverse en sociedad o para circunstancias puntuales. Precisamente la vida social genera algunos problemas de adaptación en algunos individuos, que a veces son negativos y otras muy positivos toda vez que estos individuos pueden catalizar una evolución social.
    Hay ideología en estas afirmaciones y algo ciencia para apoyarse, se utiliza la neurociencia para justificar la individualidad de ser humano porque hay corrientes ideológicas (políticas, económicas y sociales) que creen que la naturaleza humana es individualista en esencia, lo cual no tiene soporte con el conocimiento científico actual.

    • Jordi Martí 13 enero, 2019 at 17:44 Responder

      La deducción del artículo que comento/critico queda clara: los buenos docentes hacen flipped; los malos no atienden a las necesidades emocionales y espirituales de sus alumnos. Más allá de la necesidad de convivir (que no vivir) en una sociedad, el problema de ese individualismo es que parte de premisas erróneas.

      Neurociencia es algo científico de base sólida. Neuroeducación lo que usan algunos para trasladar a su realidad algo que no ha estado demostrado en base a estudios y extrapolaciones muy discutibles.

      Un saludo y gracias por comentar.

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