Formación docente a examen

Ahora que está tan de moda hacer un planteamiento reduccionista de la educación para convertirla en, poco menos que un lugar de evaluación permanente, sorprende que nadie se haya planteado la necesidad de examinar la formación docente. Sí, resulta curioso que en un modelo educativo a base de exámenes y promociones nadie se esté planteando examinar cómo está funcionando la formación que el profesorado realiza una vez dentro del cuerpo.

http://mestreacasa.gva.es
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No, no hay ningún tipo de evaluación de la formación del profesorado. Miles de horas de cursos de formación, miles de docentes dedicando múltiples horas de su tiempo a formarse y, en la actualidad, NADIE evaluando dicha afección en las aulas. No es culpa del profesorado, es culpa de la administración que oferta cursos de formación o jornadas educativas al margen de su posterior evaluación en las aulas. ¿A alguien le han evaluado alguna de los cientos de horas de formación que ha realizado en su vida profesional como docente? A mí, JAMÁS. Y hablando con muchos de mis compañeros descubro que mi caso es el habitual.

¿Alguien me puede explicar por qué un curso ofrecido de forma masiva sobre cierta herramienta o metodología que cursan cientos de docentes no se traslada posteriormente al aula? ¿Alguien me puede explicar por qué a un docente que haga un curso, pagado por el dinero de todos, no se le exige que traslade a su centro educativo el aprendizaje realizado? ¿Por qué después, pongamos por ejemplo, de realizar un curso sobre blogs educativos, nadie exige al docente que use un blog en su aula? ¿Por qué, más allá de la actividad final (en caso de haberla), nadie exige que el aprendizaje formativo recibido perdure a lo largo del tiempo? ¿Es necesario ese despilfarro en formación inútil? ¿A quién beneficia esa falta de evaluación de la formación? ¿Al docente que recibe esos cursos? Lo dudo.

Una cosa es que un docente, por desgracia y debido a la mala planificación/oferta formativa, tenga que acudir a formarse pagándoselo de su bolsillo. Otra cosa es que la administración ofrezca, de forma gratuita, la posibilidad de realizar determinados cursos de formación u otorgue permiso para faltar en horario laboral a determinadas jornadas educativas. En este caso debería ser obligatoria la evaluación del profesorado que realiza esos cursos o acude a esas jornadas porque si no, al final en lo que se convierte la formación es en un despropósito donde se va abocando, de forma indiscriminada, dinero de todos los ciudadanos. Un despilfarro económico que, por desgracia, repercute de forma negativa sobre toda la sociedad (y, especialmente sobre los docentes que, por desgracia, se ven obligados a seguir viendo como la oferta formativa cada vez es más reducida y de menor calidad).

No sé… el otro día mientras analizaba los cursos de formación de mi Comunidad me encuentro con que la mayoría de la formación a distancia ofertada se hace sobre Moodle, Mestre a Casa (la plataforma educativa que casi nadie usa pero sobre la que se ha formado a casi mil docentes) y, cómo no, la certificación de niveles de valenciano e inglés. Sinceramente, para ver una nula evaluación posterior del asunto me parece que todo el tema de la formación docente es algo que debería revisarse profundamente. Y la mejor revisión que podría hacerse sería instaurar la obligatoriedad de exportar los aprendizajes recibidos a las aulas mediante algún tipo de evaluación. En caso contrario seguiremos favoreciendo formación de calidad dudosa que, por desgracia, sirve para poco menos que nada.

Por cierto, hace algunos años hacía de formador del profesorado y, por desgracia, uno de los motivos que me hizo dejar de formar a mis compañeros fue la sensación de estar estafando al sistema al cobrar por hacer algo que, más allá de las horas que impartía, parecía no tener ningún tipo de repercusión posterior en las aulas.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

15 Comments
  1. Estimado Jordi, me gusta mucho tu artículo y desearía contestar a algunas preguntas que planteas, por supuesto desde mi punto de vista personal y subjetivo.
    La problemática es la de siempre, contratar con empresas que ofrecen cursos «enlatados» que no corresponden a las verdaderas necesidades educativas de los profesores.
    En el diseño de un curso online, a través de eLearning, para profesores, no están contemplando evaluaciones de lo que van aprendiendo los profesores porque simplemente les interesa que entiendan la teoría, crazo error y siempre con preguntas tipo test.
    En estos últimos tiempos he preparado cursos sobre competencias digitales para profesores, cada uno de los trabajos se evalúan, según la apliciación que hayan utilizado y su consiguiente
    utilización en clases, ningún trabajo o estudio se evalúa sino se entregan resultados convincentes.
    Es decir, utilizando el método constructivista. Esta manera de diseñar cursos puede resultar cara, dado que el profesor deberá realizar un seguimiento personalizado a los participantes, pero resulta que los cursos que deberían tener no más de 15 participantes o como mucho 100, que es lo que se ha acordiado con la Unesco. En caso contrario lo que se enseña es con metodología MOOC.
    Cuando se integra una herramienta educativa, se debe saber cuál es el objetivo y la necesidad.
    Realizar una evaluación de la misma de tipo
    – Sumativa
    -Formativa
    De esta manera vamos evaluando en todo el proceso formativo.
    No me extiendo más, pero son cosas que se pueden solucionar sino existieran intereses económicos, como en todo.
    Ahora estoy con el tema de Compliance educativo, muy interesante y que podría, a lo mejor ayudar a cambiar algo las cosas.
    Feliz semana.
    Julia

    1. Hola Julia,

      Tienes toda la razón en el planteamiento de cómo se deberían desarrollar los cursos de formación: alejamiento de «productos enlatados» (o sea, personalización de los mismos), grupos reducidos y evaluación sobre aprendizajes intermedios (cada cierto tiempo entregar determinadas tareas «con sentido»). Eso sí, creo que sería bueno, al finalizar el curso, que existiera la necesidad de evaluar para qué han servido todas esas horas de formación y, por desgracia, la única forma de hacerlo sería establecer pautas para evaluar qué parte de dicha formación se traslada a las aulas.

      Muchas gracias por tu gran aporte. Un saludo.

  2. Querido Jordi, agradezco como siempre el hacernos «desnaturalizar» algunas cuestiones.
    Respecto de la formación, el impacto que pueda tener sobre las prácticas siempre es relativo por muchos motivos. Puede ser por las propias características de la formación (que no haya resultado por ejemplo lo suficientemente orientadora para transformar la práctica) o a veces puede ser la impronta de la institución en la que trabajas. Está estudiado que para la docencia tiene mucho más impacto la práctica misma como «modelizadora» que la formación. Esto es que si en una institución se hacen las cosas de tal como, es difícil que se cambien las prácticas por efecto de la formación.
    Sin embargo lo que planteas debería ser una preocupación de las administraciones: el evaluar cuánto y cómo revierten las instancias de formación sobre las acciones concretas de los docentes. Si no se estudia y se reencausa la oferta formativa, los cambios realmente nunca llegan. Y como dices, alguien debería supervisar que exista algún correlato entre lo hecho y la realidad del aula: más, menos, como mero intento incluso.
    Pero finalmente también lo que has escrito nos lleva a pensar cómo a veces la capacitación docente se vuelve un negocio de certificaciones que una instancia de formación real. Sobre ese punto me parece que has traído algo de luz para replantear cómo sería necesario intervenir.
    Gracias!
    Un afectuoso saludo,
    Débor

    1. Desde el momento, como bien comentas, en que la formación docente da la sensación de haberse convertido en un negocio de certificaciones, cuesta mucho revertir la situación. Me da la sensación que la macroformación docente ha sustituido a la formación en contextos más reducidos para solucionar las necesidades reales de los docentes. Algo imprescindible si lo que se quiere es que dicha formación revierta en las aulas porque, ¿qué sentido tiene formarse en la herramienta X, Y o Z -por poner un ejemplo- si en tu centro no hay posibilidad de acceder a dichas herramientas? Algo falla.

      Un saludo de vuelta y gracias por pasarte por aquí Débora.

  3. No se evalúa la formación ni la práctica docente. Yo esto lo interpreto como indiferencia y desprecio por parte de la administración hacia los docentes. Este es el único trabajo en el que no me han evaluado.

    1. No es sólo el concepto de evaluar a posteriori la formación recibida, es ver cómo gran parte de la formación que se ofrece no tiene ningún sentido en determinados contextos. Quizás sería cuestión de formaciones más reducidas y adaptadas a los contextos porque, lo que sirve para un docente de un centro A, a lo mejor no sirve para un docente del centro B. Mucho hablar de personalizar aprendizajes y, por desgracia, a los docentes no nos toca lo anterior 🙁

      Gracias por comentar.

  4. Hola Jordi!!! Excelentes reflexiones, que comparto totalmente. En Argentina las cosas andan igual, con el agravante de que se ha formado una contracultura de la capacitación pivada que trafica certificaciones a cambio de dinerto, sin controlar siquiera que la formación se realice y menos, que se evalúe. Gran parte de las autoridades conocen esta situación pero se manifiestan impotentes para enfrentarla…mucho menos, entonces, resulta de la posibilidad de evaluar la aplicación de estos aprendizajes nuevos en el rendimiento de las aulas. Será por eso que los sindicatos docentes se oponen a considerar siquiera un salario diferencial para aquellos docentes que efectivamente mejoren el rendimiento en los aprendizajes de los estudiantes a su cargo? Quizá, toda vez que ellos también ofertan estos trayectos de formación….

    1. El tema de la formación docente, como bien comentas -y por lo que veo no es exclusivo de mi país- se ha convertido en un gran negocio. Un negocio dirigido por terceros y de nula afección en el aula. Eso sí, creo que mezclar necesidad de formar al docente en lo que necesite y vincular rendimiento de los alumnos (muy complejo y, a mi entender, poco válido en un modelo que debe alejarse completamente de cuestiones empresariales) al salario de los docentes me preocupa.

      Un saludo y muchísimas gracias por el comentarios.

  5. Hola Jordi: interesante tema el que planteas, gracias por estimular nuestra reflexión. Ahí va mi modestaa aportación:
    – La evaluación de la formación permanente del profesorado y de su repercusión en el aula es uno de los temas sobre el que los expertos en el tema vienen investigando y reflexionando desde hace muchos años, obteniendo algunas conclusiones de interés aunque sin llegar a encontrar «la solución definitiva». Esto me lleva a pensar que quizás la cuestión no es tan sencilla, y en consecuencia las soluciones tampoco sean tan fáciles como vigilar y obligar a que se traslade al aula, y en caso de que no se haga «castigar» al profesor/a correspondiente con el salario o con otros medios.

    – Aunque no se han encontrado una solución mágica y definitiva, como suele ocurrir con las cuestiones complejas, se sabe bastante al respecto. LA FORMACIÓN MÁS EFICAZ ES LA QUE SE HACE EN EL PROPIO CENTRO EDUCATIVO POR EL CONJUNTO DEL PROFESORADO DE DICHO CENTRO, siguiendo el esquema: ACCIÓN-REFLEXIÓN-ACCIÓN. Es decir el equipo de profesores de un centro analiza su práctica docente, detecta sus necesidades, carencias, limitaciones, etc., se forma en ellas con los apoyos externos que pueda necesitar (expertos, compañeros de otros centros que lo estén haciendo bien en esos aspectos, curso de formación presencial u on-line sobre las carencias detectadas, etc.), diseñan conjuntamente propuestas de mejora para intervenir en el aula, las llevan al aula, y vuelta a empezar con un proceso de reflexión conjunta sobre los resultados obtenidos. Es un proceso permanente que nunca termina y que de forma progresiva, sin grandes alaracas ni espectaculares Jornadas y Congresos inaugurados por las principales autoridades y con el consiguiente eco mediático, va mejorando lenta pero eficientemente la calidad de la educación de ese centro.

    – Por qué si esto ya se sabe nuestros queridos responsables educativos siguen invirtiendo en cursos de formación, últimamente sobre todo on-line, Jornadas y Congresos. Quizás les pasa como a aquél que vió una noche a un amigo en la calle buscando algo debajo de una farola y le preguntó: ¿qué buscas?, y este le contestó: una moneda, ¿y se te ha perdido aquí? le volvió a preguntar, a lo que su amigo le respondió: no pero como aquí hay luz.
    Un cordial saludo

    1. Sinceramente, si a esto lo llamas «modesta aportación» no puedo menos que tener ganas de leer alguna aportación menos modesta 🙂 Tienes mucha razón y, la verdad es que sin tener en cuenta contextos para ofrecer una formación determinada estamos abocados a comprar una formación que no sirve. Bueno, al menos no nos sirve a los docentes de aula ni, por desgracia, a los alumnos a los que formamos.

      Un saludo de vuelta y gracias por tu «modesta» aportación.

  6. Es tan facil como que el docente escoja los cursos que estén certificados dentro del sistema europeo de creditos ECVET. Aunque hay pocos centros de formación actualmente comprometidos con el marco europeo de cualificaciones

    1. No es cuestión de quién certifique los cursos de formación. Es cuestión de ofrecer una personalización del aprendizaje a cada docente. Algo que, por cierto, debería hacer la administración educativa y no empresas de terceros como la que enlazas en tu comentario 🙂

      Un saludo.

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