Generación iPhone

Esta semana han vuelto miles de adolescentes a sus aulas en los centros educativos respectivos a retomar sus estudios después de, una tan necesaria desconexión para unos y desgracia para otros. No todos los chavales hacen el mismo tipo de vacaciones, ni disponen del mismo tiempo de calidad de sus progenitores. He dicho de calidad que, por cierto, nada tiene que ver con cuestiones temporales del simple paso del tiempo.

Fuente: Facebook

Muchos de esos adolescentes han vuelto con un maravilloso iPhone, valorado como mínimo en más de quinientos euros (sí, los modelos más básicos de versiones antiguas), enseñándolo como el trofeo conseguido de sus padres. Hablo de padres porque, a estas alturas de la película, no hay ni uno solo en la ESO que no sepa quiénes son los Reyes Magos. Y si hay alguno, tampoco va a pasarse por este blog. Así que, me acojo al supuesto. Un móvil maravillosamente caro que muchos padres han comprado a plazos que, lamentablemente, dice mucho del modelo de familia actual. Un modelo en el que da la sensación que lo importante sea "comprar" a tus hijos. Un modelo que, curiosamente, es el mismo que critica al docente cuando pide gastarse veinte euros de material o se queja amargamente del precio de los libros de texto. Es que no es un iPhone que pueda demostrar poderío. Y el demostrar cuánto se tiene convenga que lo sepan los niños desde jóvenes.

No sé si estamos creando una generación de consentidos por desconocimiento o aposta. Sinceramente, entiendo que haya padres que compren una moto a sus hijos cuando suspenden tropocientas mil para ver si así se hostian y la espichan. Lo de irse a hacerse un tatuaje con tus hijas ya es algo que entiendo un poco menos. Ya lo de hacérselo de un grupo musical que va a ser absorbido por otro en breve, tampoco me cae en la cabeza. Bueno, menos aún lo de ponerse tetas a los dieciocho. Sí, conozco a una alumna a la que se lo regalaban si aprobaba el ciclo formativo. No, no son casos aislados. Lo raro empiezan a ser los padres consecuentes que, al final, el máximo regalo que dan/damos a nuestros hijos es un puzzle para hacer juntos, un libro para leerse mientras yo estoy leyendo el mío o, simplemente, un día para irnos a comer en un restaurante algo diferente (no estoy hablando de un Burger ni nada similar). Eso no se compra con dinero y, a veces, me da la sensación que algunos se consideran mejores padres por más dinero que invierten en "caprichos" de sus hijos.

La generación iPhone tiene un problema. Y el problema no es del iPhone. El problema fundamental es lo que transmite el hecho de regalar un producto, como he dicho anteriormente, muchas veces comprado a plazos por familias que económicamente no están bien, para ganarse el amor de los hijos. Tristemente el amor de los hijos se gana poniendo límites, no dándoles siempre lo que te piden y, lo que tengo muy claro, es que no va a ser mediante la billetera porque, al final, el dinero no lo paga todo. Menos aún el cariño ni la relación.

Perdonad mis reflexiones y mis comparaciones pero, al final, todo esto es lo que va a impedir que tengamos esa generación que tanto necesitamos. Y no va a ser culpa suya.

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En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.

2 comments

  1. Anónimo 9 enero, 2019 at 08:56 Responder

    Coincido plenamente. Este comportamiento es un indicador de la falta de criterio, de herramientas y habilidades educativas que existe en muchas familias. De alguna manera habla de cierto desistimiento de las familias en la educación de los hijos e hijas, promovido además por un clima social que sigue empujando al consumo y considerando que la felicidad -“Feliz Año Nuevo” – consiste en el acceso a determinados objetos.

    • Jordi Martí 9 enero, 2019 at 09:23 Responder

      Demasiadas familias están dejando la educación de sus hijos a terceros y, como bien dices, lastrado todo lo anterior por un consumismo desmedido. Al final, el problema es la generación que estamos dejando.

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