Hacia una escuela pública asistencial

Es curiosa la cantidad de artículos, normalmente escritos por inefables economistas (esos que siempre tienen la solución para los grandes problemas del país y, que ¿no? nos han llevado a la situación actual), que exponen las soluciones para una mejora educativa significativa en nuestro país. Una mejora que, tal como expresan en la mayoría de sus opiniones, pasa por la privatización del servicio y el abrir el mercado educativo (sin tapujos) a los inversores. Un mercado educativo que, por lo que se ve, supondría unos ingentes beneficios para unos modelos de negocio caducos que necesitan nutrirse de las subvenciones públicas y de falsas crisis educativas que ellos mismos se encargan de potenciar. No olvidemos nunca quién se halla detrás de los grandes lobbies educativos. Unos lobbies de los que cuesta mucho tirar del hilo para sacar la madeja. Unos lobbies que, si fueran publicitados los nombres de quienes hay detrás de los mismos, quizás nos llevaríamos una sorpresa. Una sorpresa que, a pesar de la tan inefable propuesta de ley para la transparencia, hace que sea prácticamente imposible llegar a esos grupos que gestionan las grandes líneas editoriales de libros de texto y las empresas que hay detrás de la mayoría de centros concertados. Unas empresas cuyo titular siempre es difícil de encontrar.

Esta mañana ha llegado a mis manos el artículo de Juan Ramón Rallo. Un artículo escrito por un economista, del cual no he conseguido hallar ninguna referencia a sus conocimientos educativos, en el que afirma textualmente lo siguiente:

Esta crisis, no sólo presupuestaria sino también de patrones de especialización productiva, constituye el mejor momento para revolucionar la educación devolviéndosela a alumnos, padres e inversores

Propugna abiertamente que los grupos inversores se apoderen de los últimos resquicios de la Educación pública. Bueno… siempre dejando de lado la educación asistencial. Aquella para los pobres e inmigrantes con pocos recursos. Aquella que no da dinero. Aquella cuyos padres se ven abocados a usar por no poder aún legislar para adoptar posturas esclavistas. Todo se andará.

Eso sí, el defensor de esta privatización colabora en un máster privado. Un máster, según él, maravilloso por las potencialidades y la calidad que ofrece. Es realmente extraño que lo suyo sea tan bueno. Sea una maravilla que, textualmente, «hace que uno sepa invertir con acierto y ganar mucho dinero«.

No puedo dejar de mencionar otras de las perlas de este artículo, como es la defensa a ultranza del homeschooling. Un homeschooling que considera muy tradicional (supongo que para aquellos campesinos de la postguerra cuyos hijos trabajaban en el campo con siete u ocho años). Una tradicionalidad que llevaba a tasas de analfabetismo superiores al 60% (siendo en el caso de las mujeres el porcentaje cercano al 100%). Un tradicionalismo que algunos añoran.

El espectro de experimentaciones, incluso de experimentaciones exitosas según el tipo de alumno, es muy amplio: desde regresar al muy tradicional método de la educación personalizada en casa (el homeschooling) hasta aprovechar internet para impartir clases y titulaciones online a grupos más amplios

Veo que Finlandia es sólo objetivo para lo que interesa. Nadie se plantea que Finlandia tiene una tasa de alumnado en la pública cercano al 90% (los centros privados son muy escasos y los conciertos educativos inexistentes). Nadie se plantea nada de Finlandia como no comulguen los datos con los intereses de quien redacta estos panfletos económicos.

No dudo de la necesidad de dotar de autonomía a los centros educativos, de poder mejorar los resultados académicos de nuestros alumnos mediante intervenciones en profundidad sobre el sistema, de una correcta formación del profesorado, de un control más riguroso de los centros públicos, etc. pero lo que no tolero es que un economista venga a darme lecciones educativas. Una Educación que, no olvidemos, deja de ser negocio cuando lo que se pretende con la misma es una mejora de la sociedad.

EDUENTERTAINMENT

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En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

5 Comments
  1. Lo que me resulta más descorazonador es trabajar en esa misma escuela pública que, poco a poco, están dejando en sus cimientos y encontrarme rodeado de compañeros ajenos a este problema.

    Cuando les manifiesto mi preocupación por el tema, me toman por un bicho raro, obsesionado con cositas como «los recortes», la «reforma educativa que nos quieren imponer», «el llevarnos a una escuela que no educa, sino que adiestra futuros trabajadores acrílicos»…

    Algunos compañeros/as me preguntan ¿y tú cómo sabes eso? A esta pregunta les hago yo la siguiente ¿no lees la prensa? ¿no te informas de lo que pasa? ¿no has leído el borrador de la LOMCE? ¿no lees a educadores de prestigio como Richard Gerver, Jurjo Torres, Santos Guerra…? ¿No lees blogs o revistas especializadas?

    Y ahí vienen las perlas del estilo: yo sí que veo el telediario por la noche, no tengo tiempo, prefiero no enterarme de nada, tú es que tienes mucho tiempo libre…

    Así que preocuparse por cosas así, se ve casi como un síntoma de alguna patología entre muchos compañeros.

    Cuando surge el tema en un Claustro, siempre está el que me dice «ya está otra vez el gafe, el pesimista…», «anda, no nos amargues el día».

    En fin, creo que si ni desde el mismo colectivo implicado en la cosa educativa y por parte de padres e instituciones no se toma tampoco plena conciencia de la problemática…es más fácil que la situación acabe dominada por los lobbies educativos, amparados por sus voceros mediáticos y con el beneplácito de un gobierno que no ha venido a defender lo público, muy al contrario, representa claramente intereses de esos mismos lobbies.

    Saludos y enhorabuena por tu agudeza Jordi.

    Juan

    1. Es curioso lo que comentas (y que, por cierto, veo observando en muchos de mis compañeros a lo largo de los años). Ese «pasotismo» sobre lo que está realmente sucediendo en el ámbito educativo y, que va mucho más lejos del simple hecho de los recortes económicos (o laborales) de sus trabajadores y de diferentes medidas para reducir el gasto por alumno en los centros públicos.

      No somos un sector diferente al privado. En el privado también son muchos los que, mientras no les toquen el salario u otras condiciones laborales, no les interesa lo más mínimo lo que pasara con la empresa (si la misma ha bajado de producción, si ha externalizado parte de la misma, si no hay los contratos de venta del producto que fabricaban que había hace un año, etc.). Y cuando les tocan el salario en lo único que piensan es en ponerse «en pie de guerra» para que eso que está pasando en la empresa no les afecte. No ven que la empresa es parte de ellos y ellos son parte de la misma. El momento de luchar y reivindicar es antes que suceda algo que les afecte personalmente. Es una lucha permanente y, a veces aunque no guste oírlo, codo con codo con el empresario.

      En el sector público pasa lo mismo. Casi nadie lucha por la empresa (en mi caso, la Escuela pública) a menos de que le toquen la cartera. Llevo casi quince años en esto y, a excepción de los últimos tiempos, muy pocos se han preocupado de decir en voz alta que las cosas no iban bien. La mayoría se aislaban en sus paredes y daban sus clases (de forma profesional, ya que eso es algo que no cuestiono). Más allá de eso… poco. Ahora todos enfundados en camisetas reivindicativas, defendiendo sus derechos como trabajadores. Unos derechos que se han de defender pero creo que se ha llegado mal y tarde. Mal, porque somos un colectivo cada vez más desunido y tarde, porque se está haciendo la lucha a hecho consumado.

      Hay un problema muy serio que va más allá del intento de conversión de la Escuela pública en centros asistenciales. Es un problema social que ha permitido que todo lo que está pasando se produzca. No olvidemos que, a día de hoy, aún son mayoría los de este país quienes defienden a capa y espada las decisiones que llevan tomándose en este país por el bipartidismo que existe desde que nos metieron en esta curiosa democracia.

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