¿Hay que cambiar la escuela tradicional?

Jugar a hablar de innovación educativa como contraposición a una escuela, denominada falsamente como escuela tradicional lleva, en demasiadas ocasiones, a errores de fondo. No ver que, en ocasiones, lo mal denominado tradicional es mucho más moderno que experimentos fallidos que, por motivos que se desconocen y alejados, en muchas ocasiones, de las necesidades de nuestros alumnos, están volviendo a repuntar en el contexto más mediático de la profesión, es algo que debería analizarse. Sí, afirmo tajantemente que muchas de las modas educativas que, supuestamente se oponen al modelo tradicional, son mucho más tradicionales y talibanistas que lo que pretenden desterrar. Y no, no lo digo yo, es algo que, para alguien que le apetezca sumergirse un poco en las hemerotecas o ser trasladado al pasado, se le demuestra fácilmente.

Fuente: ShutterStock
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No me vale decir que las tecnologías han posibilitado que prácticas educativas que se han demostrado ineficaces en otras épocas deban ser retomadas con ansia. No me vale introducir cada vez más conceptos esotéricos en las digresiones educativas. No, no compro una escuela donde lo importante sea hacer algo cara a la galería con independencia de las necesidades de nuestros alumnos. El fin último jamás debería ser vender, el fin último de la educación es ofrecer un servicio. Un servicio que permita a nuestros alumnos lidiar con la sociedad actual en las mejores condiciones posibles. No me vale el hablar de futuribles que, por desgracia, tienen más de tarotismo que de educación.

Cuando acudo a mi aula veo alumnos que, sinceramente, tampoco varían tanto respecto a cuando yo lo era. Podemos jugar a tergiversar nuestro pasado como alumnos y plantearnos que nosotros sí que aprendíamos o estábamos atentos. Y una mierda. Nosotros, al igual que los alumnos que ahora se encuentran delante de mí, tienen una capacidad de desconexión igual que la que tuvimos. Si incluso ahora, cuando ya nos hemos hecho mayores y acudimos a un curso de formación, en pocos minutos desconectamos. La capacidad de concentración no varía. Los inputs externos, quizás más visuales o vendidos en encapsulados tecnológicos, no ofrecen un cambio tan variable.

Uno piensa que por poner cacharros, trabajar con metodologías «modernas» y dedicar el triple de las horas que sus compañeros más «tradicionales» van a llevar al cambio educativo. Que nadie crea lo anterior. Trabajar más, preparar más actividades que permitan el disfrute del alumno y, pervertir el proceso de aprendizaje hacia ilusionismos mal entendidos, no lleva a mejores resultados. Y que conste que no estoy hablando en ningún momento de resultados académicos.

Hay docentes «innovadores» que son odiados por sus alumnos. Hay docentes «tradicionales» adorados por los mismos que odian al anterior. Usar un elemento u otro para dar clase tiene demasiada poca influencia en cómo van a aprender los chavales. El problema es querer vender como solución refritos metodológicos muy mediatizados. Más aún acusar a quienes no consiguen mejorar los resultados de su práctica educativa y los resultados de los alumnos con ese «nuevo» método de no hacerlo bien. Qué bonito es justificar una mala metodología derivando el error a quien la aplica. Qué bonito que queda en los papeles, jornadas y en cuatro vídeos promocionales la metodología X.

No creo que exista una escuela «tradicional» ni una «innovadora». Creo que existen centros que tienen un proyecto educativo serio y coherente, docentes que se adaptan a sus alumnos y, alumnos que, a su vez, se adaptan al contexto escolar. Más allá de lo anterior podemos publicar miles de líneas en blogs, realizar cientos de vídeos y colgarlos en Youtube o, conceder entrevistas a muchos medios de comunicación. El problema de lo anterior es que, lamentablemente, a lo único que estamos jugando es a vaqueros contra indios. Y, sabéis qué pasa… que al final sólo gana el que vende las figuritas de plástico.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

5 Comments
  1. Querido Jordi:
    Siempre digo que nada me gusta más de tu blog que la forma en que levantas polémica y mueves a pensar. Eso creo que es lo más necesario hoy para el sistema educativo. De hecho hace poco me preguntaron en Twitter por mi blog favorito y señalé el tuyo.
    Pero hoy voy a disentir en mucho con esta entrada y por múltiples razones, que perdonarás mi extensión al exponer.
    – La escuela tradicional es un concepto que estudiamos en Pedagogía y en Didáctica, que implica la configuración de un modelo de transmisión de información centrada en el docente, a donde el alumno se concibe como un un receptor de la información. Esto por supuesto es una versión hiper sintética de la definición de este enfoque.
    – Llevamos casi 70 años haciendo diversas críticas desde diferentes lugares a la enseñanza tradicional: todas han sumado en ampliar la mirada y muy pocas han logrado un impacto sobre la práctica real del aula.
    http://ined21.com/la-matriz-autoritaria-obstaculo-del-cambio-educativo/
    – En mi opinión, y justo lo manifesté en una entrada reciente que compartí en INED 21, la mayor dificultad radica en la matriz autoritaria que acompaña esa enseñanza tradicional. Y mientras no modifiquemos esto, no cambiará la educación. Para hacerlo hay que tocar la estructura organizacional de la escuela, que casi ningún gobierno se atreve a hacer.
    – No creo que se podemos unir este tema al de si los alumnos quieren más o menos a un profesor, porque son dos análisis en paralelo. Efectivamente ser «innovador» no va de la mano con que los alumnos te quieran o logren aprender más.
    – Nada de todo esto invalida para mí el valor de la innovación, pero hay que discutir de fondo a qué consideramos innovar. De hecho en tu blog y en el mío lo hemos hecho en reiteradas ocasiones, como por ejemplo aquí en donde coincido contigo que usar por usar tecnología no conduce a nada nuevo: https://pensarlaescuela.com/2015/10/07/innovar-en-el-aula-no-es-jugar-con-chiches-tecnologicos-o-inventar-palabras-extranas/
    – La innovación debe atacar necesariamente la matriz de la escuela tradicional, porque sino no es innovación. ¿Y por dónde va eso? Puede ser por muchos lados, pero si no toca la estructura de poder y conocimiento del aula nada cambia. Mientras el docente sea el centro del saber y no permita que otros conocimientos circulen, todo seguirá igual.
    – Veo «peligrosa» tu pregunta del título, porque muchos colegas esperan esta excusa para descartar toda esfuerzo mínimo por cambiar y mejorar algo de la enseñanza tras el «- ¿Has visto? Si hasta este blog crítico lo dice! Mas vale sigamos como estamos».
    Puedo coincidir en muchas de las críticas a lo que se llama innovación, de hecho las hago permanentemente. Aquí en Argentina por ejemplo hay una asociación entre el término «innovación» y derecha, tecnocracia, etc. que nos hace muy mal porque los «progres» terminan reivindicando fuertemente la enseñanza tradicional, enciclopedista y conservadora como la mejor.
    Siempre agradecida de que nos tires estas «bombas para pensar», disculpa nuevamente la extensión de esta reflexión que espero sirva para seguir analizando el tema desde otros lugares.
    Un gran abrazo,
    Débora

    1. Hola Débora, en primer lugar agradecerte la deferencia acerca de la consideración de este blog (que, por cierto, no se la merece) y, aún más, agradecerte todas las reflexiones que publicas en el tuyo (que, por cierto, ya ves que, a pesar de estar en el otro lado del charco, se parece mucho a la situación que tenemos aquí). Una vez realizado el agradecimiento pertinente y necesario vas a permitirme que responda a lo que planteas de una forma igual de organizada que la que lo haces…

      – La escuela «tradicional» no es siempre lo que nos venden desde los medios o que está escrito en libros teóricos que aburren al más pintado. La escuela no es «tradicional» o «innovadora». Hay prácticas y prácticas cuya consideración jamás puede extrapolarse a lo global. ¿Docencia centrada en el docente? No, siempre he dicho que lo importante de nuestra profesión es ofrecer un aprendizaje a los alumnos de la mejor manera que entendamos y, eso, en ocasiones, también va a depender del foco que pongamos en la misma. Mucho más del foco que de la consideración de escuela.
      – No sólo llevamos 70 años haciendo críticas. En algunos lugares se implantaron modelos pedagógicos de esa «innovación» actual (el ejemplo de Dewey en las escuelas de Nueva York o las escuelas libertarias -un concepto de mediados del siglo XIX- en Alemanía entre muchos otros) y fracasaron. No, ya hemos hecho experimentos y, por desgracia, los experimentos en educación son demasiado complejos e intervienen múltiples factores para ser extrapolables. Y sí, me preocupa que desde la teorización vendamos modelos que no pueden/deben aplicarse en las aulas porque, al final, olvidamos el objetivo básico de la educación.
      – La enseñanza «tradicional» no tiene porque llevar la connotación «autoritaria». Eso sí, como bien sabes, en esto del autoritarismo mal entendido, hay quien también se pasa de frenada. El sentido común y el término medio es algo que, no se sabe por qué motivo, no llega a implantarse.

      Finalmente no creo que sea peligrosa la pregunta que planteo porque, a mi entender, tiene igual validez la opinión de un docente que considere el método A como ideal que el que considere el método B. Eso sí, lo importante del docente es que sepa hacer ese refrito imprescindible que se adapte a su aula y a los recursos de los que dispone. Y eso un buen profesional lo tiene claro con independencia del juego de las taxonomías educativas 🙂

      Un fuerte abrazo de vuelta.

  2. Yo considero innovar hacer las cosas de otra manera, pero no por eso tenemos que desterrar la clase magistral, en ocasiones, puede ser productiva y adecuada. Pienso que hay que buscar una metodología híbrida, ser ecléctico y estar abierto a todo tipo de propuestas, luego seleccionar aquellas que mejor se adapten a tu contexto escolar y a tus alumnos. Una misma clase no funciona igual en cursos diferentes. Eso indica muchas cosas. Tampoco hemos de caer en la trampa de que las nuevas tecnologías y metodologías son la panacea de la educación, hay que ser cautos, hay muchos formadores que te lo venden de esta forma, y no es así. Hay que estar abierto a nuevas propuestas, a probar metodologías diferentes, pero siempre teniendo sentido común y teniendo muy presente el contexto en el que te mueves y los alumnos a los que das clase. Estoy a favor de un cambio educativo, pero desde el sentido común, no desde las modas. Hay casos de compañeros que utilizan la pizarra digital para proyectar el libro de texto, y ellos mismos se autodenominan «innovadores». ¡Por favor, sentido común!

    Un abrazo Jordi. Siempre haciendo pensar y diciendo verdades.

    1. Vale Esteban, compro innovar como hacer las cosas de otra manera pero, también sabes que hacer las cosas de otra manera no es garantía de éxito (al menos, por experiencia propia, se me ha demostrado empíricamente que no es así). Lo importante es buscar, como bien dices, una metodología híbrida, caótica y adaptable a las necesidades de nuestros alumnos. No hay dos aulas iguales y, por eso, no puede haber una metodología única. Conviene conocer todo lo que se está haciendo en educación pero, antes de dejarnos deslumbrar por algunos fuegos de artificio e ilusiones, plantearnos cuál es el sentido básico de la educación.

      Uno de vuelta. Y, en cuanto al tema de verdades es muy subjetivo. Más bien opiniones o, reflexiones en voz alta.

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