He escrito un libro, ¿y ahora qué?

Son muchos los correos electrónicos que, desde que escribí el primer libro, me han llegado acerca del modelo de publicación elegido, los porqués y, últimamente, de mis reticencias de publicar mi nuevo libro (y haber retirado el último) de lo que, al menos para mí, supone un gran burdel literario, como es Amazon. Resulta curioso que me lleguen más mails para preguntarme estas cosas que para decirme qué piensan de mis libros pero voy a intentar responder a lo que me preguntan en ellos. Y además voy a hacerlo en el blog, para así poder enlazar el post para cada vez que me lo pidan de nuevo. Es lo que se denomina economía del asunto.

Fuente: Fotolia CC

Hace menos de un mes he publicado mi segundo libro. Escribirlo ha sido, al igual que fue la redacción del primero, la parte más fácil. Bueno, más que fácil, agradable. Me encanta escribir y, sinceramente, tener la posibilidad de dotar de algo más de entidad a las reflexiones del blog, tanto en el primero como en el segundo, es algo en lo que me lo he pasado muy bien. Además este segundo ha tenido la habilidad de distraerme de mi recuperación después de una operación que, por desgracia, se me complicó. Espero poder en breve retormar la rutina. Y sí, como sabéis, entonces añoraré el no trabajar pero, cuando estás de baja y tienes la obligación de permanecer en casa porque no te acabas de encontrar del todo bien, la casa se te cae encima. Lo mismo que la necesidad de volver a tu vida habitual.

Pero no nos vayamos por las ramas y vamos a responder a aquellos que me dicen qué pueden hacer con ese libro que, o bien tienen en su procesador de textos o, simplemente, en determinados folios con más tachones que otra cosa. Sí, escribir genera tachones, rectificaciones y vueltas a empezar de forma continua. Por cierto, mejor no leerse más de un par de veces lo que uno escribe porque siempre va a encontrarle defectos. Eso me pasa a mí con los dos libros que he escrito. Si tuviera que volver a escribirlos ahora, quizás habría muchas coss que cambiaría. Especialmente en cuanto al redactado.

En primer lugar conviene delimitar el objetivo de qué queremos con el libro. ¿Queremos lectores? ¿Queremos ingresos? ¿Queremos ser reconocidos por el mismo? Pues debo deciros que, si sois docentes como yo, sin ningún medio ni altavoz mediático que os promocione el libro, más allá de unos amiguetes que lo hacen de forma desinteresada, la segunda pregunta tiene una respuesta imposible. No, escribir un libro no da dinero. No da dinero y no por la calidad (que puede ser mejor o peor). No da dinero porque los costes si uno quiere hacer las cosas bien y los ingresos que puede sacar, siempre van a ir a la par. Me estoy refiriendo a aquellos que escribimos por hobby. Otra cosa es que en algún momento pueda darse un «pelotazo» pero esto, al igual que algunos montan un canal en YouTube y lo petan, es harto complicado. Serían muchas casualidades y causalidades juntas. ¿Puede haberlas? Claro pero, sinceramente, si lo que pretendéis es ganar dinero… ¡no escribáis libros! Y eso os lo puede decir gente que sabe del negocio y que vive de ello. Ya no digamos si del hobby se pretende lo anterior. Harto complicado no, lo siguiente.

Lo de conseguir lectores también es complicado porque, al final, hay tanta saturación de libros acerca de temas educativos (estoy partiendo de la premisa de responder a docentes que me han preguntado acerca de libros relacionados con la profesión) que es difícil que se lean tantos. El tiempo de lectura es limitado y los lectores finitos. Vuelvo a la máxima de que no se trata de escribir mejor o peor; se trata de la reputación que a uno le han montado o uno se ha ganado porque, al final, lo que las personas leen es habitualmente en función de quién escribe y no acostumbra a darse oportunidades a quienes no tienen padrino o similares. ¿Qué puede saltar la sorpresa? Claro que sí pero no es habitual.

Mis libros han sido algo para uso propio que, claro que me gusta que se lean, pero más allá de lo anterior he pretendido sentirme bien con lo escrito. Aún así, como os he dicho antes, hay muchas cosas que cambiaría de ambos pero, a lo hecho pecho. Lo que sí que tenía claro es la necesidad de disponer de esos libros en formato papel. El formato digital, al igual que sucede con las fotografías, es mucho de acumular y poco de sentirse como algo propio. Y ahí entra una de las claves del asunto: el precio de pasar esas reflexiones, en formato digital, normalmente en procesador de textos, a un producto que permita pasar las páginas de una cierta calidad porque los docentes no somos maquetadores. Es que, hartos de quejarnos por activa y por pasiva del intrusismo profesional, algunos van a creerse que esto de maquetar el libro correctamente se hace solo leyendo tutoriales y viendo vídeos en YouTube. Otra cuestión es hacer una maquetación chapucera como la que he colgado de mi segundo libro en la plataforma desde la cual lo estoy vendiendo.

Vamos al coste. Por mucho que te lo hayan corregido amigas filólogas (como es mi caso) y haya pasado por otras manos que también le han echado un vistazo, un libro debe tener una corrección ortotipográfica en condiciones. Ya no hablo del contenido porque se nos dispararía el coste. Hablo de una simple corrección que, en los servicios más baratos que uno puede buscar por internet, salen por un euro cada página. Un libro promedio de 200 páginas, sin empezar a maquetarse en papel o digital, ya tiene un coste de 200 euros. Si sumamos la maquetación de ese libro, la adaptación/creación de una portada y tener disponibles unos 50 ejemplares para familia y amigos, ya nos vamos a los 700 euros. Publicar un libro cuesta dinero y sacar esa cantidad es harto complicada. Claro que existe el modelo de crowdfunding que algunos utilizan pero, al final, ¿qué es lo importante? Para mí, el control absoluto de mi libro y poder hacer con él lo que me dé la gana. Como si quiero regalarlo, como hice con el primero. O como, presumiblemente, voy a hacer en breve con el segundo.

Para suplir ese coste en papel hay varias opciones. La plataforma de crowdfunding (que podemos publicitar por las redes o contar con el apoyo de los amigos) o buscar alguna de esas empresas que venden productos digitales por internet. Hay varias. La elegida por mí tiene una ventaja importantísima: es gratuita y solo se queda con un porcentaje (del 8,5%+0,3 dólares) por compra/donación realizada sin ningún coste de suscripción mensual o anual. El primer libro fue por donaciones y el segundo bajo un precio tasado. Además aplica el IVA, con lo que ese precio se encarece en un 21%. Si se hacen las cosas, se hacen bien. A un precio de cuatro euros (o dos que es al que lo tengo ahora), ¿os imagináis la cantidad de descargas/compras para poder hacer la maquetación en papel? Pues sí, cerca de 300. Algo que no es nada fácil. Un detalle, el primero se lo han descargado, según los datos a momento de escribir este post, 15632 personas. Ni de coña esa cantidad de personas está dispuesto a comprarlo porque, además, bajarlo gratis y acumularlo como diógenes digital que es más de uno, mola. Ya si eso, leerlo va a ser que no. Según estimaciones, calculo que se lo habrán leído unas quinientas personas. Bueno, y eso porque cuento los ejemplares en papel que mandé imprimir.

Pero por qué no irme a Amazon. Pues porque el coste de maquetar por un experto o empresa dedicada a ello es inevitable y, además, sigue sin apetecerme ese modelo que, aunque llegue a todo el mundo, está totalmente desnaturalizado. Para eso me monto una parada en el mercado al lado de los calcetines, calzoncillos y bragas. Eso sí, reconozco que no querer pasar por Amazon me genera un hándicap importante: el tema versión en papel. Especialmente el tema costes y envíos de los libros.

Con el primer libro establecí, antes de colgarlo puntualmente en Amazon (de donde ya lo he retirado), una donación mínima a partir de la cual enviaría el libro en papel. Creo que lo puse a diez euros. Con el IVA del 21% (lamentablemente la plataforma no deja vender libros en papel y por eso aplica como si fueran ebooks -algo surrealista-), me encuentro con que los que lo compran, pagaban 12,10 euros. Ya sé que no es mucho pero quería ajustar al máximo el precio. Cada uno de los libros, en la imprenta más barata y fiable que encontré, me salía a 4 euros entregado en casa. A ese precio le debía sumar los 2,99 euros del envío y los 0,40 euros del sobre acolchado. Ya tenemos que, el coste para mí, era de 7,39 euros. Tenemos que descontar de esos 10 euros de coste por libro el 8,5% y los 0,25 euros que se quedaban en la plataforma. Ergo, 8,90 euros de ingreso por cada libro. Así pues, mi modelo mediante el cual me estaba forrando según algunos, tenía un beneficio por libro impreso de 1,50 euros por libro. Así que, haced números. O vendéis miles de ejemplares o, simplemente, os da para horchata. Y eso en el caso que no regaléis a amiguetes o perdáis algún envío.

Queda claro que editar un libro es un hobby. Que, al final, se acaba, como mucho, haciendo las paces. Que lo más bonito del asunto es el poder sentirte orgulloso cuando ves que lo lee tu familia y que lo tienes en la estantería de casa. Más allá de lo anterior, o bien sea para promocionarte o, simplemente, para sacar dinero, mejor dedicarse a otra cosa.

No os he hablado de la posibilidad de enviar vuestro manuscrito a una editorial o que, como me ha sucedido a mí con este último, te contacten para publicarlo porque, lo que sí que tenía claro (y que recomiendo) es que, al menos para el primer libro, tengáis todos los derechos de publicación. Algo que debe rubricarse con la obtención del ISBN de autor-editor que es algo realmente sencillo. Y tampoco no os he hablado de las maquetas que hay en internet para maquetar vuestro libro porque, aunque yo las haya usado para colgar mi libro en versión digital multiformato, si queréis un libro impreso en condiciones, sirven de muy poco.

Finalmente me gustaría deciros que a mí sí que me apetece, aunque sea por cariño hacia lo que he escrito, poder disponer de mi nuevo libro en papel y que, además de los «amiguetes» y familia, podáis tenerlo en ese formato los que lo queráis. El problema es que, por ahora, la única opción que se me ocurre para enviar a maquetar ese libro y no pillarme los dedos es ponerlo bajo donación, en la misma plataforma que ahora lo tengo para vender en formato digital, por 13 euros (con IVA del 21% porque la plataforma no me permite otra cosa, 15,73 euros por ejemplar. No lo tengo claro. Lo que sí que tengo claro es que, al final, lo de monetizar no me va porque, aunque me haya cambiado la caldera hace poco y vaya justo de dinero, creo que voy a poner el libro bajo el formato de «dona lo que te apetezca». Veremos…

Espero haberos respondido a los que me preguntáis sobre el tema. Ya veis que, como siempre, me acabo haciendo un lío. Al menos hoy no os he puesto el enlace de mi nuevo libro ;)
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Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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