Hoy me he levantado con ganas de comerme el mundo

Hoy me he levantado con ganas de evangelizar mi aula. Con unas ansias enormes de vincular conscientemente a mis alumnos mientras empodero la máquina del café. La verdad es que hoy me he dado cuenta que, al final, no flippear mi aula, centro y mundo, me está restando puntos para ser el mejor docente del mundo mundial. Bueno, ya si eso, de la galaxia conocida. Y por qué no de la desconocida. Que al final se trata de eso. De ser el mejor de los mejores. El que más portadas de los medios consiga. El que, al final, sea capaz de soltar palabrejas de nuevo cuño, de significado complejo, para que los simples mortales hagan la ola cada vez que se suelta alguna de ellas.

Fuente: ShutterStock

No tengo suficiente con vincularme o evangelizar. Tampoco con el tema vídeos. Voy a ir un paso más allá. Intentaré hacer mindfulness mientras, con el dedo del pie que no participa en el asunto, poner un Kahoot a mis alumnos. Ya si eso prescindo de los alumnos. Cómo voy a ser innovador si estoy dando clase. El primer paso para ser un docente innovador es largarse del aula. Bueno, eso siempre y cuando uno tenga un buen tipillo. Y eso, según mi mujer, lo tengo. Bueno, más bien no pero por qué no levantarse con ganas de mentir un poco mientras, entre trilemitas y trilemistas montamos una barbecue educativa. Coño, que hoy estoy eufórico. Eufórico al saber que voy a ser el puto amo de mi centro. Ni el tipo que mando tirar las bombas sobre Hiroshima y Nagashaki. Ese, un vulgar aficionadillo sin escrúpulos. Va a ser que los escrúpulos también voy a dejarlos en casa ya si eso. No será por falta de principios. Bueno, más bien por ausencia de ellos. Es lo que tiene madrugar y tener ganas de comerte el mundo, salir en las páginas de economía de alguno de esos panfletos autodenominados periódicos o, simplemente, que te llamen para explicar el empotramiento docente. Ya, lo sé. Empoderamiento pero es que esa mente calenturienta ante las maravillas que me esperan hoy hace que uno tenga la mente entre sucia y muy sucia. Bonismo en estado puro. Por cierto, ¿valdrá un plátano para jugar al visual zinkin? Es que el tema sandías no lo llevo muy bien y, a lo mejor no tengo tanta habilidad en el tema.

Cuando hay ganas, hay ganas. Cuando la necesidad de comerte el mundo o un bocata de jamón con pan a la catalana (¿tan difícil es denominarlo pa amb tumata?) es imperiosa no hay instinto que pueda frenarnos. Es lo que tiene la diarrea educativa. La necesidad de cagar en todo momento fantásticos vocablos, sentirte un mesías del chiringuito o, simplemente, ver por dónde se puede trincar algo. Lo sé. Debería sacarme el DECA y meterme a dar catequismo (o sea, poner pelis) pero, al final, es lo que tiene tener demasiado aprecio al conocimiento empírico y adorar al unicornio multicolor. Lo dejo para un nuevo levantar y renacer.

He renacido. Hoy voy a dejar mis pantagruélicos escrúpulos en casa y voy a montar un pitoste creativo de la hostia. Bueno, más bien de las dos hostias. De la hostia que me voy a pegar con la realidad de mi aula con los de segundo de ESO y de la hostia que, si en algún momento vuelvo a recuperar la neurona que tengo de vacaciones o me devuelven alguna de esas inteligencias múltiples que me robaron en mi época de alumno, me voy a dar contra la pared después de intentar aprovecharla para gamificar al alumno díscolo.

Lo hablamos al volver de mi jornada laboral por Twitter pero, es que hoy me he levantado con ganas de comerme el mundo. No me digáis que ninguno de vosotros, alguna vez, no se ha levantado así…

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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